A simple vista puede parecer un detalle menor, pero el color del queso dice mucho más de lo que creemos. No es solo una cuestión estética ni de tradición: el tono del queso puede ofrecer pistas claras sobre su contenido graso y su proceso de elaboración.
En términos generales, existe una regla sencilla que ayuda a orientarse en la mesa o en el supermercado:
cuanto más blanco es el queso, menor suele ser su contenido graso; cuanto más amarillo o anaranjado, mayor concentración de grasa.
Por qué el color del queso está relacionado con la grasa
El color del queso depende de varios factores, entre ellos:
- El tipo de leche (vaca, cabra, oveja)
- La cantidad de grasa
- El proceso de maduración
- La alimentación del animal
La grasa láctea tiende a retener pigmentos naturales como el betacaroteno, especialmente en la leche de vaca. A mayor grasa y mayor curación, más intenso será el color, pasando del blanco al amarillo profundo o incluso anaranjado.
Quesos con menos grasa (más blancos)
Los quesos de color blanco o muy claro suelen ser más frescos, con menor contenido graso y menor tiempo de maduración. Son opciones habituales en dietas equilibradas o de control calórico.
Entre los quesos con menos grasa destacan:
- Queso fresco
- Requesón
- Ricotta
- Queso cottage
- Queso de Burgos
- Quesos frescos de cabra
Estos quesos contienen más agua, menos grasa concentrada y una textura más húmeda. Además, suelen aportar proteínas de alta calidad con menor carga calórica.
Quesos con más grasa (amarillos o anaranjados)
Los quesos de color amarillo intenso o anaranjado suelen ser más curados, más concentrados y con mayor contenido graso. La maduración reduce el agua y concentra tanto sabor como grasa.
Algunos ejemplos de quesos con mayor contenido graso:
- Cheddar
- Gouda
- Emmental
- Gruyère
- Manchego curado
- Parmesano
- Quesos azules (como roquefort o gorgonzola)
Estos quesos no son “malos”, pero sí más calóricos y potentes, por lo que conviene consumirlos en porciones moderadas.
El color no lo es todo: matices importantes
Aunque el color es una buena pista, no es una regla absoluta. Algunos quesos:
- Añaden colorantes naturales como el achiote
- Proceden de leches más ricas en grasa, como la de oveja
- Pueden ser claros pero concentrados en grasa
Por eso, además del color, es recomendable leer la etiqueta nutricional, fijarse en el porcentaje de grasa y en el tipo de leche utilizada.
Elegir queso con más conciencia
Entender lo que comemos nos permite elegir mejor sin demonizar alimentos. El queso puede formar parte de una alimentación equilibrada si se ajusta el tipo y la cantidad al contexto:
- Para consumo diario: quesos frescos y blancos
- Para ocasiones especiales: quesos curados y más grasos
- Para sabor intenso con poca cantidad: quesos muy curados
El color del queso no decide por nosotros, pero nos ayuda a tomar decisiones más informadas.
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