Tras las fiestas y los días fríos, suele aparecer un invitado poco querido, que llega sin pedir permiso: la tos. Suele ser la alarma del cuerpo ante un cambio brusco de temperatura, al aire seco o a una leve irritación, pero, en el escenario social e incluso personal se traduce en conversaciones y sueños interrumpidos. Para aliviar tales sensaciones, existen un par de remedios fiables, sencillos y al alcance de casi cualquier cocina.
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La despensa como botiquín improvisado
Empezamos con un clásico de los resfriados: miel y limón. Esta es una combinación infalible para la garganta; el primero la recubre y reduce la inflamación; mientras, el limón aporta vitamina C y un ligero efecto antibacteriano. Juntos, en infusión caliente, alivian la afonía y suavizan la tos seca.
Se suma a este repertorio el jengibre. Con sus propiedades picante y aromáticas, actúa como antiinflamatorio natural. La mejor recomendación es consumirlo en infusión, puesto que ayuda a calmar la garganta irritada.
Una fusión menos conocida es la de cebolla con miel. La cebolla favorece la expectoración y la miel aporta un efecto calmante. Cuando se unen ambas, por lo general en jarabe casero, forman un clásico contra la tos y la voz tomada.
Vamos con otro tradicional: la manzanilla. Usualmente en infusión, esta bebida aporta propiedades antisépticas y antiinflamatorias. La recomendación es tomarla antes de dormir para reducir la tos nocturna y facilitar el descanso.
Luego, tenemos el zumo de piña. Al contener la enzima bromelina, la cual cuenta con propiedades antiinflamatorias, es capaz de reducir la irritación. Eso sí, licúa la piña solo o con miel, nunca con azúcar.
De regreso al universo de las infusiones, incluimos la de tomillo y regaliz. En el primer caso se trata de un ingrediente que actúa como expectorante natural y el regaliz lo hace en favor del alivio de la inflamación.
Por último, un plato que no falla: el caldo de verduras o pollo, hidrata, los cuales aportan sales minerales y reconfortan la garganta.
Aunque se trata de remedios caseros y naturales, algunos pueden interferir con medicamentos, y no todos son adecuados para todas las personas. La miel, por ejemplo, está contraindicada en menores de un año. De ahí que antes de consumir alguno, sea mejor revisar posibles afectaciones.