La pirotecnia en restaurantes ya no es un juego

La pirotecnia en restaurantes ya no es un juego
Donde antes veíamos entretenimiento, hoy deberíamos ver riesgo, porque las tradiciones evolucionan acorde a los tiempos. Porque cuando se sobrepasa el límite de la seguridad, el espectáculo deja de serlo y se convierte en frivolidad.
Uso de pirotecnia en restaurantes
Uso de pirotecnia en restaurantes
Wednesday, January 21, 2026 - 12:00

Entiendo lo divertido de sacar una bengala clavada en una botella para celebrar un cumpleaños en un restaurante. De esas que consiguen que todas las miradas se desvíen hacia un desfile de camareros vestidos de negro, avanzando hasta la mesa al ritmo de una canción animada. Entiendo que el fuego, como espectáculo, tiene algo hipnótico. Atrae. Seduce. Y, sobre todo, funciona.

Funciona tanto que, pese a que hace apenas unas semanas decenas de personas fallecieron en un bar de Suiza tras perderse el control de una bengala, el juego de la pirotecnia sigue vivo en la hostelería. Y es aquí donde pasar página parece convertirse en la posición correcta. Porque cuando se sobrepasa el límite de la seguridad, el espectáculo deja de serlo y se convierte en frivolidad.

“Donde antes veíamos entretenimiento, hoy deberíamos ver riesgo”

Hace poco trascendía otro incidente en un restaurante de Madrid. El origen, exactamente el mismo que en los Alpes: bengalas. Y la reacción colectiva, también idéntica: móviles en alto, grabaciones, risas nerviosas. Como si no se tratara de fuego. Como si no pudiera pasar nada.

Es cierto que una bengala no prende como una falla. No tiene la misma potencia ni la misma intención. Pero tampoco se acompaña del mismo equipo técnico ni de las medidas de seguridad necesarias, acordes a su medida. Se normaliza su uso porque creemos que “no pasa nada”. Ese es el verdadero problema: que sí pasa.

Donde antes veíamos entretenimiento, hoy deberíamos ver riesgo. Que algo se haya hecho siempre no significa que esté bien. Las tradiciones evolucionan y avanzan acorde a los tiempos. Ya ocurrió cuando dejamos de fumar en restaurantes y espacios cerrados. Ahora podría suceder lo mismo con este tipo de pirotecnia. Y no, no se trata de prohibir encender las velas de una tarta de cumpleaños, sino de informar, avisar al personal y asegurarse de que la infraestructura es adecuada. En la información está el poder. Y en el poder, la decisión.

La historia se repite: el fuego no surge en la cocina

En esta ocasión, el restaurante Fanático, de la línea GHL Restaurants, emitió un comunicado en el que explicaba que una bengala fue la causante de que se prendiera una cortina, en una celebración que llevaba años normalizada como parte del show. El fuego fue extinguido en pocos segundos gracias a la rápida actuación de uno de sus empleados con un extintor. Bravo. Que no se repita.

Aquí no hemos tenido que lamentar daños personales más allá un empresario cabreado que tendrá que soltar un euros para reparar parte del mobiliario. No siempre fue así. Hace un par de años, la pizzería Burro Canaglia, en Madrid, no tuvo la misma suerte: una peripecia con fuego sobre una pizza acabó incendiando la decoración del local y costó la vida a un trabajador y dos clientas. Otra vez la misma historia. 

Cuando suceden estos incidentes, el foco suele ponerse en si el local tenía los papeles en regla, si los materiales eran inflamables o si se cumplieron los protocolos. Pero rara vez se cuestiona lo esencial: el uso del fuego fuera de la cocina.

Por todo ello, el Ayuntamiento de Madrid estudia medidas para corregir una situación que, año tras año, se cobra vidas innecesariamente. No es el destino. Es el fuego en espacios donde no debería estar. La pirotecnia en espacios cerrados como restaurantes no está regulada del mismo modo que en circos o espectáculos, por lo que no se contemplan sanciones en este caso concreto. Aun así, se avanza hacia la prohibición de artefactos como bengalas en lugares cuyas condiciones no garantizan una seguridad real.

La sala se reinventará, como siempre

En los conciertos, muy usuales dentro de salas pequeñas o pabellones, Durante años se encendían los mismísimos mecheros en alto para crear ambiente. Hoy se reparten pulseras luminosas a la entrada o el espectáculo de luces y los visuales se trabajan mucho más. Es una inversión mayor, sí. Pero también más segura. Y sigue funcionando. 

La gastronomía, cuando se aleja de la cocina, esa que fuera de la cocina ha demostrado saber reinventarse constantemente, puede volver hacerlo. Con enfoque, la sala es capaz adaptarse a una nueva realidad en la que el fuego se quede, efectivamente, en el fogón.

Porque siempre pensamos que no va a pasar. Hasta que pasa. Una vez más: la pirotecnia en restaurantes ya no es un juego. Es una hipocresía disfrazada de frivolidad. 

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