Cuando el vino era medicina

Cuando el vino era medicina
El vino australiano nació ligado a la medicina. Desde los viajes coloniales hasta la fundación de grandes bodegas, los médicos usaron el vino como tratamiento y sentaron las bases de la viticultura del país.
Cuando el vino era medicina
Cuando el vino era medicina
Saturday, January 10, 2026 - 12:00

La historia del vino en Australia es singular no solo por ser una de las más recientes entre los grandes países vitivinícolas, sino por su estrecha relación con la medicina y la salud. Un dato lo resume todo: más del 60% del vino australiano actual procede de bodegas fundadas por médicos.

Entre ellas figuran tres de las casas más influyentes del país: Lindemans, Penfolds y Hardys, pilares del vino australiano contemporáneo. Una realidad que hunde sus raíces en los primeros años de la colonización.

El vino como medicina en los viajes coloniales

Todo comenzó en 1787, cuando la primera flota de barcos colonizadores partió desde Inglaterra hacia Nueva Gales del Sur, transportando presos, soldados, tripulación y algunos pasajeros libres.

El responsable sanitario del viaje era el Dr. John White, médico jefe de la expedición. Antes de zarpar, White ya mostró su preocupación por las provisiones, solicitando más arroz, cebada, té, especias… y vino.

Durante la travesía, el vino fue utilizado de forma sistemática como remedio contra la desnutrición y las enfermedades, especialmente el escorbuto, una dolencia habitual en los largos viajes marítimos.

El propio Dr. White anotó en su diario el 20 de diciembre de 1787:

El escorbuto se ha hecho presente en estos días, principalmente entre los muy enfermos de disentería, pero lo estoy controlando con buen vino, el cual es un antiescorbútico excelente”.

La eficacia del tratamiento fue notable. De los 775 presos, solo 24 murieron durante la travesía, una cifra excepcionalmente baja si se compara con otros viajes de la época, donde llegaba a fallecer hasta un tercio de los convictos.

Este precedente consolidó el uso del vino como elemento terapéutico esencial en las expediciones hacia Australia.

El caso del Surrey y el papel de William Redfen

El punto de inflexión llegó con el viaje del Surrey, que zarpó el 22 de febrero de 1814 con 200 presos varones. El resultado fue catastrófico: murieron numerosos convictos, además del capitán, dos contramaestres, el médico de a bordo, cinco marineros y seis soldados.

El gobernador Lachlan Macquarie ordenó una investigación, encargada al prestigioso médico Dr. William Redfen, el facultativo más reputado de Sídney.

Redfen descubrió que el capitán había vendido en Río de Janeiro y Ciudad del Cabo gran parte de las provisiones, incluido casi todo el vino, ignorando las advertencias del médico.

En su informe final, Redfen presentó once recomendaciones, entre ellas una decisiva: suministrar diariamente a cada convicto un cuarto de pinta de vino, junto con zumo de limón.

Además, se estableció que en materia de salud y nutrición, la autoridad del médico prevalecía sobre la del capitán. Estas recomendaciones adquirieron rango de ley y salvaron la vida de miles de convictos en posteriores travesías.

De médicos militares a viticultores

Tras la derrota de Napoleón, muchos médicos militares europeos quedaron sin empleo. Muchos de ellos se incorporaron a las rutas marítimas hacia Australia y, al retirarse, se establecieron en el país, dedicándose a la agricultura y, especialmente, a la viticultura.

De forma simbólica, el propio William Redfen, en sus últimos años, se dedicó también al cultivo de la vid.

Hoy, esa herencia perdura: 160 médicos australianos son actualmente empresarios vitivinícolas, una cifra única en el mundo del vino.

Así, el vino australiano nació no solo como bebida, sino como herramienta terapéutica, salvación en alta mar y pilar fundacional de una de las industrias vitivinícolas más dinámicas del planeta.

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