La Virgen de Agosto, la Garnacha de Gredos que Alejandro Leal bebería con Cucurella

La Virgen de Agosto, la Garnacha de Gredos que Alejandro Leal bebería con Cucurella

Alejandro Leal descubre La Virgen de Agosto, una Garnacha natural de Gredos, ligera y fresca, que compartiría con Cucurella junto a un tomate de verano.
Alejandro Leal sentado ante una mesa de madera con una copa de vino tinto.
La Virgen de Agosto, la Garnacha elegida en Un Vino, Un Sumiller
Viernes, Agosto 14, 2026 - 10:00

En vísperas del 15 de agosto, la fecha no podía resultar más apropiada. Esta semana, en Un Vino, Un Sumiller, descubrimos La Virgen de Agosto, un tinto natural de Garnacha elaborado en la Sierra de Gredos por Agrícola Molineta.

La botella la elige Alejandro Leal, sumiller de Angelita Madrid, quien encuentra en ella el vino de un amigo, una manera despreocupada de beber y una expresión jugosa, ligera y fresca de la Garnacha. No es una referencia concebida para analizar durante horas ni para construir un discurso solemne alrededor de la copa. Es, precisamente, todo lo contrario.

“Es ese perfil de vino un poco más informal, de no pensar tanto, disfrutar y compartir. Es jugoso, ligero y fresco”.

Detrás de la etiqueta aparece también la historia de Arturo Romera, enólogo, viticultor y responsable de Agrícola Molineta, además de uno de los impulsores del restaurante madrileño La Capa. 

Para Alejandro, La Virgen de Agosto refleja con fidelidad tanto la forma de beber como la manera de entender el vino de su elaborador: sin rigidez, con mínima intervención y pensado, ante todo, para el disfrute.

Alejandro Leal: de la rama sanitaria a la sumillería de Angelita

El camino de Alejandro Leal hacia el vino no comenzó en una escuela de sumillería. Su formación académica pertenece, en realidad, a la rama sanitaria. No cuenta con una titulación oficial vinculada al vino, aunque actualmente se prepara para afrontar la formación de The Court of Master Sommeliers.

Su relación con la hostelería empezó mucho antes. A los 17 años comenzó a trabajar empujado por una inquietud habitual entre muchos jóvenes: llevar algo de dinero a casa y alcanzar cierta independencia.

Su primer empleo fue en un pequeño bar de Fuente Palmera, en Córdoba, municipio al que pertenece La Peñalosa, la aldea donde nació. Allí comenzó a aprender el oficio desde su dimensión más cotidiana: desayunos, cervezas, medios de vino y menús del día. No había grandes ceremonias de sala ni elaboradas cartas de vinos, pero sí contacto directo con el cliente, ritmo de servicio y muchas horas detrás de una barra.

Después hizo una breve incursión fuera de la hostelería. Entre los 18 y los 19 años se trasladó durante el verano a Murcia para trabajar en una fábrica de hortalizas. El objetivo era ahorrar lo suficiente para poder independizarse.

A su regreso comenzó los estudios de Auxiliar de Enfermería, que compaginó con su segunda gran experiencia en restauración: la Taberna del Río. Alejandro recuerda aquel restaurante como un lugar decisivo porque fue allí donde empezó a sentirse verdaderamente atraído por la profesión.

La propuesta se apoyaba en la cocina tradicional cordobesa y atendía diariamente a un elevado número de comensales. Era un restaurante de batalla, dinámico e informal, pero sin olvidar nunca la hospitalidad.

“Para mí es un lugar especial porque es donde empiezo a engancharme de la profesión. Era comida tradicional cordobesa, un sitio de batalla, de muchos comensales y con informalidad, pero sin olvidar nunca el hospitality”.

Después de un año terminó ejerciendo como jefe de rango. Poco después se trasladó a Madrid con una idea que todavía mantenía su futuro dentro del ámbito sanitario: estudiar el grado superior de Técnico en Imagen para el Diagnóstico y Medicina Nuclear, conocido popularmente como Rayos.

El giro definitivo llegó a través de una captura de Instagram. Un antiguo encargado le envió una publicación de Angelita Madrid en la que el restaurante anunciaba que buscaba camareros. Le recomendó acercarse, entregar el currículo e intentar compaginar el trabajo con sus estudios.

Alejandro siguió el consejo. En aquella entrevista conoció a David Villalón, quien continúa siendo su jefe. Angelita comprendió sus horarios, estudiaba por las mañanas hasta las dos y media de la tarde, y le permitió incorporarse al equipo.

Llegó como lo que él mismo define como “un camarero de batalla” que no sabía prácticamente nada de vino y que, además, pensaba dirigir su carrera hacia otro sector. Sin embargo, las catas, las formaciones y las conversaciones compartidas a ratos con Villalón comenzaron a cambiar sus prioridades.

Poco a poco se enganchó al vino y, todavía más, a la profesión. Empezó a probar todo lo que podía, a leer y a escuchar. Aquella curiosidad inicial terminó transformándose en su oficio.

“Mi camino, en principio, era otro. Pero entre catas y formaciones con David me fui enganchando al vino y aún más a esta profesión. Decidí aprender cada vez más, probar todo lo posible, leer y escuchar. Y hasta el día de hoy”.

vino
La Virgen de Agosto de Agrícola Molineta

La Virgen de Agosto: una Garnacha natural, ligera y con nervio

La Virgen de Agosto es uno de los vinos más personales de Agrícola Molineta, el proyecto de Arturo Romera en la Sierra de Gredos. Se elabora en el entorno de El Tiemblo, en la provincia de Ávila, dentro de un paisaje vitícola relacionado también con Cebreros y los valles bajos y la premontaña de Gredos.

Se trata de un vino tinto monovarietal de Garnacha tinta procedente de viñas propias con más de 60 años. Las cepas crecen sobre los característicos suelos de granito descompuesto de la zona, arenosos y profundos, que definen buena parte de la identidad de los vinos de Gredos.

Las parcelas se encuentran en cotas que parten aproximadamente de los 700 metros de altitud. El proyecto dispone de una superficie reducida, alrededor de tres hectáreas, una escala que permite a Arturo trabajar muy cerca del viñedo y mantener un enfoque profundamente artesanal.

Su elaboración responde a la filosofía del vino natural y de mínima intervención. La uva fermenta de forma espontánea con las levaduras autóctonas presentes en el propio fruto y en el entorno de la bodega. Antes, los racimos enteros permanecen en maceración durante cinco días.

El uso del racimo completo aporta un carácter frutal muy vivo y ciertos recuerdos limpios de raspón, pero sin llevar el vino hacia la dureza. La intención es conservar el nervio de la Garnacha, su perfume y su frescura, evitando una extracción excesiva o una sensación pesada.

En la referencia analizada, el vino presenta una graduación de apenas 11 % de alcohol, un azúcar residual inferior a 2 gramos por litro y un contenido total de sulfitos por debajo de 20 miligramos por litro. Son cifras que encajan con su perfil fluido y con una elaboración que limita al máximo las correcciones y los procesos agresivos.

La filosofía de Agrícola Molineta parte de la agricultura ecológica, las fermentaciones espontáneas y el empleo mínimo, o incluso inexistente, según la elaboración, de sulfitos añadidos. El propósito no es fabricar un vino completamente previsible, sino permitir que la Garnacha y el paisaje se expresen con la menor distancia posible entre la viña y la copa.

Para Alejandro, La Virgen de Agosto tiene nervio, pero también una enorme facilidad de trago. Es un vino jugoso, ágil y fresco, capaz de conservar el carácter mediterráneo de la fruta sin caer en el exceso de madurez.

Su elección contiene, además, un vínculo personal. Arturo Romera es un buen amigo y también forma parte de La Capa, restaurante madrileño estrechamente ligado a una cocina directa y al vino sin solemnidades innecesarias.

“Es el vino de un muy buen amigo. Arturo tiene La Capa, es enólogo y representa ese vino más informal, para no pensar tanto, disfrutar y compartir”.

Arturo Romera, un elaborador que no quiere ser una superestrella

La biografía de Arturo Romera ayuda a entender la personalidad de sus vinos. Alejandro lo describe como una persona de “talento infinito” que ha desarrollado oficios muy distintos a lo largo de su vida.

Ha sido cocinero, panadero, sumiller, enólogo y agrónomo, además de otras ocupaciones que el propio Alejandro sospecha que puede estar olvidando. Durante cerca de una década vivió en distintos países europeos, acumulando experiencias profesionales y personales que terminaron confluyendo en una misma dirección.

En 2021 decidió establecerse nuevamente en España y comenzar Agrícola Molineta. El proyecto le permitió reunir alrededor de la uva conocimientos procedentes de la cocina, el pan, el servicio del vino y la agricultura.

Su forma de elaborar está condicionada también por su perfil como consumidor. Arturo hace los vinos que le gusta beber: fluidos, expresivos, poco maquillados y alejados de cualquier exceso de control.

En ellos se impone el vino natural frente a aquellas elaboraciones que buscan dominar cada variable y eliminar cualquier elemento imprevisible. Eso no significa trabajar sin rigor, sino asumir que el vino es un producto vivo y que cada añada puede hablar con un tono diferente.

Alejandro no percibe en él el deseo de convertirse en una estrella mediática del sector ni de construir un proyecto destinado a enriquecerse rápidamente. Su ambición parece mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más difícil: elaborar vinos que lo representen y que provoquen ganas de compartir otra copa.

“Hace vinos fluidos y de disfrute. No creo que busque ser una superestrella del vino ni hacerse millonario a costa de esto. Solo quiere hacer vinos que lo representen y que hagan disfrutar a la gente”.

La Virgen de Agosto resume esa filosofía. Es un vino elaborado con viñas viejas y una lectura consciente del territorio, pero no pretende obligar a quien lo bebe a adoptar una actitud reverencial. Tiene profundidad, aunque se muestra cercano; posee identidad, pero no exige conocimientos técnicos para ser disfrutado.

El envero y el viejo refrán de la Virgen de Agosto

El nombre del vino conecta el proyecto con uno de los momentos fundamentales del calendario agrícola. La festividad de la Virgen de Agosto, celebrada el 15 de agosto coincidiendo con la Asunción, ha servido tradicionalmente como referencia para observar la evolución de la viña.

El refranero popular lo resume así: “Para Santiago y Santa Ana pintan las uvas; para la Virgen de Agosto ya están maduras”. Santiago se celebra el 25 de julio y Santa Ana, el día 26. Por esas fechas comienza a resultar visible el envero.

Durante este proceso, las uvas dejan atrás el color verde inicial. Las variedades tintas adquieren tonalidades rojizas y violáceas, mientras las blancas avanzan hacia colores amarillentos y dorados. También se producen cambios decisivos en su composición: aumenta la concentración de azúcares, desciende la acidez y comienza la fase final de maduración.

La llegada del 15 de agosto funcionaba así como una señal transmitida entre generaciones. La vendimia estaba cerca y el nuevo vino comenzaba, de algún modo, a anunciarse en el propio racimo.

El nombre escogido por Arturo Romera no es, por tanto, una simple referencia estival. Sitúa la botella dentro del ciclo de la viña y la relaciona con un saber agrícola anterior a los análisis de laboratorio y a las mediciones actuales de madurez.

La Virgen de Agosto representa también el auge de los vinos de mínima intervención en Gredos, un territorio donde numerosos elaboradores han recuperado viejas Garnachas, pequeñas parcelas y formas de cultivo adaptadas a la montaña.

Un vino que suena a Lil Nas X y se compartiría con Cucurella

Cuando se le pregunta cómo sonaría La Virgen de Agosto si fuera una canción, Alejandro escoge “Old Town Road”, de Lil Nas X. El ritmo y el carácter desenfadado del tema encajan, a su juicio, con un vino ligero, vivo y capaz de funcionar sin demasiadas explicaciones.

No es una elección solemne. Tampoco pretende buscar una armonía intelectual entre melodía y botella. Responde a la misma espontaneidad con la que Alejandro entiende este tinto: se abre, se sirve y se comparte.

También tiene claro el personaje con quien bebería una botella. Después de que España conquistara en 2026 el segundo Mundial de su historia, su elección sería Marc Cucurella.

“En época de Mundial y después de haber sido campeones del mundo, me la bebería con Cucurella”.

El lateral formó parte de la selección española que levantó el título tras imponerse a Argentina. La elección añade al vino el ambiente festivo del verano de 2026: una botella ligera, una celebración deportiva y pocas ganas de convertir el momento en una cata demasiado seria.

Para llevarlo a la mesa, Alejandro busca un producto mucho más cercano a su trabajo diario. Siendo verano y trabajando en una casa como Angelita, considera que el tomate resulta indispensable para acompañar un vino de estas características.

La acidez natural del tomate, su frescura y la intensidad que puede alcanzar una buena pieza de temporada encuentran un compañero natural en una Garnacha fluida, con poco alcohol y abundante fruta. Puede aparecer simplemente cortado, aliñado con aceite y sal, o integrado en alguna elaboración de la huerta.

“Siendo verano y estando en una casa como Angelita, creo que el tomate es indispensable para este tipo de vinos”.

La anécdota que mejor recuerda con La Virgen de Agosto ocurrió en casa de unos buenos amigos. El grupo se encontraba en la previa de uno de sus entrenamientos para el Campeonato de España de Cata a Ciegas y decidió compartir una botella antes de comenzar.

Aquel entrenamiento terminó siendo, posiblemente, el que mejor les salió de todos. Alejandro bromea con la idea de que la Garnacha de Arturo pudo ayudarlos a mostrarse más analíticos y certeros durante la cata.

“Tal vez fue el entrenamiento que mejor se nos dio. Quizá la Garnacha de Arturo nos sirvió para ser más analíticos y acertados a la hora de catar”.

La historia resume bien el carácter de La Virgen de Agosto. Puede beberse mientras se habla del viñedo, de fermentaciones espontáneas y de Garnachas viejas, pero también en casa de unos amigos, antes de un entrenamiento de cata, junto a un tomate de verano o celebrando un Mundial con Cucurella.

No pretende ser una superestrella. No obliga a pensar demasiado. Su mayor ambición es quizá la más antigua de todas: reunir a varias personas alrededor de una botella y conseguir que disfruten.

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