El vino del futuro se diseña con inteligencia artificial y podría nacer sin alcohol
Durante décadas, el vino ha sido territorio de tradición, intuición, paisaje y herencia. Pero en Zaragoza, durante dos intensas jornadas, el mensaje fue otro: el futuro del sector será también tecnológico, predictivo y profundamente científico.
La nueva edición de Enoforum, uno de los principales encuentros europeos dedicados a la ciencia aplicada al vino, reunió a cerca de 700 profesionales del sector procedentes de distintos países europeos para debatir sobre los desafíos que afronta una industria obligada a reinventarse.
Y las conclusiones no fueron menores. Desde el desarrollo de herramientas basadas en inteligencia artificial capaces de anticipar vendimias, hasta la consolidación del vino sin alcohol como categoría con futuro propio, pasando por tecnologías para reducir contaminaciones microbiológicas o mejorar rendimientos, el congreso dejó una sensación clara: el vino que viene se parecerá mucho menos al de ayer de lo que muchos imaginan.
La inteligencia artificial entra en la bodega
Una de las grandes líneas de trabajo que ya asoman en el horizonte es la aplicación de inteligencia artificial al mundo del vino. No solo para optimizar procesos productivos, sino para responder a una de las grandes obsesiones del sector: reducir incertidumbre.
Antonio Palacios, director de Enoforum, apuntó durante el encuentro la posibilidad de desarrollar aplicaciones capaces de predecir vendimias incluso desde la fase de floración. La idea parece futurista, pero no lo es tanto: saber con antelación cuánta uva llegará realmente cada campaña permitiría ajustar producción, evitar sobreoferta, planificar recursos y reducir parte de la volatilidad económica que afecta al sector.
Pero la IA no se quedaría ahí. También podría ayudar a anticipar qué estilo de vino tendría más sentido elaborar en función de mercado, demanda o condiciones agrícolas. En otras palabras: menos intuición aislada y más inteligencia predictiva.
¿Ha llegado la hora del vino sin alcohol?
Otro de los debates más significativos del encuentro fue el del vino sin alcohol, un tema que hace apenas unos años habría generado escepticismo en buena parte del sector, pero que hoy empieza a contemplarse con mucha menos resistencia.
La razón es sencilla: el consumo tradicional de vino desciende, especialmente entre generaciones más jóvenes, mientras otras categorías han demostrado que la desalcoholización puede construir mercado. La comparación con la cerveza es inevitable.
Según recordó Antonio Palacios, hoy aproximadamente el 15% de la cerveza consumida en España es sin alcohol, lo que sitúa al país como líder mundial en esta categoría. La pregunta es si el vino seguirá el mismo camino. Y dentro del sector, cada vez más voces creen que sí.
Hasta el punto de plantear un escenario particularmente llamativo: viñedos diseñados específicamente para producir vinos sin alcohol. Hace unos años sonaba casi provocador. Hoy empieza a sonar plausible.
Ultrasonidos, altas presiones y ciencia aplicada
Más allá de los grandes titulares, Enoforum también puso sobre la mesa una transformación menos visible pero igualmente profunda: la incorporación al sector vinícola de tecnologías ya habituales en industrias altamente tecnificadas, como la alimentación o la farmacéutica.
Ultrasonidos, altas presiones, control microbiológico avanzado, herramientas de medición más precisas y sistemas capaces de reducir riesgos o mejorar eficiencia forman parte de esa nueva caja de herramientas. El objetivo no es sustituir la identidad del vino, sino protegerla haciéndola más sostenible, rentable y técnicamente controlable.
Como explicó Palacios, se trata de llevar al mundo del vino nuevas tecnologías que permitan mejorar rendimientos, solventar problemas como las contaminaciones microbiológicas y, sobre todo, aprender a medir mejor para poder prevenir.
Menos vino, pero mejor
El trasfondo económico del debate también estuvo muy presente. El sector atraviesa una etapa compleja marcada por cambios en consumo, tensiones de mercado y necesidad de eficiencia.
Luis Butrón, presidente de la Federación Española de Enología, apuntó precisamente hacia esa necesidad de controlar mejor los costes sin comprometer la calidad. La idea que sobrevuela es clara: producir menos, pero producir mejor.
En esa misma línea, Palacios defendió la necesidad de impulsar el consumo de vino de forma positiva, evitando caer en la especulación y apostando por un modelo de mayor precisión. La ciencia, en este contexto, no aparece como una amenaza para el vino, sino como una herramienta para ordenar mejor el futuro del sector.
Zaragoza, laboratorio estratégico del futuro del vino
No es casual que este debate ocurra en Zaragoza. La ciudad se ha consolidado como nodo estratégico para el sector, no solo por ubicación geográfica, sino por su cercanía a algunos de los grandes territorios vitivinícolas españoles.
Con cinco denominaciones de origen en Aragón y conexiones naturales con Rioja, Cataluña, País Vasco o Levante, el enclave tiene sentido práctico y simbólico. Enoforum se celebra cada dos años en Zaragoza, alternándose con Enomaq, el certamen especializado en maquinaria para el vino.
Pero más allá de la geografía, lo que dejó esta edición de Enoforum es una idea más ambiciosa. Que el vino del futuro ya no se está imaginando: se está diseñando.