La cocina a través del arte: el salero más bonito del mundo
Cuando Benvenuto Cellini, maestro orfebre del Cinquecento, confeccionó el Salero de Francisco I en 1543, probablemente ya intuía que estaba creando una de las piezas culinarias más impresionantes de su tiempo. Lo que quizá no imaginaba es que, casi cinco siglos después, aquella obra seguiría considerándose uno de los grandes iconos de la relación entre arte y gastronomía. Hoy, el salero forma parte de la colección del Kunsthistorisches Museum de Viena.
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¿Qué es el Salero de Francisco I?
Considerado probablemente el salero más caro y célebre de la historia, está elaborado en oro, esmalte, marfil y ébano. Una combinación tan lujosa como insólita para un objeto pensado, al fin y al cabo, para contener sal y pimienta… muy propio de la época.
La pieza representa a Tellus y Neptuno, una alegoría de la unión entre la tierra y el mar. Ella sostiene el cuerno de la abundancia; él, el tridente. Bajo sus figuras aparecen hipocampos y criaturas marinas que parecen surgir de un océano trabajado con minuciosidad en un espacio mínimo.
En el friso inferior se representan el día y la noche, el amanecer y el atardecer, además de los vientos cardinales.
El propio Cellini describió así su creación:
“El Mar, en forma de hombre, sostiene un barco finamente labrado que puede contener la sal. Y debajo de él puse cuatro caballos marinos, y a la figura le di un tridente. La Tierra, en forma de hermosa mujer, la hice tan graciosa como me fue posible. Y a su lado coloqué un templo ricamente adornado para poner la pimienta”.
¿Y dónde se guardaban exactamente los condimentos? En el Cinquecento incluso el arte debía tener una función práctica. El pequeño templo junto a Tellus servía para almacenar la pimienta, mientras que el barco que acompaña a Neptuno contenía la sal.
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Manierismo al estilo Cellini: un salero para un rey
La obsesión del manierismo era clara: crear la obra más extraordinaria posible en cualquier disciplina que tocara. Cellini lo consiguió con un objeto tan cotidiano como un salero… pero para un rey.
Aunque el encargo inicial procedía del cardenal de Ferrara, la pieza terminó en manos de Francisco I de Francia, que quedó fascinado por la obra. Difícilmente alguien habría discutido los deseos del rey francés.
Discípulo de Miguel Ángel, Cellini trabajaba dentro del manierismo, un estilo cabalga entre el Renacimiento y el Barroco. Aun así, sigue la estela del maestro, es decir, la idealización de la figura humana y la búsqueda de la belleza ideal a través del arte, pero con algunos rasgos distintivos ya que ahora el movimiento se ha vuelto es esencial.
Y, sin embargo, toda esa sofisticación estética se aplica a un elemento inesperado: un recipiente para sal y pimienta.
La accidentada historia del salero
La historia del salero resulta casi tan extravagante como la personalidad de su autor. Benvenuto Cellini fue uno de los personajes más controvertidos del arte renacentista: acusado de robos, enfrentamientos violentos o muertes truculentas en las altas esferas asesinatos, cultivó una fama tan brillante como artista como conflictiva.
El artista defendía además una visión muy particular de la creación: para genios como él, eran los mecenas quienes debían acudir al artista, y no al revés.
La vida de la obra tampoco estuvo exenta de dramatismo:
En 2003, el salero fue robado del museo vienés en un caso que dio la vuelta al mundo. Tres años más tarde, apareció enterrado misteriosamente en un bosque austríaco.
Contenedor de sal, pimienta e historia, el Salero de Francisco I demuestra que incluso los objetos más cotidianos pueden convertirse en auténticas obras maestras.
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