En el esquí, no todo es cuánta nieve hay, cómo clavan los bastones o la destreza al bajar una pista roja. Hay otro factor igual de decisivo para disfrutar de la jornada: dónde parar a comer o a brindar. Cuando el sol acompaña, muchos esquiadores dividen el día a partes iguales entre la nieve y la mesa. Y es que, tras varias horas de descenso, un buen bar o restaurante puede ser tan necesario como el forfait.
Si eres de los que pasan las Navidades, fines de semana alternos, la Semana Blanca o la Pascua subiendo y bajando montañas con las tablas en los pies, esta guía te interesa. Un recorrido por algunas de las mejores direcciones gastronómicas cerca de estaciones de esquí en España y Andorra, ideales para descansar, reponer fuerzas o simplemente alargar el placer après-ski.
Formigal–Panticosa: el Pirineo que también se saborea
En Formigal–Panticosa, la oferta gastronómica se consolida año tras año. Uno de los nombres propios es Varra Formigal, el proyecto de aire pirenaico firmado por Jorge Velasco y Joaquín Serrano, que conquistó a los esquiadores la temporada pasada.
En los alrededores destacan clásicos como Casa Arcas, hotel-restaurante con cocina de territorio; La Era de los Nogales, una referencia gastronómica de la zona; o La Glera, refugio de montaña situado a más de 2.000 metros de altitud, ideal para una parada reconfortante entre pistas.
Andorra: alta gastronomía entre pistas
Más allá de España, Andorra eleva el listón del après-ski gastronómico. El chef Nandu Jubany firma Piolet & Vodka Bar, situado cerca de Grandvalira, una propuesta informal pero cuidada. Por su parte, Francis Paniego lidera Ibaya, el restaurante gastronómico del Koy Hermitage, donde convive con Koy Hermitage Japanese Cuisine, dirigido por Hideki Matsuhisa, una referencia de la alta cocina japonesa en alta montaña.
Masella y Pirineo catalán: cocina de montaña con identidad
En la estación de Masella, una parada obligatoria es el Restaurante Pla de Masella, perfecto para comer sin alejarse de las pistas. Si el plan se amplía al Pirineo catalán, aparecen direcciones con carácter como Fogony (Lleida), el Hotel Monegal en Sant Llorenç de Morunys o el Hotel Montanya & Spa de Prullans, donde la gastronomía acompaña a la experiencia de descanso.
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Cerler: tradición, chimeneas y vinos del Somontano
En Cerler, en pleno Pirineo aragonés, la oferta es tan variada como atractiva. Desde la Pizzería El Bosque, ubicada en una cabaña en lo alto de la montaña, hasta Parrilla Cota Dosmil, pensada para esquiadores de todos los presupuestos.
En el pueblo, la terraza de Planet 81 parece salida de un cuento alpino, mientras que La Borda del Mastín recuerda a esos templos gastronómicos que bien podrían protagonizar un documental. Y ya que estamos en la zona, resulta casi obligatorio completar la experiencia con una cata de vinos del Somontano.
Sierra Nevada (Granada): gastronomía a gran altura en el sur
El mapa ibérico demuestra que el esquí no es exclusivo del norte. En el sur, Sierra Nevada protagoniza cada invierno su propio milagro blanco. En la zona de Borreguiles, las terrazas y espacios gastronómicos conforman casi un pequeño centro comercial en altura, donde se puede disfrutar desde una comida informal al sol hasta propuestas más elaboradas con vistas a las cumbres. Destacan espacios como La Alcazaba, uno de los clásicos a pie de pista, o Restaurante Tito Luigi, muy frecuentado por esquiadores que buscan una pausa reconfortante antes de volver a calzarse las tablas.