La cerveza que nació en una iglesia y ganó el oro mundial

La cerveza que nació en una iglesia y ganó el oro mundial
Hofbauer, una microcervecería artesanal fundada en 1894 en el sótano de una iglesia de Minas Gerais, gana el oro mundial con su Weissbier elaborada con métodos centenarios.
Cerveza Hofbauer
Cerveza Hofbauer
Domingo, Enero 11, 2026 - 12:30

En un rincón inesperado de Minas Gerais, donde la fe, la historia y la vida comunitaria se entrelazan desde hace más de un siglo, una microcervecería artesanal acaba de escribir una de esas historias que solo la gastronomía es capaz de contar. Bajo el suelo de una iglesia, en un espacio que durante décadas ha sido parte de la vida parroquial, se elabora una cerveza que hoy compite, y gana, entre las mejores del mundo.

Se trata de Hofbauer, una cervecería fundada en 1894 por misioneros holandeses que llevaron consigo no solo su fe, sino también el conocimiento cervecero centroeuropeo. Más de cien años después, su WeissBier ha sido reconocida con la medalla de oro en una competencia internacional que reunió a más de 1.400 cervezas de distintos países, en la categoría German-Style Leichtes Weizen.

Tradición líquida, sin atajos

La cerveza premiada es una Weissbier de 5,3 % de alcohol, elaborada bajo métodos tradicionales, fiel al estilo alemán más clásico. En copa, despliega aromas especiados y frutales, con notas de plátano maduro y clavo, una textura ligera y una frescura que la hace profundamente bebible. 

No hay artificios ni reinterpretaciones modernas: el secreto está en el respeto absoluto por la técnica y el tiempo.

Y ese respeto se materializa también en la forma de producción. Hofbauer sigue trabajando con maquinaria centenaria importada de Europa, cuidadosamente conservada y adaptada, en volúmenes limitados que priorizan la calidad por encima de la escala. Aquí no hay prisas industriales ni obsesión por crecer; hay oficio, paciencia y coherencia.

Una cervecería con alma comunitaria

Pero el valor de Hofbauer va más allá del premio y del producto. Su modelo es tan singular como su ubicación. Todas las ganancias de la cervecería se destinan a obras sociales de la parroquia, convirtiendo cada botella en una forma de apoyo directo a la comunidad local. Beber esta cerveza no es solo disfrutar de una gran Weissbier: es participar de un proyecto colectivo que lleva más de un siglo funcionando.

Este enfoque artesanal y solidario explica también por qué la cervecería se mantiene deliberadamente pequeña. 

La producción limitada no responde a una imposibilidad de crecer, sino a una decisión consciente: preservar la identidad, el control del proceso y el vínculo con el entorno.

Cuando el lugar también fermenta

Que una cerveza nacida en el sótano de una iglesia alcance el reconocimiento internacional no es solo una anécdota pintoresca. Es una demostración de que la excelencia gastronómica puede surgir en los lugares más insospechados cuando hay conocimiento, respeto por la tradición y una historia auténtica detrás.

En tiempos en los que la cerveza artesanal busca diferenciarse a base de extremos, Hofbauer recuerda que la verdadera singularidad está en la coherencia. En entender el producto como parte de una cultura, de una comunidad y de una memoria viva.

Desde Minas Gerais al mundo, esta Weissbier demuestra que no hacen falta grandes fábricas ni discursos grandilocuentes para competir al más alto nivel. A veces, basta un sótano, una iglesia, una receta centenaria… y la convicción de hacer las cosas bien.

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