Gemma Añino: la reportera que descubre el Madrid que de verdad se come
En una ciudad que no deja de abrir restaurantes, donde cada semana nace un nuevo concepto y cada mes se proclama una “tendencia”, distinguir lo efímero de lo auténtico no es tarea sencilla. Gemma Añino lo hace a diario.
Desde las calles y las cámaras de Madrid Directo en Telemadrid, recorre restaurantes, tabernas y barras con una premisa clara: contar la gastronomía como algo cercano, comprensible y humano. No como espectáculo, sino como experiencia cotidiana.
Reportera incansable y curiosa por naturaleza, Añino ha construido un sello propio dentro de la comunicación gastronómica madrileña. No busca el artificio ni la complejidad técnica. Su brújula es otra: la verdad del plato.
“El público no es especializado. Hay que transmitir que cualquiera puede cocinar esa receta en casa”, afirma. Y esa declaración define toda una forma de entender la televisión gastronómica.
Madrid: efervescente, multicultural… y en riesgo de repetirse
Para Gemma, la cocina madrileña vive un momento vibrante. La define con tres palabras: efervescencia, multiculturalidad y fusión.
Madrid es cruce de caminos. Conviven cocinas de raíz tradicional con propuestas de autor, barras japonesas minimalistas con casas de comidas de toda la vida, restaurantes con estrella Michelin y tabernas que siguen friendo croquetas como hace treinta años.
Pero también advierte de una sombra: la repetición.
“Hay muchos locales nuevos, pero falta imaginación. Se repiten conceptos y cartas”. En un mercado saturado, la originalidad real, no la impostada, es lo que marca la diferencia.
En su radar de barrios emergentes aparecen con fuerza Carabanchel y Puerta del Ángel, zonas donde el precio del alquiler ha permitido el nacimiento de proyectos con más riesgo creativo y menos presión inmediata por la rentabilidad.
El restaurante que perdura no vive de modas
Gemma no cree en los éxitos instantáneos sostenidos solo por viralidad. Su experiencia le ha enseñado algo más profundo: un restaurante solo se mantiene si su dueño está implicado cada día.
“Hace falta constancia y voluntad de hacerlo bien”. La cocina puede ser brillante, pero sin presencia, sin supervisión y sin cultura de equipo, el proyecto se resiente.
También reivindica el papel de la sala. En un momento en que el foco suele centrarse exclusivamente en el chef, Gemma recuerda que la experiencia empieza mucho antes del plato.
“No soporto que te tiren los platos. Un camarero no es el último eslabón, es parte esencial de la experiencia”.
Esa mirada integral,cocina, sala, relato, es lo que, en su opinión, sostiene la gastronomía que merece permanecer.
Sus imprescindibles: del omakase a la taberna de verdad
Su mapa gastronómico es amplio y diverso. Para una cena en pareja recomienda Sen Omakase. Para salir con amigas, Aurora. Para comidas de trabajo, clásicos sólidos como La Máquina o El Barril.
También menciona la terraza del Club Financiero Génova, donde las vistas y la cocina dialogan en equilibrio.
En el terreno del vino, recuerda con emoción los maridajes de Santi Carrillo en Corral de la Morería, “una lección en cada copa”.
Y si tuviera que grabar su último reportaje, lo haría sin artificios: una oreja en Casa Tino, una centolla en Fide o un bocadillo de jamón en Joselito. Porque, insiste, lo importante es la compañía y la verdad del producto.
Televisión y éxito: ¿sigue marcando la diferencia?
En la era de redes sociales y algoritmos, la televisión sigue teniendo impacto. “Tras un reportaje, el teléfono empieza a sonar”, asegura.
Pero más allá del pico de reservas, lo que realmente importa es la coherencia del proyecto. La visibilidad puede abrir puertas; la autenticidad es lo que las mantiene abiertas.
Recientemente se emocionó con una cecina artesanal de Bustarviejo elaborada por un matrimonio que emprendió durante la pandemia. Producto honesto, historia real, trabajo silencioso. Ese es el tipo de relato que busca.
El Madrid que se cocina con alma
Su consejo final es claro y casi provocador: “Huye de los restaurantes con DJ. Donde hay DJ, normalmente no se come bien”.
Más allá de la frase, hay una filosofía. La gastronomía no necesita ruido para emocionar. Necesita producto, oficio y verdad.
En un Madrid que no deja de transformarse, Gemma Añino se ha convertido en una especie de radar humano. Detecta tendencias, sí. Pero, sobre todo, detecta autenticidad. Y en tiempos de saturación, esa capacidad vale más que cualquier viralidad pasajera.