Tascalate: la herencia líquida de Chiapas

Tascalate: la herencia líquida de Chiapas
El tascalate es una bebida tradicional de Chiapas con raíces prehispánicas. Elaborado con maíz, cacao y achiote, sigue vivo como parte del patrimonio gastronómico y la memoria colectiva del sureste de México.
Tascalate
Tascalate
Jueves, Enero 8, 2026 - 23:00

El tascalate es mucho más que una bebida refrescante. Es una herencia viva del sureste de México, un gesto cotidiano que atraviesa siglos de historia y que sigue conectando a quienes lo beben con el territorio del que nace.

Consumido desde tiempos prehispánicos en Chiapas, el tascalate ha acompañado la vida diaria, los rituales comunitarios y la memoria colectiva de la región. Hoy, lejos de desaparecer, permanece activo en mercados, fondas y hogares, donde se prepara con la misma naturalidad con la que se transmite una tradición.

Una bebida con raíces profundas

El origen del tascalate se remonta a las culturas mesoamericanas que habitaron el sur del actual México. Su base, maíz tostado, cacao, achiote y canela, habla de una cocina ligada a la tierra, al clima y a los ingredientes disponibles, pero también de una forma de entender la alimentación como equilibrio y sustento.

Antes de ser una bebida festiva, el tascalate fue alimento, energía y símbolo. Se tomaba frío para combatir el calor y también como parte de celebraciones y encuentros sociales. Cada familia, cada comunidad, ha mantenido su propia proporción y ritual de preparación, reforzando su carácter identitario.

Del mercado a la mesa familiar

Hoy, el tascalate sigue siendo parte del paisaje cotidiano chiapaneco. Se vende en polvo en mercados tradicionales, se mezcla con agua o leche y se sirve bien frío. No necesita artificios ni reinterpretaciones para seguir vigente: su fuerza reside precisamente en su sencillez y autenticidad.

Beber tascalate es beber territorio. Es reconocer el valor del maíz como eje cultural, del cacao como herencia ancestral y del achiote como vínculo con la cocina regional. Cada sorbo conecta pasado y presente sin nostalgia, desde la normalidad de lo cotidiano.

Patrimonio que se bebe

En un contexto global donde muchas bebidas tradicionales desaparecen o se diluyen en versiones comerciales, el tascalate resiste como patrimonio líquido. No busca ser tendencia ni moda: existe porque sigue siendo útil, querido y compartido.

Más que refrescar, el tascalate recuerda que la gastronomía también es memoria. Y que algunas tradiciones no se conservan en vitrinas, sino en vasos que pasan de mano en mano, generación tras generación.

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