Amaranto: por qué este alimento ancestral se ha ganado fama de “superalimento”

Amaranto: por qué este alimento ancestral se ha ganado fama de “superalimento”

Proteína, fibra, lisina y minerales: actualizamos todo lo que sabemos del amaranto, un alimento ancestral mexicano que vuelve a estar de actualidad.
amaranto
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Lunes, Noviembre 2, 2026 - 10:00

El amaranto parece demasiado pequeño para cargar con tanta historia. Hoy aparece en tiendas ecológicas, desayunos saludables y recetas de todo tipo, pero su relación con la alimentación humana comenzó mucho antes de que palabras como superfood o pseudocereal entraran en nuestro vocabulario.

En México se cultiva desde hace miles de años y fue un alimento importante para distintas culturas mesoamericanas. Su relevancia no era únicamente nutricional: también estaba vinculada a ceremonias, agricultura y vida comunitaria.

Ahora ha recuperado protagonismo precisamente por aquello que ya conocían quienes lo cultivaban siglos atrás: su elevada densidad nutricional y su enorme versatilidad en la cocina.

¿Por qué el amaranto tiene tanta fama nutricional?

Aunque habitualmente se consume como un cereal, el amaranto es en realidad un pseudocereal. Sus semillas se utilizan culinariamente de forma similar al trigo, el arroz o el maíz, aunque botánicamente pertenece a otra familia.

Uno de sus principales atractivos es su contenido en proteínas. Fuentes oficiales mexicanas destacan que aporta más proteína que cereales como el maíz o el arroz y cantidades superiores a las del trigo.

Especialmente interesante es la lisina, un aminoácido esencial que suele estar presente en cantidades más limitadas en algunos cereales. El organismo no puede producirla por sí mismo, por lo que debe obtenerla a través de la alimentación.

Eso no convierte al amaranto en una proteína milagrosa ni significa que sustituya por sí solo a otras fuentes alimentarias. Su interés está precisamente en integrarlo dentro de una dieta variada, donde puede complementar a legumbres, frutos secos, semillas y otros cereales o pseudocereales.

En Excelencias Gourmet también ha analizado el papel creciente de la proteína vegetal, una categoría en la que cada vez aparecen más ingredientes tradicionales recuperados por la alimentación contemporánea.

El amaranto aporta además fibra y minerales como hierro, calcio, fósforo y magnesio, aunque las cantidades concretas pueden variar según la variedad, el cultivo y la forma de preparación.

Naturalmente sin gluten, pero con un matiz importante

Otra de las razones por las que el amaranto ha ganado espacio en la alimentación actual es que no contiene gluten de forma natural.

Esto permite utilizarlo en dietas sin gluten y elaborar con él harinas, panes, tortitas, galletas o mezclas para desayunos. Sin embargo, las personas con enfermedad celíaca deben asegurarse de que el producto esté certificado y no haya sufrido contaminación cruzada durante el cultivo, almacenamiento o procesado.

Su contenido en fibra también lo convierte en un ingrediente interesante dentro de una alimentación variada. La fibra contribuye al tránsito intestinal y sirve de sustrato para parte de la microbiota.

Eso sí, conviene evitar exageraciones. Ningún alimento por sí solo “cura” el intestino, adelgaza o transforma la microbiota. El efecto depende del conjunto de la dieta y del estilo de vida.

En este sentido, la relación entre fibra, fermentados y microbiota es uno de los grandes temas actuales de la nutrición, pero siempre dentro de un patrón alimentario global y no alrededor de un único producto.

El amaranto no nació con las tendencias saludables

Llamarlo “superalimento” puede resultar atractivo, pero el término no pertenece a ninguna categoría científica oficial. Es una expresión comercial y divulgativa utilizada para referirse a alimentos con una elevada concentración de determinados nutrientes.

Y si algo demuestra el amaranto es que no necesita esa etiqueta para resultar interesante.

En México se conoce desde hace aproximadamente cinco milenios y su cultivo estuvo profundamente ligado a la agricultura mesoamericana. Los pueblos nahuas lo conocían como huauhtli y sus semillas se utilizaban tanto en la alimentación como en determinadas preparaciones rituales.

Después de la llegada de los españoles, su cultivo disminuyó de forma considerable, aunque nunca desapareció por completo. Sobrevivió especialmente en determinadas comunidades y continúa cultivándose en diferentes zonas del país.

Este vínculo entre alimentos tradicionales y nuevas tendencias nutricionales no es exclusivo del amaranto. Ingredientes ancestrales como semillas, legumbres y cereales antiguos han regresado con fuerza a la cocina contemporánea precisamente por su valor nutricional y su versatilidad.

15 de octubre: México celebra el Día Nacional del Amaranto

Desde 2017, México celebra cada 15 de octubre el Día Nacional del Amaranto. La jornada busca reconocer su importancia cultural, agrícola, alimentaria, social y ecológica, además de poner en valor a los productores que mantienen vivo su cultivo.

La fecha también recuerda que el amaranto forma parte de algo mucho mayor que una tendencia saludable. Es patrimonio gastronómico, agricultura y memoria.

Una de sus expresiones más populares es la alegría, el dulce mexicano elaborado tradicionalmente con amaranto reventado y miel o azúcar. Es probablemente la forma más reconocible de consumirlo en México y una prueba de que este pseudocereal pertenece desde hace siglos a la cocina cotidiana.

De las alegrías al desayuno: cómo se come el amaranto

Una de sus grandes ventajas es que admite numerosas preparaciones. Puede consumirse tostado, reventado, cocido, molido en harina o germinado. Incluso las hojas jóvenes de algunas variedades se consumen como verdura.

En la cocina cotidiana puede utilizarse de varias formas:

  • Inflado, sobre yogur, fruta, granola o porridge.
  • Cocido, como acompañamiento de verduras y legumbres.
  • En harina, para panes, tortitas, galletas y otras masas.
  • En sopas y cremas, donde ayuda a aportar textura.
  • En barritas, combinado con frutos secos y semillas.
  • En dulces tradicionales, especialmente las alegrías mexicanas.

Su ligero sabor a nuez permite además incorporarlo fácilmente tanto a recetas dulces como saladas.

En Excelencias Gourmet hemos seguido también el auge de nuevas fuentes de proteína vegetal, mientras que otros alimentos tradicionales recuperan protagonismo precisamente por su valor nutricional y su capacidad para adaptarse a una cocina más diversa.

Entonces, ¿es realmente un “superalimento”?

Nutricionalmente, el amaranto tiene argumentos de sobra para ocupar un lugar interesante en la despensa: proteína, fibra, minerales, lisina y ausencia natural de gluten.

Pero llamarlo “superalimento” puede hacer parecer que posee propiedades extraordinarias que ningún alimento puede ofrecer por sí solo.

La mejor manera de entenderlo es más sencilla: se trata de un alimento nutritivo, versátil y culturalmente valioso que puede enriquecer una dieta variada.

Algo parecido ocurre con muchos otros productos que han regresado al centro del debate nutricional. En Excelencias Gourmet ya analizamos cómo alimentos tradicionales como los fermentados han vuelto a ganar protagonismo por su interés nutricional. El denominador común no es la moda: es recuperar alimentos con historia y entender mejor qué pueden aportar realmente.

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