Por una gastronomía que cree destinos con identidad y memoria

Por una gastronomía que cree destinos con identidad y memoria
La gastronomía se consolida como motor del turismo. El XII Foro Hotusa analiza cómo cocina, vino y marca crean destinos auténticos y sostenibles.
Debate sobre gastronomía en Foro Hotusa
Debate sobre gastronomía en Foro Hotusa
Martes, Enero 20, 2026 - 10:25

Cada vez se hace más común que cuando se habla de turismo, tenga la gastronomía un reservado especial. Este 19 de enero, en el marco del debate de cadenas hoteleras sobre el liderazgo en el sector, el XII Foro Hotusa también ponía a dialogar a chefs y representantes de la hostelería sobre el rol gastronómico en el impulso al turismo, la identidad y las experiencias con sentido.

En el debate, moderado por el ex director del periódico La Vanguardia Màrius Carol, el triestrellado chef de El Celler de Can Roca, Joan Roca, el punto de partida lo puso la cocina como expresión y refugio de la nostalgia: “Un simple calamar a la romana puede convertirse en un viaje emocional a la infancia”, dijo. 

Y es que no hay mejor explicación del peso emocional de la gastronomía, incluso para fijar destinos en el imaginario del viajero, que justamente esa conexión íntima entre comida y recuerdo. No se trata solo de excelencia técnica, sino de historias compartidas, de lugares que conservan su alma.

El restaurante como puerta de entrada al destino

El propio recorrido de los hermanos Roca es ejemplo de ello. Desde el restaurante familiar abierto por sus padres en un barrio obrero de Girona en 1976 hasta la creación de un ecosistema gastronómico con confitería, heladería, fábrica de chocolate, bares, hoteles boutique y distintos conceptos culinarios, el proyecto ha transformado la ciudad catalana en un destino internacional. Hoy, comensales de más de 70 países viajan a Girona no solo por un tres estrellas Michelin, sino por todo lo que se ha generado alrededor. 

Ese efecto multiplicador tuvo un referente anterior: elBulli, cuya influencia situó el foco gastronómico mundial en una zona concreta de Cataluña. La experiencia demostró entonces que la gastronomía era capaz de distribuir valor más allá del propio restaurante.

Desde otra perspectiva, Enrique Valero, CEO de Abadía Retuerta, defendió un modelo donde el vino es el origen, pero no el único relato. En Sardón de Duero, el proyecto pivota sobre la idea de territorio y comunidad, tomando como ejes la gastronomía, bienestar, paisaje, patrimonio e impacto social.

“No vendemos habitaciones, gestionamos felicidad”, explicó Valero, subrayando que el verdadero activo que entrega el viajero no es su dinero, sino su tiempo.

Esa visión ha convertido a la Abadía en un referente de enoturismo experiencial: proveedores locales, colaboración entre bodegas, creación de empleo y una narrativa que conecta el presente con valores históricos. Asimismo, Valero recordó cómo, en zonas donde antes no había ningún restaurante con estrella Michelin, hoy ya sumaron varias gracias a una estrategia compartida. 

En esa misma línea, Ignacio Rivera, presidente ejecutivo de Corporación Hijos de Rivera, a donde pertenece la marca cervecera Estrella Galicia se refirió a la articulación de las relaciones sociales alrededor de una mesa o una barra, e incluso de productos tan populares como la cerveza. De ahí su apuesta por fábricas visitables, museos vivos y procesos artesanos que se muestran sin artificio.

Por otro lado, insistió en que el turismo gastronómico debe huir de la obsesión por el volumen. La masificación es enemiga de la experiencia y amenaza aquello que hace único a un destino. 

Los tres coincidieron en que la revolución gastronómica a la que asiste España ya ha situado al país en el mapa global,  pero aún falta una estrategia que integre gastronomía y turismo como una cuestión de Estado. No se trata solo de atraer más visitantes, sino de atraer mejor con hospitalidad y sensibilidad.

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