No es vanguardia, es falta de respeto al comensal

No es vanguardia, es falta de respeto al comensal
El respeto al comensal y la calidad del servicio no deberían depender de tendencias. Desde el abuso del QR hasta el tuteo impuesto o las prisas en mesa, analizamos las modas que están deteriorando la experiencia en muchos restaurantes.
No es vanguardia, es falta de respeto al comensal|
No es vanguardia, es falta de respeto al comensal|
Martes, Enero 13, 2026 - 12:30

La gastronomía evoluciona, pero el respeto al comensal y la excelencia en el servicio no deberían depender de modas. 

Analizamos las prácticas que, bajo la excusa de la modernidad, están deteriorando la experiencia en muchos restaurantes.

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Confundir cercanía con falta de respeto

Saludar con un “Hola chicas” a un grupo de señoras o preguntar “¿Chicas, qué vais a tomar?” no es cercanía: es condescendencia. El lenguaje en sala importa más de lo que parece. La cortesía no está reñida con la calidez, pero sí con la infantilización y el exceso de confianza no solicitado.

Mesas sin mantel… y sin lógica

Eliminar el mantel puede responder a una decisión estética, pero no poner plato de pan o no ofrecer un espacio claro para apoyar los cubiertos traslada al cliente un problema que es del restaurante. El diseño nunca debería ir en contra de la funcionalidad.

Cubiertos incorrectos y errores básicos de servicio

Servir pescado con cubiertos de carne no es una reinterpretación contemporánea del protocolo: es un error. Las normas de mesa no son caprichos, sino el resultado de siglos de experiencia pensada para el disfrute del comensal.

El imperio del QR y la desaparición del trato humano

Ofrecer la carta solo mediante código QR, o incluso obligar a pedir a través de una aplicación, puede ser cómodo para el restaurante, pero no siempre para el cliente. Un buen restaurante se adapta al comensal, no al revés.

Mesas demasiado juntas: cuando la intimidad desaparece

Optimizar el espacio no debería implicar perder privacidad. Comer pegado a la mesa de al lado, escuchar conversaciones ajenas o rozarse constantemente no forma parte de ninguna experiencia gastronómica memorable.

Las prisas nunca son elegantes

Pedir a un comensal que se dé prisa porque “hay que servir el siguiente plato” rompe por completo el ritual de la mesa. El tiempo del cliente no es el tiempo del pase.

Platos fuera de carta… y fuera de precio

Ofrecer sugerencias sin indicar su precio y descubrir después una cuenta inflada es una práctica inadmisible. La transparencia no es opcional: es una forma básica de respeto.

El vino mal servido

No dar a probar el vino ni servir la primera copa es una renuncia injustificable a uno de los gestos esenciales del servicio de sala. Y dar a probar el vino directamente al hombre sigue siendo un anacronismo sin cabida en la restauración actual.

“Aquí tienes los cubiertos, ya te apañas tú”

Colocar platos y cubiertos amontonados para que el cliente se sirva puede funcionar en contextos informales, pero no en restaurantes que aspiran a ofrecer una experiencia cuidada. El servicio también comunica valor.

Todo a la vez, porque sí

Servir entrantes y platos principales al mismo tiempo rompe el ritmo natural de la comida. Comer no es solo ingerir: es secuencia, pausa y coherencia.

La cuenta sin pedirla

Recibir la cuenta sin haberla solicitado genera incomodidad inmediata. Es una forma silenciosa de indicar que el tiempo del comensal ha terminado.

El tuteo impuesto

El tuteo puede ser cercano si es mutuo. Imponerlo cuando el cliente se dirige con respeto y formalidad crea una asimetría innecesaria. La cortesía debería marcar el tono, no la moda.

Un buen restaurante no es el que sigue todas las tendencias, sino el que sabe cuáles ignorar.

La modernidad nunca debería servir de excusa para recortar atención, cuidado o educación. Porque al final, lo que permanece en la memoria del comensal no es solo lo que comió, sino cómo fue tratado.

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