Volver a la rutina después de las fiestas no siempre es fácil, especialmente cuando el cuerpo pide equilibrio tras los excesos. En ese contexto, una preparación ancestral está ganando protagonismo en los desayunos de muchas personas, incluidas algunas celebridades: la sopa de miso.
Puede resultar sorprendente pensar en una sopa a primera hora del día, pero en la cultura japonesa es una práctica habitual desde hace siglos. Y no es casualidad.
La sopa de miso: un alimento ancestral con sentido
El miso es un alimento fermentado elaborado principalmente a partir de soja. Su uso se remonta a más de mil años atrás y responde a una lógica nutricional muy sólida.
Existen dos tipos de miso que se utilizan con mayor frecuencia: miso blanco y miso rojo. El miso blanco es más dulce y suave, debido a su menor tiempo de fermentación, que suele ser de unos pocos meses. Sin embargo, el que más interés despierta a nivel nutricional es el miso rojo, ya que puede fermentar durante años.
Los beneficios de la sopa de miso
Al estar fermentado, el miso transforma algunas isoflavonas de la soja, como la genisteína y la daidzeína, en compuestos más biodisponibles, es decir, más fáciles de absorber y utilizar por el organismo.
Estas sustancias resultan especialmente interesantes durante el climaterio, ya que contribuyen a regular el equilibrio hormonal. No se trata de una solución milagrosa, pero su consumo habitual puede ser un apoyo valioso dentro de una alimentación equilibrada.
Además, al compararlo con bebidas estimulantes como el café, la diferencia es notable. El café genera un pico hormonal rápido y brusco, mientras que la sopa de miso actúa de forma suave y progresiva. En lugar de excitar el sistema, armoniza el organismo.
Uno de los aspectos clave del miso es que se consume caliente. Esto tiene un impacto directo en la digestión y en los niveles de energía. En muchas dietas occidentales predominan desayunos fríos, fruta, yogur, batidos, que pueden generar una sensación de cansancio o “apagado” energético.
Una sopa caliente, en cambio, activa suavemente el cuerpo, favorece la digestión y aporta una energía sostenida, sin altibajos.
Un desayuno que también seduce a las famosas
Nombres como Amelia Bono, Gwyneth Paltrow o Tamara Falcó han incorporado la sopa de miso a su rutina matinal.
Más allá de la tendencia, el interés se explica por sus propiedades: al estar fermentado, el miso aporta probióticos, que benefician la flora intestinal y el eje intestino-cerebro. También contiene vitamina K, fundamental para que el calcio se deposite en los huesos y no en las arterias.
Además, el miso tiene un alto poder saciante, lo que lo convierte en una opción interesante tanto para el desayuno como para controlar el hambre entre horas.
El miso como fuente de energía
Desde la visión de la nutrición oriental, el miso es un alimento tonificante. No enfría ni sobrecalienta el organismo, sino que genera una sensación de equilibrio general.
Se considera que tonifica el Qi, la energía vital, especialmente la relacionada con el aparato digestivo, bazo y estómago. También nutre la energía del riñón, un aspecto especialmente relevante en la mujer, ya que este órgano se vincula con el elemento agua y procesos como la menstruación.
Por ello, se recomienda tomarlo a primera hora de la mañana, idealmente entre las siete y las nueve, o también entre las tres y las cinco de la tarde, para trabajar específicamente la energía del riñón.
¿Hay algún riesgo por tomar soja?
A pesar de sus beneficios, el consumo de soja ha generado dudas, especialmente en relación con el cáncer de mama. Sin embargo, la evidencia científica actual indica que los productos de soja no aportan niveles de estrógeno suficientes como para aumentar el riesgo.
Las isoflavonas vegetales se comportan de forma distinta al estrógeno humano y, de hecho, podrían tener un efecto protector. Diversos estudios señalan que el consumo moderado de soja es seguro e incluso beneficioso, incluso tras un diagnóstico de cáncer de mama.
Incorporar sopa de miso al desayuno no es una moda exótica ni un capricho de celebridades. Es una práctica ancestral que responde a una lógica nutricional profunda: calor, fermentación, equilibrio y energía sostenida.
Quizá la verdadera pregunta no sea si nos animamos a probarla, sino si estamos dispuestos a replantear la forma en la que empezamos el día. Porque a veces, la tradición milenaria tiene más sentido que cualquier tendencia pasajera.