Para un madrileño, los dulces son mucho más que simples meriendas: son parte de la identidad gastronómica y cultural de la ciudad desde mucho antes de que se hablara de Madrid como un enclave gourmet. En la cola del obrador, el barrio se reconoce. Porque alrededor del mostrador se reúnen personas de toda índole, procedencia y edad. Ven con Excelencias Gourmet a hacer un viaje por Madrid a través de los obradores y pastelerías más antiguos de la capital, de los que emanan olores de hogar e innumerables «buenos días».
¿Qué es un obrador artesanal?
Según el Diccionario de la Lengua Española, un obrador es un “taller artesanal, especialmente el de confitería y repostería”. A esta definición se añaden sinónimos como “confitería” y “dulcería”.
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Las pastelerías con más historia de Madrid
Antigua Pastelería del Pozo (1830)
Cerca de la Puerta del Sol sigue en pie una de las pastelerías más míticas del centro. En 1900 fue adquirida por Julián Leal Charle y, aún hoy, sus descendientes regentan el local. Mantiene su icónica decoración en mármol, madera y latón, siendo fiel a esa tradición antigua tan apreciada por madrileños y visitantes.
Curiosidad: El nombre proviene de un pozo cercano donde se dice que se arrojaron reliquias de santos.
Especialidad: Son famosos sus hojaldres artesanales y su roscón de Reyes, característico por no llevar la fruta escarchada que suele coronarlo.
La Pajarita (1852)
La bombonería más antigua de Madrid se ubica hoy en el barrio de Salamanca, aunque se fundó en la Puerta del Sol hace más de 170 años. Aquí el chocolate es el emblema, junto a los icónicos caramelos de violeta, tan madrileños.
Curiosidad: Su nombre proviene de la afición de los intelectuales del siglo XIX por hacer pajaritas con las servilletas de papel en los cafés de la época.
El Riojano (1855)
También muy próxima a la Puerta del Sol, esta pastelería destaca por conservar los dulces más típicos de Madrid: las rosquillas tontas y listas, los huesos de santo, los buñuelos, la corona de la Almudena o los azucarillos de San Isidro. Fue fundada por Dámaso de la Maza, quien fuera el pastelero personal de la reina María Cristina de Habsburgo.
Casa Mira (1855)
La turronería madrileña por excelencia está refrendada por el tiempo. Ubicada en la Carrera de San Jerónimo, esta fábrica de turrones ha sido proveedora de la Casa Real desde Amadeo de Saboya hasta Alfonso XIII. Hoy, la sexta generación de la familia Mira sigue el legado de Luis Mira, maestro confitero llegado desde Jijona. El resultado son dulces centenarios que unen la maestría alicantina con el corazón de Madrid.