Matías Michelini: “La próxima revolución del vino argentino es mostrar sus paisajes”

Matías Michelini: “La próxima revolución del vino argentino es mostrar sus paisajes”

Matías Michelini habla de Gualtallary, Malbec y pequeños productores: “La próxima revolución del vino argentino es mostrar sus paisajes”.
Matías Michelini agachado junto a las vides durante la vendimia, con una caja de uvas a sus pies, en una fotografía en blanco y negro.
Matías Michelini durante la vendimia.
Jueves, Octubre 22, 2026 - 18:00

Viticultor y enólogo mendocino, Matías Michelini puso en marcha Passionate Wine en 2009 después de abandonar una carrera consolidada como enólogo de grandes bodegas. Desde entonces ha trabajado con agricultura ecológica y biodinámica, vinos naturales, vinos naranjos, uvas criollas, fermentaciones alternativas y elaboraciones de menor intervención.

También ha participado en proyectos como SuperUco junto a sus hermanos y hoy concentra buena parte de su trabajo en Sitio La Estocada, en Gualtallary, donde conviven viñedo, bodega, familia y una manera de entender el vino profundamente ligada a la Cordillera de los Andes.

Su inquietud le ha llevado también fuera de Argentina, con proyectos y colaboraciones en España. Pero independientemente del lugar, hay una idea que se mantiene: el vino debe ser capaz de contar el paisaje del que procede.

Durante su paso por Madrid, conversamos con Matías sobre el cambio que ha vivido el vino argentino, Gualtallary, los pequeños productores, las nuevas generaciones y una pregunta inevitable: ¿hay futuro para Argentina más allá del Malbec?

Matias
Matías Michellini en la bodega (foto cedida por el entrevistado)

Salí del sistema porque hacía vinos que yo no quería beber

Fuiste uno de los impulsores de una nueva forma de entender el vino argentino, alejándote de los vinos concentrados y buscando mayor frescura e identidad. ¿Qué ha cambiado desde entonces y qué queda todavía por revolucionar?

El cambio al principio fue duro. Yo digo que salí del sistema porque fui enólogo de bodegas importantes de Argentina hasta que llegó un momento en el que me frustré. Hacíamos vinos a pedido de lo que exigía el mercado: había una receta de vino exitoso y teníamos que hacerla.

Y esos vinos que elaboraba no coincidían con lo que yo quería tomar en mi casa.

En 2009 decidí colgar mi título de enólogo, renunciar a mi trabajo y empezar Passionate Wine. Comenzamos a hacer cosas que en Argentina prácticamente no se estaban haciendo: vinos naturales, agricultura ecológica y biodinámica, vinos de menor alcohol, vinos naranjos, uvas criollas, vinos sin filtrar y elaboraciones sin químicos añadidos.

Al principio estábamos adelantados al momento. La gente no entendía mucho aquellos vinos y muchos periodistas tampoco. Después la crítica internacional empezó a hablar de nosotros como familia y a decir que por fin había gente en Argentina haciendo algo diferente y que valía la pena.

Entonces la crítica nacional empezó a escucharlo y otros colegas se fueron sumando. Tengo una línea que se llama Vía Revolucionaria y para mí simboliza precisamente ese inicio de una revolución en el vino argentino.

Hoy me siento, después de todos estos años, en un momento de evolución después de aquella revolución.

Encontré mi lugar en Gualtallary, en Tupungato. Allí plantamos nuestra propia viña, hicimos nuestra bodega, tenemos nuestra casa y desarrollamos nuestra vida.

La próxima revolución es mostrar los paisajes de Argentina de una manera mucho más precisa. Que cada productor consiga mostrar su lugar de forma directa, pura y honesta.

El trabajo que nos queda, especialmente para nuestros hijos y para las generaciones que vienen, es mostrar territorios. Argentina es enorme y tiene una diversidad extraordinaria. Más allá de las variedades, tenemos que conseguir que cada paisaje pueda embotellarse.

Gualtallary se ha convertido en uno de los territorios más reconocidos del vino argentino. ¿Qué tiene este lugar que no puede reproducirse en ninguna otra parte del mundo?

La Cordillera de los Andes. Para nosotros es todo.

Cuando estás en Gualtallary te sientes pegado a la montaña y notas la altura.

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Vista del viñedo (foto cedida por el entrevistado)

La cordillera nos da el agua con la que regamos nuestras viñas, que procede del deshielo de los Andes y de los glaciares. Nos da también el material de los suelos donde plantamos nuestras viñas y las corrientes frescas de aire que descienden por la noche.

Nuestros vinos son montaña. Nuestros vinos son Cordillera de los Andes. Y eso no se puede reproducir en ningún otro lugar.

Gualtallary tiene además unas condiciones de suelo muy particulares, con una presencia muy marcada de granito y calcáreo, que le dan una identidad especial incluso respecto a otros lugares del Valle de Uco.

Siempre has defendido que el vino debe expresar el paisaje del que procede. ¿Cómo consigues que tu personalidad como elaborador no termine imponiéndose sobre la identidad del viñedo?

Eso no se puede evitar completamente.

El vino y el terruño tienen una relación directa con las personas que lo hacen. El carácter del vino arrastra también la identidad de esa persona, que pone su energía, su trabajo y su pensamiento en la forma de expresar el paisaje.

No podemos luchar contra eso. El carácter de la persona siempre va a estar vinculado al paisaje, al territorio y al terruño.

Lo que tenemos que intentar es interpretar el lugar de la manera más honesta posible, sin interrumpirlo ni disfrazarlo. Pero pretender que la persona desaparezca completamente del vino tampoco sería real.

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Vista de las barricas en la bodega (foto cedida por el entrevistado)

Las nuevas generaciones quieren beber paisaje y beber viticultores

Has experimentado con elaboraciones poco convencionales, vinos naranjos y fermentaciones alternativas. ¿Crees que el consumidor está preparado para entender esa diversidad o todavía tenemos una visión demasiado tradicional del vino argentino?

En Argentina estamos viviendo un momento muy bonito. Las generaciones nuevas quieren beber paisaje y beber viticultores.

Quieren entender cada región, cada lugar y quién está detrás del vino. Y eso en Argentina está creciendo muchísimo.

Fuera es más difícil porque internacionalmente todavía se conoce sobre todo a las grandes marcas y a las bodegas más industriales. A los pequeños productores se nos conoce menos.

Ahí tenemos un trabajo importante: agruparnos y enseñarle al mundo que Argentina no son solamente las grandes bodegas. Hay muchísimos pequeños productores haciendo cosas que merece la pena descubrir.

Dentro de Argentina ese trabajo ya se hizo en gran medida. Ahora hay que enseñárselo al mundo. Por eso estamos aquí en Madrid y por eso estamos viajando mucho.

También creo que estamos en un momento en el que la gente empieza a buscar y a elegir mejor. Ya no bebe únicamente porque reconoce una marca o porque alguien le ha dicho qué debe beber.

Quiere saber. Quiere entender.

Eso se nota especialmente entre la gente joven. Las generaciones mayores siguen teniendo una relación más fuerte con el nombre, la marca o la bodega conocida, mientras que los más jóvenes buscan exactamente qué van a consumir, quién lo hizo y de dónde viene.

Y no ocurre únicamente con el vino. También sucede con la comida, con los lugares a los que van o con aquello a lo que deciden dedicar su tiempo.

En Un vino, un sumiller, la sección semanal de Excelencias Gourmet, esa evolución se percibe precisamente en las elecciones de los profesionales: las nuevas generaciones muestran cada vez más interés por productores pequeños, territorios concretos y vinos capaces de contar quién y dónde los ha elaborado.

Durante décadas Argentina fue sinónimo de Malbec. Si tuvieras que elegir una variedad o un estilo de vino que represente el futuro del país, ¿cuál sería y por qué?

Malbec. No creo que haya que cambiarlo.

El Malbec tuvo en Argentina una adaptación impresionante. Se adaptó a muchos tipos de terroir y tiene una capacidad extraordinaria para mostrar los paisajes de una manera muy nítida.

El trabajo de los últimos quince años ha sido precisamente conseguir que los Malbec de Argentina no sean todos iguales.

Está en nosotros conseguir que el Malbec sea el hilo conductor para mostrar los distintos paisajes argentinos.

Un Malbec puede expresar Gualtallary, otra zona del Valle de Uco o cualquier otro territorio de una manera completamente diferente.

Así que sí: va a seguir siendo el Malbec.

En Excelencias Gourmet ha seguido las distintas expresiones del Malbec argentino, una uva que encontró en el país una identidad propia y que hoy sirve precisamente para explicar la diversidad de sus terroirs.

Si hace veinte años el vino argentino quería demostrar que podía competir con los grandes vinos del mundo, ¿qué quiere demostrar hoy?

Que Argentina tiene diversidad.

Que Argentina tiene paisajes extraordinarios y que sus vinos tienen hoy la capacidad de reflejar esos paisajes.

Ya no necesitamos demostrar simplemente que podemos hacer grandes vinos.

Ahora tenemos que conseguir que, cuando alguien abra una botella, pueda entender qué lugar de Argentina está bebiendo.

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