Pasan los años, el número de alternativas alimenticias existentes aumenta y progresivamente se vela más por añadir prácticas sostenibles. Un caso más es el de la dieta climariana, que se centra en priorizar alimentos con baja huella de carbono para combatir contra el cambio climático.
¿Qué es la 'dieta climariana'?
Según la Fundación del Español Urgente (Fundéu), esta palabra proviene del término anglosajón climatarian, por la que se refiere a aquellas personas que escogen su comida de acuerdo con el impacto que le provoca al planeta.
La selección de alimentos a la que se expone un consumidor climariano se entiende en función a la huella de carbono (medida que indica cuánto ensuciamos el aire con gases producidos por actividades de nuestra vida cotidiana) que tenga cada comida. Es decir, según los ‘climarianos’, hay que llevarse a casa los productos que menos perjudiquen al medioambiente.
Para llevar a cabo de una manera correcta este plan orgánico, conviene adquirir productos locales, ya que reducen el consumo energético producido en el transporte aéreo, que es el medio de transporte que más contamina.
Esto se explica por la fermentación entérica (flatulencias que emiten metano, un gas perjudicial) que tienen animales como la vaca o el cordero al alimentarse del pasto. Por ello, para el climariano es preferible consumir carnes como el pollo, el cerdo o el pescado (especialmente sostenible). Sin embargo, para esta dieta, tal vez lo más oportuno sea tomar como referencia una dieta vegana principalmente, dado que los derivados de los animales, por lo general, generan más gases, en especial la carne.
Alimentos esenciales para esta dieta sostenible
Lo que se recomienda consumir, sobre todo, son comidas basadas en vegetales, concretamente, frutas y verduras locales y de temporada, lácteos y huevos. Otros productos que se deberían evitar especialmente son los ultraprocesados, debido a la contaminación derivada de su producción industrial. Además, si no se quiere seguir a rajatabla este estilo de vida, se puede contribuir disminuyendo la ingesta de carne, ya que retirándose un día a la semana se reducen la emisión 175 kilogramos de CO2 cada año.
Evitar los plásticos a toda costa
Y, es que, no es suficiente con adquirir la comida producida por los agricultores más próximos. También es trascendental evitar los alimentos que estén envasados o empaquetados en plástico que desencadenan en muchos kilogramos de CO2.