Quien diga que el helado pertenece exclusivamente al verano, se equivoca de estación… y de postre. El helado es un alimento versátil y, sobre todo, divertido. Puede ser el broche final de una cena en la que llevas conteniéndote desde el primer plato o el acompañante perfecto del paseo pertinente en una primera cita. Y para cada helado, hay un vino que lo realza. Sí, los maridajes son mucho más amplios —y mágicos— de lo que imaginas. ¿Combinar vino con helado? Un acierto absoluto.
En la alta cocina, el helado hace tiempo que dejó de limitarse al final dulce del menú. Hoy se integra con naturalidad en platos salados, integrando ingredientes como el foie, el aguacate o la hierbabuena, siempre con su correspondiente copa. Pero cuando se trata del postre, el vino despliega todo su potencial: una bebida intensa capaz de convertirse en el aliado perfecto del dulzor extremo.
4 ideas para maridar la bodega con el congelador
Vino tinto con helado de chocolate
Los vinos tintos con crianza son grandes amigos del chocolate amargo. Un malbec en la copa y cacao puro en el plato forman una combinación ganadora. Si prefieres chocolate con leche, una pinot noir o una syrah resultan opciones redondas, equilibradas y elegantes.
Moscatel con helado de mandarina
El frescor cítrico del helado equilibra el dulzor cálido del vino. El moscatel es una elección clásica, aunque cualquier vino dulce que reserves para una cena especial funcionará como aliado. Helados de naranja o incluso de menta encajan a la perfección, y si buscas un toque más festivo, las burbujas de un vino espumoso aportan frescura y dinamismo. Una mimosa bien fría podría rondar la idea… pero esto es un maridaje, no un experimento.
Vino rosado con helado de fresa
No es solo una cuestión de color, aunque ayuda. El helado de fresa y el vino rosado comparten un perfil fresco, afrutado y amable. Puede sonar a combinación veraniega, pero cuando se apuesta todo al rosa, la época del año deja de importar.
Vino blanco con helado de mango
Dos grandes protagonistas del siglo XXI: el auge del mango en Europa y la consolidación del vino blanco entre los consumidores más jóvenes. Los blancos despliegan un perfil aromático que armoniza especialmente bien con las frutas tropicales. Mango, coco, piña o kiwi encuentran en un buen vino blanco el acompañante ideal.