El cocodrilo se sienta a la mesa: Lacoste abre su primer café en América Latina
El cocodrilo de Lacoste ya no solo aparece en polos, zapatillas y accesorios. La firma francesa ha llevado su universo al terreno de la gastronomía con la apertura en São Paulo de su primer Café Lacoste en América Latina, un espacio en el que moda, café, pastelería francesa, diseño y herencia deportiva comparten una misma mesa.
La cafetería está situada en el Shopping Cidade Jardim, junto a la boutique de la marca, y traslada a Brasil un concepto que Lacoste ya había explorado en Mónaco y París. La apertura supone un nuevo paso en la estrategia de la compañía para convertir sus códigos de marca en experiencias que vayan más allá de la compra de una prenda.
La elección de São Paulo introduce, además, un ingrediente local especialmente significativo. La propuesta combina la inspiración francesa del concepto con un blend desarrollado exclusivamente con cafés brasileños, de manera que Brasil no funciona únicamente como escenario de la apertura, sino que entra directamente en la taza.
De Roland-Garros a la pastelería: el universo Lacoste se vuelve comestible
El deporte es uno de los grandes hilos conductores del nuevo espacio. La decoración recupera referencias al pasado tenístico de René Lacoste, fundador de la firma, y especialmente a Roland-Garros. El verde característico de la casa se combina con tonalidades terracota que recuerdan la tierra batida y con el blanco asociado a la histórica camisa polo.
Las referencias continúan incluso en los pequeños detalles. El concepto incorpora porcelanas francesas de Limoges y elementos inspirados en el mundo del tenis, trasladando los códigos visuales de Lacoste desde la boutique hasta la experiencia gastronómica.
La propuesta culinaria sigue una lógica similar. Desarrollada a partir del concepto gastronómico impulsado junto al grupo de Riccardo Giraudi, combina clásicos franceses con elaboraciones creadas específicamente para la marca. En la carta aparecen croissants, pain au chocolat, gougères y sándwiches preparados al momento, junto a nombres que juegan directamente con la identidad del cocodrilo.
Uno de los elementos más reconocibles son los Polo Cakes, pequeñas elaboraciones de pastelería moldeadas con la forma de la emblemática camisa de Lacoste. En São Paulo se ofrecen en versiones como Pistache Dubai, Caramel Toffee e Ispahan, esta última elaborada con almendra, frambuesa y mousse de lichi y rosas.
Es probablemente el ejemplo más evidente de una estrategia cada vez más presente en el lujo: convertir un símbolo de moda en un producto gastronómico reconocible, fotografiable y, en este caso, comestible.
Francia pone la pastelería y Brasil, el café
La principal adaptación del Café Lacoste al mercado brasileño está en el café. La operación local está vinculada a Il Barista, firma especializada en cafés de especialidad dirigida por Gelma Franco, y para el establecimiento se ha desarrollado una mezcla propia elaborada exclusivamente con granos brasileños.
El espresso busca perfiles de miel y caramelo, mientras que el café filtrado presenta notas más frutales y una acidez suave. La propuesta convierte así uno de los grandes productos gastronómicos de Brasil en parte del relato de una firma inequívocamente francesa.
La carta de bebidas se amplía con smoothies y opciones funcionales elaboradas con ingredientes como cúrcuma, espirulina o colágeno. También aparece una de las creaciones más reconocibles del concepto Café Lacoste, la Eau de Croco, que combina agua de coco, matcha y jengibre.
El resultado mezcla códigos que hace apenas unos años podían parecer alejados entre sí: viennoiserie francesa, café brasileño, bebidas funcionales, alta moda y tenis. Pero precisamente en esa combinación se encuentra el objetivo de la marca: construir una experiencia capaz de trasladar su identidad a nuevos momentos de consumo.
Cuando las firmas de moda también quieren ocupar la mesa
Café Lacoste sigue esa estrategia. Después de las experiencias desarrolladas en Europa, São Paulo se convierte ahora en la primera ciudad latinoamericana en incorporar el concepto, reforzando además el peso de Brasil dentro de los planes regionales de la compañía.
Para Pedro Zannoni, CEO de Lacoste para América Latina, la apertura representa una forma de ampliar la propuesta de lifestyle de la firma y expresar su identidad a través de una experiencia sensorial que combine gastronomía, diseño y convivencia.
La frontera entre moda y gastronomía se vuelve así cada vez menos evidente. Las marcas ya no buscan únicamente que el consumidor vista sus códigos: quieren que pueda reconocerlos en un espacio, en una vajilla, en un postre y hasta en una taza de café.
En São Paulo, Lacoste acaba de demostrar que su famoso cocodrilo también puede sentarse a la mesa.