¿Comida de hombres y comida de mujeres? Así influyen los estereotipos en lo que comes

¿Comida de hombres y comida de mujeres? Así influyen los estereotipos en lo que comes
¿Existe la comida “para hombres” y “para mujeres”? Un estudio de la Universitat Politècnica de València revela cómo los estereotipos de género influyen en nuestra percepción de alimentos como la carne o la ensalada, más por cultura que por ciencia.
Comida hombres y mujeres
Comida hombres y mujeres
Sábado, Enero 24, 2026 - 10:00

Durante décadas, la carne ha estado simbólicamente ligada a la masculinidad. Basta pensar en el imaginario del asador, el chuletón o la parrilla como territorio masculino, reforzado incluso desde discursos oficiales, como la reciente pirámide nutricional promovida por la administración Trump, que aconseja el consumo habitual de carne roja.

Pero la pregunta es inevitable: ¿existe alguna base científica que justifique que ciertos alimentos sean “de hombres” o “de mujeres”?

La respuesta es más compleja, y mucho más cultural, de lo que parece.

Lo que dice la ciencia (y no la costumbre)

Un estudio realizado por la Universitat Politècnica de València, en colaboración con investigadores de España y Ecuador, analizó cómo los estereotipos de género y edad influyen en la percepción de los alimentos.

La conclusión es clara: no comemos solo con el paladar, sino también con ideas heredadas, construidas socialmente y reforzadas a lo largo del tiempo.

Según la investigación, determinados alimentos se asocian de forma sistemática a lo femenino, mientras que otros se perciben como masculinos. No por su valor nutricional real, sino por la carga simbólica que arrastran.

Ensalada para ellas, carne para ellos

El estudio revela que platos como ensaladas, frutas, yogures o preparaciones ligeras se vinculan mayoritariamente con lo femenino. Se asocian a conceptos como cuidado, control, estética o salud.

En cambio, la carne, especialmente la roja, los platos contundentes y las raciones abundantes se perciben como masculinos, ligados a fuerza, poder, saciedad y resistencia.

No se trata de elecciones individuales aisladas, sino de patrones sociales profundamente interiorizados, que influyen tanto en lo que pedimos en un restaurante como en lo que consideramos “apropiado” para cada género.

Edad, cuerpo y expectativas sociales

La investigación también señala que la edad juega un papel clave. A medida que envejecemos, se espera socialmente que cambiemos nuestra forma de comer: más ligero, más “saludable”, más controlado.

Estas expectativas se cruzan con el género, generando una doble presión, especialmente sobre las mujeres, a quienes se les exige un mayor control del cuerpo y de la alimentación.

Así, comer no es solo nutrirse: es un acto identitario, una forma de encajar, o no, en lo que se espera de nosotros.

¿Hay alimentos con género? La respuesta es no

Desde el punto de vista nutricional, no existe ningún alimento que sea intrínsecamente masculino o femenino. Las necesidades nutricionales pueden variar según edad, actividad física o estado de salud, pero no según el género de forma rígida.

Lo que sí existe es una construcción cultural del gusto, reforzada por la publicidad, la tradición, los discursos políticos y la representación mediática.

Comer sin etiquetas

Entender estos sesgos no implica juzgar, sino cuestionar.
¿Pedimos menos ensalada para no parecer “poco masculinos”?
¿Evitamos ciertos platos por miedo al qué dirán?
¿Condiciona el género nuestra relación con la comida más de lo que creemos?

La gastronomía, como el vino o el arte, debería ser un espacio de libertad.
Ni la carne hace más hombre, ni la ensalada hace más mujer.

Quizá ha llegado el momento de dejar que el plato hable por sí solo.
Sin etiquetas. Sin estereotipos.
Y con mucho más disfrute.

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