La casa donde Robin Williams dejó una sonrisa

La casa donde Robin Williams dejó una sonrisa

La antigua Villa Sorriso de Robin Williams renació como Pym-Rae, un gran vino de Napa que conserva el nombre que el actor dio al viñedo por sus hijos.
Villa Sorriso, antigua propiedad de Robin Williams en Napa Valley, rodeada de viñedos y paisaje de Mount Veeder.
Villa Sorriso, la casa de Robin Williams que dio origen a Pym-Rae
Wednesday, October 21, 2026 - 18:00

En las montañas de Napa Valley, una antigua propiedad del actor conserva una historia familiar que, años después de su muerte, encontró una nueva vida en manos de los Tesseron, una familia de viticultores franceses.

Robin Williams tenía una manera extraordinaria de mirar el mundo. Donde otros encontraban una situación cotidiana, él descubría una oportunidad para sonreír. Su humor era rápido, imprevisible, a veces disparatado, pero detrás de aquella energía había una sensibilidad poco común. Quizá por eso resulta tan fácil imaginarlo en una casa rodeada de olivos, jardines y viñedos, disfrutando de una larga sobremesa mientras el sol desaparece entre las montañas de California.

La llamó Villa Sorriso. La villa de las sonrisas.

El nombre parecía más propio de una residencia familiar en la Toscana que de una propiedad estadounidense. Y, en cierto modo, aquella era la intención de su arquitectura. Situada en Mount Veeder, en las montañas que dominan Napa Valley, la residencia evocaba las grandes villas italianas, con sus fachadas luminosas, terrazas abiertas al paisaje y esa relación tan mediterránea entre la casa, el jardín y la tierra. Un pequeño universo donde la naturaleza parecía formar parte de la vida doméstica.

Williams había encontrado allí un refugio alejado de Hollywood. La propiedad, cuya residencia principal se terminó en 2003, ocupaba más de 250 hectáreas entre bosques, olivares y viñedos. Tenía biblioteca, cine privado, piscina, pista de tenis y una bodega doméstica. Pero lo verdaderamente interesante no estaba en sus dimensiones, sino en un pequeño viñedo que el actor decidió bautizar con un nombre muy personal: Pym-Rae.

Pym era el segundo nombre de su hijo Zachary. Rae, el de su hija Zelda. Dos nombres unidos para identificar una parcela de tierra que, seguramente sin imaginarlo, acabaría convirtiéndose en una de las herencias más singulares de su historia familiar.

Robin Williams no era productor de vino y las uvas de la propiedad se vendían a otras bodegas de California. Aquel viñedo formaba parte del paisaje de Villa Sorriso, como los olivares o los jardines, y todavía estaba lejos de convertirse en un proyecto vinícola independiente.

Sin embargo, las casas, incluso aquellas que parecen construidas para durar eternamente, cambian de manos.

En 2012, Williams puso Villa Sorriso a la venta. Un año después reconocería en una entrevista que necesitaba reducir su nivel de vida y que mantener aquella propiedad se había vuelto demasiado costoso. Por desgracia, su muerte, en agosto de 2014, llegó antes de que encontrara comprador.

La historia de Villa Sorriso parecía haber terminado, pero en realidad, estaba a punto de comenzar otra.

En enero de 2016, la familia Tesseron, propietaria también de Pontet Canet en Burdeos y Cognac Tesseron, adquirió la propiedad. Los franceses llegaban desde Burdeos, no solamente con la ilusión del nuevo proyecto sino con la experiencia y energía que transmite una de las propiedades históricas de Pauillac. Durante generaciones habían aprendido a interpretar la tierra, observar las estaciones y aceptar que el vino exige algo que resulta cada vez más escaso: paciencia. He tenido la suerte de visitar Pontet Canet y os puedo decir que la energía que transmite este lugar, los caballos trabajando la tierra, la sensibilidad por lo natural, es increíble.

Su llegada a California no fue casual. Llevaban más de cuatro años buscando una propiedad en Napa Valley. Villa Sorriso, sin embargo, presentaba una particularidad: tenía una residencia descomunal y relativamente pocas hectáreas de viñedo. Lo que terminó por convencerlos fue precisamente aquella pequeña superficie cultivada, situada a unos 550 metros de altitud, donde las condiciones del suelo y del clima ofrecían posibilidades interesantes.

La familia no pretendía reproducir Pontet-Canet al otro lado del Atlántico. Napa tenía su propia personalidad, otra luz, otras temperaturas y una manera diferente de expresar las variedades bordelesas. Había que escuchar aquel territorio antes de decidir qué hacer con él.

Comenzaron entonces una transformación agrícola basada en principios biodinámicos y en el cultivo sin riego. Introdujeron prácticas que ya conocían de Francia, adaptándolas a las condiciones de Mount Veeder. El cabernet sauvignon, acompañado de merlot y cabernet franc, encontró así una nueva interpretación, marcada por la altitud y por el carácter de aquellas montañas californianas.

La primera vendimia llegó en 2016. Con ella nació un vino que llevaba consigo dos historias aparentemente distantes: la de una familia francesa dedicada durante generaciones a la viticultura y la de un actor estadounidense que había elegido aquel rincón del mundo para construir su refugio.

Los Tesseron tomaron entonces una decisión especialmente significativa. Conservaron el nombre Pym-Rae.

Podrían haber elegido una denominación francesa, recurrir al apellido familiar o crear una identidad completamente nueva. Prefirieron mantener las dos palabras que Robin Williams había escogido pensando en sus hijos. La decisión encajaba, además, con una tradición de la familia francesa: respetar los nombres originales de sus propiedades.

Hay otro objeto que parece unir ambas historias. En la casa se conservó un globo del Daily Planet, relacionado con las películas de Superman, que Christopher Reeve había regalado a su amigo Robin Williams. Aquel recuerdo de una amistad nacida mucho antes de la fama acabaría vinculado también a la identidad gráfica de Pym-Rae. Un detalle inesperado que conecta el cine, la amistad y el vino.

Hoy Pym-Rae forma parte del panorama internacional de los grandes vinos de Napa Valley. Su historia continúa creciendo mientras la familia desarrolla nuevas instalaciones y mantiene el trabajo iniciado en aquellos viñedos de montaña. Pero quizá lo más interesante de todo no tenga que ver con la calidad del vino, sus puntuaciones o su reconocimiento.

Tiene que ver con la memoria.

En el mundo del vino hablamos constantemente de herencia, de generaciones y de respeto por quienes trabajaron una tierra antes que nosotros. Sin embargo, pocas veces encontramos una historia en la que esa idea resulte tan tangible.

Robin Williams murió sin conocer el vino que acabaría llevando el nombre de sus hijos. Los Tesseron llegaron después, con otra cultura y otra manera de entender aquel paisaje. Entre ambos quedó una casa de inspiración italiana, una tierra californiana y dos nombres que nadie quiso borrar.

Quizá las mejores historias del vino sean precisamente esas: las que comienzan mucho antes de que alguien descorche una botella.

En algún lugar de Napa Valley, entre olivos y viñedos, la sonrisa de Robin Williams todavía tiene nombre.

Roberto Lorentre Úcar


Fuentes y más información:

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