Cuando los whiskys aparecen sobre la barra, los habanos entran en juego. No es una regla, pero sí una invitación a productos que se acompañan en la misma medida que se contraponen: el humo envuelve, mientras el destilado limpia; uno deja huella, el otro afina el paladar, y en esa conversación se construye una experiencia que va más allá del simple consumo para convertirse en ritual.
Pero, más allá del placer inmediato, la clave está en entender cómo interactúan los sabores, cuándo se acompañan y cuándo buscan deliberadamente los contrastes. Por eso, aunque a grandes rasgos la armonía de ambos refuerza perfiles aromáticos ahumados, toques de vainilla y sobre todo la elegancia en boca, hay dentro de la mezcla un universo de versiones posibles de acuerdo con los tipos de bebida.
¿Cómo elegir el whisky ideal según la fortaleza de tu habano?
Lo primero es decidir si se busca un maridaje de acompañamiento o un maridaje de contraste. Por ejemplo, si se busca afinidad, el whisky de Islay, marcado por la turba, el yodo y el humo, encuentra un aliado natural en un habano terroso y potente. Ambos comparten compuestos aromáticos como los fenoles, responsables de esas sensaciones ahumadas que se refuerzan mutuamente en boca y nariz.
De ahí que un Islay intenso encaje al dedillo con vitolas robustas y de fortaleza alta, como un Bolívar Belicosos Fino o un Cohiba. Mientras, para la sensación contraria, un buen ejemplo lo ofrece el Speyside, más frutal, meloso y con recuerdos a miel, vainilla o fruta madura, con un habano Romeo y Julieta Wide Churchills o Montecristo No. 4, que suavice la robustez del amargor.
Luego, están los Highlands, cuya versatilidad en las notas de cata va desde lo floral a lo especiado; lo cual lo convierte en un whisky ideal para armonizar con habanos de cuerpo medio–alto.
Claves del maridaje entre habanos y whiskys
Pero la química no es nada sin el ritual que alimenta la experiencia. Al igual que sucede con el ron, en el maridaje con whisky todo parte de la bocanada. El humo prepara el paladar y abre la vía retronasal. Entonces, llega el turno del trago, con el que se limpia, arrastra y revelan nuevos matices tanto del destilado como del habano. Hacerlo una y otra vez, permite descubrir capas sucesivas de sabor.
La temperatura completa la ecuación: el whisky deberá tomarse ligeramente fresco —nunca helado— y el habano con el fuego uniforme, poco hay que explicar para entender el contraste-...Y si nieva, o llueve, el círculo hedonista se cierra de forma magistral.
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