El invento que hizo posible beber vino: la historia del sacacorchos

El invento que hizo posible beber vino: la historia del sacacorchos
El sacacorchos nació por necesidad cuando el corcho se impuso como cierre del vino. Desde su patente en 1795 por Samuel Henshall hasta convertirse en objeto de diseño, este pequeño invento transformó para siempre el ritual de abrir y disfrutar una botella.
Sacacorchos
Sacacorchos
Martes, Enero 20, 2026 - 18:00

Abrir una botella de vino es hoy un gesto casi automático. Girar, tirar, servir. Sin embargo, detrás de ese pequeño objeto imprescindible se esconde una historia ligada al comercio, la técnica y la necesidad. 

El sacacorchos no nació por placer ni por sofisticación, sino como respuesta a un problema muy concreto: cómo acceder al vino cuando el corcho se convirtió en el cierre habitual de las botellas.

Hasta el siglo XVII, el vino no se almacenaba de forma generalizada en botellas de vidrio cerradas con corcho. Se consumía en barriles y se servía directamente. Cuando el vidrio empezó a producirse con mayor regularidad y el corcho se impuso como sistema de cierre, por su elasticidad y capacidad de sellado, apareció un nuevo inconveniente: el corcho sellaba bien, pero era difícil de extraer.

En los primeros intentos se recurrió a métodos improvisados: cuchillos, ganchos, punzones o instrumentos adaptados del ámbito militar. Muchos historiadores sitúan el origen del sacacorchos en una herramienta conocida como gusano, utilizada para limpiar los cañones de las armas de fuego, cuya forma espiral resultó eficaz para penetrar el corcho.

El primer sacacorchos documentado

El primer diseño reconocido oficialmente aparece a finales del siglo XVIII. En 1795, el clérigo y científico inglés Samuel Henshall patentó lo que se considera el primer sacacorchos moderno.

Su gran aportación fue un pequeño disco situado entre la espiral y el mango. Este elemento impedía que el tornillo siguiera girando dentro del corcho y facilitaba su extracción limpia, sin romperlo. Un detalle aparentemente menor que supuso un avance decisivo en la funcionalidad del utensilio.

Desde ese momento, el sacacorchos dejó de ser una herramienta improvisada para convertirse en un objeto diseñado con precisión.

¿Por qué se inventó realmente?

El sacacorchos nació por necesidad práctica, no por amor al vino. Su aparición está directamente relacionada con tres factores clave:

  • El auge del embotellado, que permitió conservar y transportar el vino durante más tiempo.
  • El uso del corcho natural como cierre eficaz, hermético y reutilizable.
  • El crecimiento del comercio de vinos y licores, especialmente en Inglaterra y Francia.

Sin una herramienta adecuada, abrir una botella era complicado, poco elegante y, en muchos casos, destructivo tanto para el corcho como para el contenido.

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De herramienta utilitaria a objeto de diseño

Durante el siglo XIX, el sacacorchos evolucionó rápidamente. Aparecieron distintos sistemas: de palanca, de doble apoyo, de alas, de campana, hasta llegar a modelos más sofisticados como el sacacorchos de camarero, hoy imprescindible en restauración.

Con el tiempo, dejó de ser solo funcional y pasó a convertirse en objeto de colección, símbolo de estatus y pieza de diseño. Existen museos dedicados exclusivamente a este utensilio y coleccionistas que atesoran miles de modelos distintos, reflejo de su importancia cultural.

Un invento humilde que cambió la forma de beber vino

Sin el sacacorchos, el ritual del vino sería muy distinto. No existiría la ceremonia de la apertura, ni el sonido del corcho al salir, ni ese instante previo al primer servicio. Lo que nació como una solución técnica acabó formando parte del imaginario cultural del vino.

Porque, a veces, los grandes cambios no llegan con gestos grandiosos, sino con pequeños inventos que resuelven problemas cotidianos.

Y la próxima vez que abras una botella, conviene recordarlo: el sacacorchos no se inventó para disfrutar del vino, sino para poder llegar a él.

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