La cocina bajo un mercado de Barcelona que está combatiendo la soledad

La cocina bajo un mercado de Barcelona que está combatiendo la soledad
En el sótano del Mercat de Sant Antoni, Barcelona esconde una cocina pública que va mucho más allá de la gastronomía. La Cuina Comunitària utiliza el acto de cocinar como herramienta para combatir la soledad, crear vínculos vecinales y fortalecer el tejido social del barrio.
La cocina bajo un mercado de Barcelona
La cocina bajo un mercado de Barcelona
Lunes, Enero 26, 2026 - 12:00

La gastronomía es mucho más que alimentarse. Es un acto social, un ritual compartido, una forma de comunicación. En el corazón del barrio de Sant Antoni, y más concretamente en el sótano de su emblemático mercado, esta idea cobra una dimensión nueva gracias a la Cuina Comunitària de Sant Antoni, un espacio donde ollas, fogones y mesas comunes funcionan como herramientas de cohesión social.

En apenas un año de vida, el proyecto ha demostrado que la cocina pública puede convertirse en un auténtico motor comunitario, capaz de unir generaciones, culturas y realidades diversas.

La Cuina Comunitària nació como una reivindicación ciudadana durante la remodelación del mercado. Hoy está gestionada por la Federació d’Entitats de Calàbria 66, que ha transformado este espacio perfectamente equipado, con encimeras, cocinas industriales y cámara frigorífica, en un punto de encuentro abierto, accesible y profundamente humano.

La técnica Carme Viñeta lo resume con una frase que preside el espacio: “La cocina es la excusa”.

Cocinar no para producir, sino para encontrarse

A diferencia de un obrador profesional o un centro cívico tradicional, el objetivo no es formar chefs ni producir alimentos en cantidad. Aquí, cocinar y comer funcionan como un lenguaje común y universal, tal y como explica Marc Folch, técnico de Calàbria 66.

El resultado es un mosaico de historias personales que se cruzan alrededor del picador y la mesa: vecinos mayores que rompen la soledad, recién llegados que practican el idioma, familias que comparten tiempo y personas que encuentran un espacio seguro para expresarse.

Más de cuarenta vecinos participan de forma habitual en las actividades.
Como Mari Carme, que descubrió el espacio en un taller de alimentación saludable para personas mayores.
O Flora Alba e Iliana, que encontraron en la cocina comunitaria un lugar para practicar catalán, hacer amistades tras mudarse a la ciudad y salir del aislamiento doméstico.

Incluso se han generado dinámicas de interacción intergeneracional y espacios de convivencia donde personas del Servei de Rehabilitació Comunitària comparten actividades con otros vecinos, rompiendo estigmas en torno a la salud mental.

Del aprovechamiento alimentario a la solidaridad vecinal

El corazón del proyecto late con fuerza en iniciativas que combinan gastronomía, sostenibilidad y acción social:

Cuina Oberta

Cada miércoles, jubilados y vecinos deciden y cocinan recetas de temporada de forma colectiva.

Aprofita’m

En colaboración con la ONG De Veí a Veí, se recuperan excedentes alimentarios de comercios del barrio para elaborar menús destinados a colectivos vulnerables, luchando contra el despilfarro alimentario y fomentando el voluntariado.

Cuinem Junts

Una actividad mensual para familias con niños que refuerza el relevo generacional y la transmisión de hábitos alimentarios saludables.

 La escuela cocina en el mercado

Proyectos educativos donde los alumnos compran directamente a los paradistas antes de cocinar, conectando alimentación, territorio y comercio local.

Una bibliococina con futuro

El impacto del proyecto es tan positivo que la Cuina Comunitària de Sant Antoni ya mira hacia adelante. Entre sus próximos retos están:

  • Crear nuevos espacios que fomenten la interculturalidad gastronómica, alejados del exotismo superficial.
  • Ampliar actividades familiares como Cuinem Junts.
  • Colaborar con los huertos urbanos del barrio, cerrando el círculo entre producción, cocina y comunidad.

En tiempos de individualismo y consumo acelerado, esta bibliococina demuestra que la gastronomía puede ser una herramienta poderosa para cuidar, conectar y reconstruir comunidad.

Porque, bajo el Mercat de Sant Antoni, la cocina no solo alimenta cuerpos: alimenta vínculos, identidad y barrio.

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