La cerveza cambia de rumbo: menos alcohol, más bebidas funcionales y más negocio exterior
La cerveza tradicional vive una de sus transformaciones más importantes de los últimos años. No porque haya dejado de estar en bares, terrazas o lineales de supermercado, sino porque las grandes cerveceras han entendido que el crecimiento ya no puede depender solo de la caña de siempre. Mahou, Estrella Galicia, Heineken y Damm aceleran su apuesta por las bebidas sin alcohol, las categorías de baja graduación, las bebidas funcionales y el negocio exterior.
El cambio no es menor. En el negocio de Mahou San Miguel, las bebidas sin alcohol, principalmente agua y cerveza sin alcohol, representan ya el 31% del volumen vendido. Hace apenas unos años, ese peso habría parecido impensable para un grupo identificado históricamente con la cerveza. Hoy es una señal clara de hacia dónde se mueve el consumo.
Detrás de esta metamorfosis hay varias razones: las nuevas generaciones beben menos alcohol, buscan productos asociados al bienestar, la hostelería compite con un consumo en casa cada vez más relevante y la inflación ha estrechado márgenes y decisiones de compra. La cerveza no desaparece, pero el sector ya no puede comportarse como si nada hubiera cambiado.
La cerveza sin alcohol ya no es una opción secundaria
España se ha convertido en uno de los grandes mercados de la cerveza sin alcohol. Esta categoría representa alrededor del 14% del mercado cervecero español, una cifra muy por encima de la de otros países europeos y suficiente para explicar por qué las grandes marcas ya no la tratan como un producto de acompañamiento.
Mahou, Heineken y Estrella Galicia compiten desde hace años en este terreno, pero la diferencia ahora está en la velocidad. Las referencias 0,0 y sin alcohol han ganado sabor, variedad y presencia. Ya no se dirigen solo a quien no puede beber alcohol, sino a quien decide no hacerlo en determinados momentos: después de entrenar, entre semana, durante una comida de trabajo, al volante o simplemente porque prefiere una opción más ligera.
A esa tendencia se suma otra categoría intermedia: las cervezas low alcohol, con alcohol, pero menos graduación que una cerveza tradicional. Heineken lanzó Cruzcampo Tremenda, con 2,4 grados, y Mahou prepara San Miguel Low, con 2,7 grados. Es una forma de responder a consumidores que no quieren renunciar al gesto cervecero, pero sí reducir el alcohol.
La pregunta que se hacen ahora las cerveceras no es solo cómo vender más cerveza, sino cómo estar presentes en más momentos del día. Ahí la cerveza sin alcohol funciona como puente: mantiene el vínculo con la marca, pero amplía ocasiones de consumo que antes quedaban fuera del territorio cervecero.
De la caña al bienestar: bebidas funcionales, malta y café
La diversificación ya no se limita al agua, un movimiento que muchas cerveceras comenzaron hace años para reducir su dependencia de la cerveza. Ahora la batalla se desplaza hacia las bebidas funcionales, productos pensados para consumidores que buscan hidratación, sabor y atributos vinculados al bienestar.
Mahou San Miguel acaba de entrar en esa categoría con YUZZ, una bebida sin alcohol, baja en calorías y asociada al cuidado personal, desarrollada con la imagen de María Pombo. La propuesta se mueve en un territorio nuevo para una cervecera: menos barra tradicional y más lenguaje de autocuidado, hidratación y disfrute ligero.
Hijos de Rivera, matriz de Estrella Galicia, también ha explorado este camino con MUCHO, una bebida funcional vinculada a Ilia Topuria, sin cafeína ni azúcares añadidos y con un posicionamiento muy conectado con la Generación Z, el rendimiento y el bienestar.
Mahou, además, ha entrado en el mercado del café con una marca propia para hostelería y ha lanzado Vamos by Mahou, una bebida de malta carbonatada sin alcohol creada específicamente para Egipto. Ese movimiento no es anecdótico: muestra cómo los grandes grupos cerveceros empiezan a diseñar productos para mercados concretos, con gustos y necesidades distintas a las del consumidor español.
El mensaje de fondo es claro. La cerveza ya no compite solo contra otras cervezas. Compite contra refrescos, aguas saborizadas, bebidas energéticas, cafés fríos, kombuchas, funcionales y toda una nueva generación de productos que prometen placer sin alcohol o con menos alcohol.
El exterior como segunda vía de crecimiento
Además de diversificar, las cerveceras buscan crecer fuera. En un mercado nacional más maduro y tensionado, el negocio internacional se ha convertido en una de las grandes palancas para sostener volumen, márgenes y relevancia de marca.
Damm es uno de los ejemplos más claros. La compañía cerró 2025 con un beneficio neto de 155 millones de euros, un 11,4% menos, pero elevó el peso de su negocio internacional hasta el 30% de la actividad. Está presente en más de 130 países y exporta con marca propia a 88 mercados. También ha reforzado Reino Unido y ha abierto una fábrica en Senegal, su primera planta en África.
Mahou San Miguel, por su parte, está presente en más de 70 mercados y ha situado el exterior como una vía de crecimiento clave, especialmente en Estados Unidos, Reino Unido y ahora Oriente Medio. Su desembarco en Egipto con una bebida de malta sin alcohol apunta precisamente a esa estrategia: no exportar solo cerveza, sino crear bebidas adaptadas a contextos donde el consumo de alcohol tiene otras reglas culturales y comerciales.
Estrella Galicia también acelera su internacionalización. Hijos de Rivera ha creado una filial en Italia y suma presencia propia en mercados como Brasil, China, Filipinas, México, Reino Unido, Estados Unidos o Portugal. El objetivo es ganar capilaridad, acercarse al consumidor local y reforzar una marca que ya compite en un tablero global.
Heineken juega con otra ventaja: es un grupo internacional con presencia consolidada en numerosos países. En España, su estrategia pasa también por reforzar marcas premium como El Águila, capaces de generar mejores márgenes por litro en un mercado donde no todo el crecimiento vendrá del volumen.
La crisis de la cerveza, por tanto, no significa que el sector esté parado. Significa justo lo contrario: se está moviendo rápido. Menos dependencia del alcohol, más bebidas para nuevos momentos de consumo, más apuestas funcionales, más mercados exteriores y más segmentación entre consumidores.
La cerveza ya no vive solo de la cerveza. Esa puede ser la gran lectura de este momento. Las grandes cerveceras siguen vendiendo cañas, botellines y latas, pero el futuro del negocio se juega también en el agua, el café, las bebidas de malta, las funcionales, las 0,0, las low alcohol y los mercados donde todavía queda margen para crecer.