El crujido no es solo una textura: es un estímulo sensorial que influye directamente en cómo percibimos el sabor, la frescura y la satisfacción al comer.
La fruta deshidratada es una increíble fuente de minerales para nuestro organismo. Hoy se aprovechan minerales como el calcio, potasio, hierro, magnesio y la muy beneficiosa fibra alimentaria, que favorece el sistema digestivo, cardiovascular e inmunológico.