Durante siglos, el amaranto fue un alimento básico en distintas culturas de Mesoamérica y los Andes. Hoy, este pseudocereal ancestral vuelve a la mesa alineado con las nuevas pautas de bienestar: más alimentos reales, más proteína vegetal, más fibra y menos ultraprocesados. Consumido en grano o en harina, destaca por su alto valor nutricional, ya que aporta proteínas completas, minerales como calcio, hierro y magnesio y, además, es naturalmente sin gluten, lo que lo convierte en una opción especialmente interesante para personas celíacas y para quienes siguen una dieta sin gluten sin renunciar a la calidad nutricional.
Este perfil ha llamado la atención de instituciones académicas como Harvard University, que incluye al amaranto entre los granos integrales y pseudocereales recomendados dentro de una alimentación saludable. Cultivado desde hace más de 4.000 años por civilizaciones como mayas, incas y aztecas, su regreso a la cocina actual conecta tradición y nutrición contemporánea.
Un perfil nutricional que explica su regreso a la cocina saludable
Lejos de ser una moda, el interés por el amaranto se apoya en una composición equilibrada. Su riqueza mineral contribuye a la salud ósea y muscular, mientras que los hidratos de carbono complejos favorecen una energía más estable. A ello se suma un alto contenido en fibra, clave para el tránsito intestinal y el equilibrio de la microbiota..
Estos son los 20 alimentos más saludables
En este contexto, la harina de amaranto se ha popularizado como alternativa a la harina de trigo porque concentra nutrientes y ofrece una textura versátil en masas, rebozados y elaboraciones de repostería; además, se destaca por aportar aproximadamente tres veces más fibra que la harina de trigo, lo que resulta muy interesante para enriquecer dietas que, en ocasiones, quedan cortas en fibra cuando se eliminan cereales con gluten.
Beneficios del amaranto para la salud
Consumido de forma regular dentro de una dieta equilibrada, el amaranto puede sumar beneficios claros, especialmente cuando se elige en preparaciones sencillas y combinadas con otros alimentos de calidad. Estos son los principales aportes asociados a su consumo:
- Fortalece huesos y dientes: su aporte de calcio, magnesio y fósforo ayuda a sostener la salud ósea y muscular, especialmente en etapas de mayor demanda nutricional.
- Proteínas completas y saciedad: contiene aminoácidos esenciales, favoreciendo la recuperación muscular y una sensación de saciedad más estable.
- Apoyo cardiovascular: aporta grasas poliinsaturadas y compuestos antioxidantes que encajan en un patrón alimentario orientado al cuidado del corazón.
- Mejor salud digestiva: su alto contenido en fibra favorece el tránsito intestinal y puede contribuir al equilibrio de la microbiota.
- Energía sostenida: los hidratos de carbono complejos ayudan a mantener energía gradual, útil para rendimiento físico y mental.
- Opción excepcional para celíacos: es naturalmente sin gluten y puede enriquecer una dieta sin gluten con nutrientes y fibra.
- Apoyo al sistema inmune: minerales como zinc y selenio participan en funciones defensivas y antioxidantes del organismo.
- Cuidado de piel y tejidos: contiene compuestos antioxidantes como el escualeno de origen vegetal, valorado por su efecto protector.
En la práctica, el amaranto se integra con facilidad: en grano puede cocinarse como si fuera arroz para ensaladas templadas, guisos o bowls; también puede consumirse inflado en yogures, frutas o mezclas de frutos secos. En harina, funciona bien en panes, galletas y bizcochos sin gluten —a menudo combinado con harina de arroz o maíz para ajustar textura— y también como espesante en sopas y salsas. Un formato especialmente agradecido es el porridge de amaranto: cocido en agua, leche o bebida vegetal y terminado con canela, fruta fresca y frutos secos, ofrece un desayuno saciante y nutritivo.
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