Vitolfilia: el arte de coleccionar la historia del Habano

Vitolfilia: el arte de coleccionar la historia del Habano

Orlando Arteaga Abreu reunió 4.291 anillas y unas 400 habilitaciones. Su historia demuestra que la vitolfilia conserva diseño, memoria y cultura.
anillas históricas de puros procedentes de distintas colecciones de vitolfilia
Colección de anillas históricas de Habanos
Ana María Domínguez Cruz title=
Ana María Domínguez Cruz
Tuesday, August 18, 2026 - 10:00

Una anilla puede caber en la palma de una mano y, sin embargo, contener el retrato de un monarca, el emblema de una ciudad, una antigua fábrica, una campaña comercial o el gusto gráfico de toda una época. La vitolfilia, entendida como el coleccionismo y estudio de las anillas de los cigarros puros, convierte esos pequeños impresos en documentos de historia, diseño y cultura.

Para Orlando Arteaga Abreu nunca fue una simple acumulación de papeles. Cuando Excelencias Gourmet lo entrevistó hace años, reunía 4.291 anillas y alrededor de 400 habilitaciones cubanas. En sus álbumes aparecían personalidades de la cultura y la política, banderas, aves y numerosas piezas organizadas por temas, fechas y procedencias.

Fundador de la Asociación Vitolfílica de Cuba y presidente de la entidad durante una década, Arteaga Abreu convirtió una afición nacida a finales de los años setenta en una labor de investigación. Su colección explicaba la evolución de las marcas, los recursos de la publicidad tabaquera y la manera en que Cuba proyectó sus productos más allá del propio Habano.

Qué es la vitolfilia y qué se colecciona

En el lenguaje del coleccionismo, la vitolfilia se refiere principalmente a la búsqueda, clasificación y estudio de las anillas o bandas que rodean los cigarros. En ellas suelen aparecer la marca, el país de origen, retratos, escudos, medallas, paisajes, animales, edificios, banderas o referencias a acontecimientos históricos.

Habanos, S.A. sitúa la introducción de las anillas alrededor de 1860 y relaciona su aparición tanto con la protección de los guantes de los fumadores como con la necesidad de diferenciar las marcas y dificultar las imitaciones. Con el tiempo, la anilla se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles del Habano y en una pieza apreciada por coleccionistas de distintos países.

La historia de estos impresos está vinculada a la expansión de la litografía y a la competencia entre las fábricas. El artículo de Excelencias Gourmet sobre la litografía que viste al Habano explica cómo los retratos, las alegorías, los dorados y los relieves ayudaron a construir una identidad reconocible para cada marca.

Cuatro anillas históricas cubanas con retratos, escudos y marcas de tabaco
Las anillas reúnen retratos, escudos, marcas y recursos gráficos que permiten recorrer la historia del tabaco y de su publicidad.

La vitolfilia no se limita a las anillas. Dentro de este campo aparece también la habilitolfilia, dedicada a las habilitaciones: las etiquetas y elementos decorativos que visten las cajas por dentro y por fuera.

La documentación oficial de Habanos distingue piezas como la cubierta, la vista interior, el bofetón, los filetes, el tapaclavo y las papeletas. Cada una ocupa un lugar y cumple una función dentro de la presentación de la caja.

Estos materiales pertenecen al universo de los impresos efímeros: objetos concebidos originalmente para acompañar un producto y no para sobrevivir durante décadas. Su conservación actual permite estudiar técnicas de impresión, iconografía, comercio, nombres de fábricas y estrategias de identidad visual. La Biblioteca Nacional de España conserva cerca de cien mil imágenes dentro de su colección de ephemera, entre las que se encuentran marquillas cigarreras y habilitaciones.

Orlando Arteaga Abreu: una vida organizada en álbumes

La relación de Orlando Arteaga Abreu con este mundo comenzó en 1979, cuando empezó a trabajar como vicedirector de la agencia encargada de la publicidad en la Empresa Cubana del Tabaco. Allí entró en contacto con coleccionistas que le mostraron sus piezas y comenzaron a obsequiarle algunas.

Un año después ya se consideraba vitólfilo. Con el tiempo, su colección creció hasta reunir miles de anillas, numerosas habilitaciones y un conocimiento que lo llevó a convertirse en una de las figuras destacadas de esta afición en Cuba.

Graduado en Ciencias Jurídicas por la Universidad de La Habana en 1985, Arteaga Abreu no separó el coleccionismo de la investigación. Fue autor de trabajos como Fábricas, fabricantes y marcas de tabaco, publicado en 1997; Apuntes para una historia de la vitolfilia universal, de 1999; y Marcas cubanas de tabaco del siglo XIX, también de 1999.

La organización temática ocupaba un lugar esencial en su trabajo. Retratos, banderas, fauna, flora, deportes, transportes, heráldica, edificaciones y marcas comerciales figuraban entre los asuntos más buscados por los coleccionistas. La clasificación no era una cuestión decorativa: permitía comparar piezas, detectar variantes y reconstruir la historia de una fábrica o de una serie.

Su trayectoria fue reconocida con siete trofeos en concursos vitolfílicos celebrados en España y con diferentes distinciones en Cuba, entre ellas el Premio Vitolfílico a la Obra de la Vida en 2010.

Entre todas sus posesiones, una ocupaba un lugar especial: un cuadro que reunía siete anillas representativas de la evolución de Cohiba. Había recibido ofertas para venderlo, pero su respuesta situaba la colección fuera del mercado: tenía para él un “valor sentimental” y formaba parte de su vida.

Esa pieza resumía una idea que atraviesa toda colección seria. El valor económico puede variar según la rareza, el estado o la demanda, pero no siempre coincide con el valor biográfico. Una anilla recibida de otro coleccionista, encontrada después de años de búsqueda o asociada a un recuerdo puede ser insustituible aunque no alcance una gran cotización.

Arteaga Abreu lo expresó con una frase sencilla: “Cada pieza encierra una historia”. Para él, coleccionar exigía estudiar, investigar, organizar y seleccionar. La colección completa importaba más que una pieza aislada.

Cómo organizar y conservar una colección de anillas

Comenzar una colección de vitolfilia no requiere reunir inmediatamente cientos de ejemplares. Lo más importante es definir un criterio. Puede organizarse por marcas, países, personajes, animales, heráldica, acontecimientos, técnicas de impresión o periodos históricos.

Una ficha básica ayuda a que la colección gane valor documental. Conviene registrar:

  • Marca y fabricante, cuando puedan identificarse.
  • País, ciudad o fábrica vinculados a la pieza.
  • Tema representado: retrato, escudo, animal, paisaje o acontecimiento.
  • Procedencia de la anilla y fecha de incorporación a la colección.
  • Estado de conservación, manchas, pérdidas o dobleces.
  • Variantes conocidas de color, relieve, texto o tamaño.

Las reproducciones y piezas de nueva fabricación deben mantenerse identificadas y separadas de los originales. Una impresión convincente no posee el mismo valor histórico que una anilla producida para su uso comercial en la época correspondiente. La procedencia y la documentación resultan tan importantes aquí como en la guía sobre cómo comprobar la autenticidad de un Habano.

Como cualquier obra sobre papel, las anillas sufren con la luz intensa, la humedad inestable, los adhesivos y la manipulación continuada. Es preferible utilizar álbumes, carpetas o fundas fabricados con materiales estables, libres de ácido y lignina, y mantener las piezas alejadas de la luz solar directa.

Tampoco conviene pegarlas de manera irreversible a una hoja. Las esquinas fotográficas de conservación, las fundas de poliéster adecuadas para archivo o los compartimentos individuales permiten observarlas sin someterlas a un contacto constante. Las recomendaciones de la Library of Congress para conservar obras sobre papel insisten precisamente en reducir la exposición a la luz y emplear carpetas, cajas o fundas protectoras aptas para archivo.

Digitalizar la colección aporta otra capa de protección. Una fotografía del anverso y el reverso, acompañada de una ficha, facilita las consultas y reduce la necesidad de manipular el original. También permite compartir información con otros coleccionistas sin perder el control sobre las piezas.

El diccionario del mundo del puro ayuda a diferenciar conceptos que suelen confundirse: anilla, vitola, habilitación, bofetón, filete, tapaclavo o ligada. En vitolfilia, nombrar correctamente cada elemento es el primer paso para catalogarlo.

Se lamenta escasa presencia de jóvenes en esta afición. Ese desafío continúa siendo relevante para cualquier coleccionismo construido sobre objetos frágiles y conocimientos transmitidos entre generaciones. Fotografiar, catalogar, investigar y publicar las colecciones permite que la información no desaparezca cuando cambia de manos.

La vitolfilia conserva mucho más que el envoltorio de un producto. En sus álbumes sobreviven talleres gráficos, marcas desaparecidas, personajes históricos, modas visuales y formas de entender el comercio. Orlando Arteaga Abreu lo comprendió pronto: coleccionar también es estudiar, elegir y preservar una memoria que, de otro modo, podría perderse.

Aviso: fumar perjudica seriamente la salud. Contenido cultural e informativo dirigido exclusivamente a personas adultas.

Buscar