Proteína, ayuno intermitente, colágeno y matcha: qué hay de verdad en las modas nutricionales

Proteína, ayuno intermitente, colágeno y matcha: qué hay de verdad en las modas nutricionales

En el Día Mundial de la Nutrición analizamos qué hay de verdad en la proteína, el ayuno intermitente, el colágeno y el matcha.
Reloj junto a avena, fruta, frutos secos y matcha, imagen asociada a las tendencias nutricionales actuales como el ayuno intermitente y la alimentación saludable
Ayuno intermitente, matcha y modas nutricionales
Jueves, Mayo 28, 2026 - 11:00

Hoy, 28 de mayo, Día Mundial de la Nutrición, lanzamos una pregunta en voz alta: ¿de verdad comemos mejor que antes o simplemente seguimos la moda nutricional del momento?

Nunca habíamos hablado tanto de alimentación ni convertido tantos productos en promesas de bienestar. Basta con mirar un supermercado o la carta de cualquier cafetería: la proteína ha colonizado yogures, helados y cereales; el ayuno intermitente se ha instalado en conversaciones cotidianas; el colágeno se vende como aliado casi imprescindible y el matcha se ha convertido en emblema global de vida saludable.

Que exista un mayor interés por la nutrición es, en realidad, una buena noticia. La Organización Mundial de la Salud recuerda que una alimentación saludable ayuda a prevenir la malnutrición en todas sus formas y reduce el riesgo de enfermedades no transmisibles. La duda surge cuando ese interés empieza a moverse entre mensajes simplificados, tendencias virales y estrategias comerciales capaces de convertir cualquier ingrediente en el nuevo imprescindible de la temporada.

Garantizar que nadie sufra malnutrición —ya sea por defecto (desnutrición y carencias) o por exceso (sobrepeso y obesidad)— es el propósito principal del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (ODS 2) Hambre Cero de las Naciones Unidas.

¿Necesitamos realmente consumir más proteína?

En términos generales, no. Que la proteína sea importante no admite discusión; lo discutible es haber convertido casi cualquier alimento en excusa para añadirle más.

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, la ingesta de referencia para adultos sanos se sitúa en 0,83 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día. Esa cifra puede ser mayor en deportistas, personas mayores o situaciones concretas, pero no justifica por sí sola la avalancha de productos enriquecidos que hoy llenan los lineales.

En Excelencias Gourmet ya hemos analizado cómo esta fiebre ha derivado en una auténtica obsesión por las proteínas, alimentada tanto por el interés legítimo por la salud como por una maquinaria comercial especialmente eficaz. También hemos abordado el auge de las dietas hiperproteicas y esa percepción, cada vez más extendida, de que añadir proteína a cualquier alimento lo convierte automáticamente en mejor opción.

Y no necesariamente es así. Porque un pudding enriquecido o una barrita con un reclamo llamativo pueden seguir siendo productos nutricionalmente discutibles si llegan acompañados de azúcares añadidos, formulaciones ultraprocesadas o mensajes diseñados más para vender que para informar. Como explicábamos también al hablar de alimentos ricos en proteína, muchas veces las respuestas siguen estando en opciones mucho menos sofisticadas y bastante más reconocibles: huevos, legumbres, pescado, lácteos naturales o frutos secos.

¿El ayuno intermitente funciona de verdad?

Sí, puede funcionar, pero no de la forma simplificada en la que a menudo se presenta. El ayuno intermitente agrupa diferentes patrones de alimentación que alternan periodos de ingesta con otros sin consumo calórico, siendo el modelo 16:8 uno de los más populares.

La evidencia científica aporta cierto matices: La Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard recoge estudios que apuntan a posibles beneficios en sensibilidad a la insulina, control del peso o salud cardiometabólica en algunos contextos. Pero también recuerda que buena parte de la investigación disponible sigue siendo limitada o insuficiente para convertirlo en recomendación universal.

En la práctica, lo que a algunas personas les funciona bien puede resultar poco adecuado para otras. No debería ser una opción para  embarazadas, adolescentes, personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria o pacientes con determinadas patologías sin supervisión profesional.

Además, resulta necesario desmontar una de las ideas más extendidas alrededor de esta práctica: restringir horarios no equivale automáticamente a comer mejor. Se puede cenar antes y seguir manteniendo una alimentación desequilibrada. El reloj no corrige por sí solo lo que hay en el plato.

¿El colágeno y el matcha son realmente tan saludables como prometen?

Aquí es donde conviene "bajar el volumen del marketing". El colágeno lleva tiempo instalado en el escaparate wellness con promesas que van desde mejorar la elasticidad de la piel hasta proteger articulaciones o ralentizar el envejecimiento. La realidad es bastante menos espectacular.

Estudios científicos recogidos por NIH / PubMed Central apuntan a que algunos suplementos de colágeno hidrolizado podrían ofrecer beneficios modestos en determinados contextos, especialmente relacionados con salud articular o ciertos parámetros cutáneos. Pero eso está muy lejos de convertirlo en un producto milagro.

No todos los suplementos dan respuesta a una necesidad real. La suplementación debería plantearse desde necesidades concretas y, en caso de duda, con asesoramiento profesional, no desde impulsos de consumo o modas virales.

El matcha, por su parte, sí tiene detrás una base científica razonable que explica parte de su popularidad. Este té verde en polvo aporta catequinas antioxidantes, entre ellas EGCG, además de cafeína y L-teanina, un aminoácido asociado a una estimulación más gradual. Ahora bien, de ahí a convertirlo en la bebida definitiva hay bastante distancia.

Sobre todo porque el café, que a menudo queda retratado como la opción menos saludable en este tipo de comparaciones simplistas, también cuenta con abundante evidencia científica que lo relaciona, en consumos moderados, con potenciales beneficios metabólicos.

Quizá el verdadero problema no esté en el colágeno ni en el matcha, sino en esa necesidad contemporánea de convertir ciertos alimentos en símbolos aspiracionales de bienestar. Porque a veces consumimos más una narrativa que un producto.

Y tal vez esa sea la reflexión más útil en este Día Mundial de la Nutrición. No tanto preguntarnos cuál será la próxima tendencia, sino recordar que las recomendaciones con mayor consenso siguen siendo bastante menos espectaculares y mucho másaccesibles: frutas y verduras, legumbres, alimentos frescos, equilibrio y menos dependencia de soluciones rápidas con buen marketing.

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