Las tontas y las listas: rosquillas tradicionales para celebrar San Isidro

Las tontas y las listas: rosquillas tradicionales para celebrar San Isidro

Estas rosquillas son una tradición castiza madrileña con la que celebrar el día del patrón de la ciudad de una forma dulce y deliciosa. Con la misma base, pero diferente intelecto, hay cuatro tipos: las tontas, las listas, las de Santa Clara y las francesas.
Rosquillas de San Isidro
Rosquillas de San Isidro
Sábado, Mayo 9, 2026 - 20:00

Como cada 15 de mayo, la ciudad de Madrid se llena de chulapos y chulapas dispuestos a bailar un chotis en honor a su patrón, San Isidro Labrador. Tradiciones que van pasando de generación en generación, como es el caso de las rosquillas del Santo. Son cuatro: las tontas, las listas, las de Santa Clara y las francesas.

Estos tipos de rosquillas son una tradición castiza madrileña con la que celebrar el día del patrón de la ciudad de una forma dulce y deliciosa.

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El origen de las rosquillas: Tía Javiera y un linaje no tan familiar

El origen de esta tradición se debe a Tía Javiera. De su nombre completo no se sabe nada, pero este apelativo familiar tiene su qué, pues ni siquiera existe certeza de que realmente existiera.

Desde el Horno de San Onofre, la mujer empezó a cocinarlas y venderlas por las calles de Madrid a finales del siglo XIX. La receta de esta comerciante llevaba aguardiente en lugar de azúcar y vendía sus dulces todos los 15 de mayo en su puesto de la Pradera de San Isidro.

Poco a poco, la fama de sus rosquillas fue creciendo y muchas personas comenzaron a imitar su receta y a venderlas asegurando ser familiares de Tía Javiera. Se cuenta incluso que, al ganar reconocimiento —y 'pelas'— con la receta, muchos corrieron el rumor de estar emparentados con la señora.

La gran cantidad de imitadores que le salieron a ‘Tía Javiera’ inspiró un sainete popular que decía: 

“Pronto no habrá, ¡Cachipé! / en Madrid duque ni hortera / que con la tía Javiera / emparentado no esté”.

Las rosquillas: misma base, distinto intelecto

La masa de estas rosquillas se elabora con harina, huevo, azúcar, aceite de oliva suave, levadura y anís —en grano o líquido—. El lío viene con la cobertura. Hoy en día, ese 15 de mayo en el que vas a pasear por la pradera las vas a encontrar con glaseados que van del chocolate a la lavanda, pero las originales son de cuatro tipos:

  • Las tontas: hacen honor a su nombre al tratarse de las más simples de las cuatro. Tan solo se bañan con un poco de huevo para que cojan un color más tostado al hornearlas.
  • Las listas: van recubiertas de un glaseado elaborado con azúcar, clara de huevo y limón, lo que deja las rosquillas con un característico color amarillento.
  • Las de Santa Clara: la cobertura está hecha con merengue seco que se coloca solo en la parte superior de la rosquilla. Las monjas clarisas fueron quienes empezaron su elaboración en el siglo XV y los beneficios que obtenían al venderlas los destinaban a obras de caridad.
  • Las francesas: son las más similares a las tontas. La mujer de Fernando VI, doña Bárbara de Braganza, mandó hacer a los cocineros de la Corte unas rosquillas nuevas, pues las tontas le parecían demasiado simples. Esta nueva versión dio lugar a unas rosquillas —las francesas— cubiertas de almendra picada y azúcar.
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