Álvaro Rech elige Terre Nere, el Etna Rosso que le abrió la puerta al vino italiano
Después de alcanzar los 100 vinos y los 100 sumilleres, Un vino, un sumiller continúa. Y el número 101 nos lleva hasta Sicilia, a las laderas del Etna, de la mano de Álvaro Rech y de un vino que cambió su manera de mirar Italia: Tenuta delle Terre Nere Etna Rosso San Lorenzo.
Hay vinos que uno descubre, disfruta y sigue adelante. Y hay otros que abren una puerta.
Para Álvaro Rech, Terre Nere pertenece claramente al segundo grupo. Su relación con este Etna Rosso comenzó lejos de Sicilia y también lejos de España, durante una etapa profesional en Australia en la que el vino italiano pasó de ser un territorio casi desconocido a convertirse en una parte fundamental de su formación.
Rech comenzó a trabajar en hostelería con apenas 17 años, en el bar y restaurante que regentaba su padre en Madrid. Mientras estudiaba, primero orientado hacia la universidad y después hacia Bellas Artes y Diseño Gráfico, siguió trabajando fines de semana, festivos y vacaciones en todo tipo de negocios de hostelería.
Hasta que decidió marcharse a Australia.
Allí comenzó una etapa decisiva. Primero trabajó en Rosmarino, un restaurante con una carta centrada en vinos italianos y alrededor de 600 referencias. Más tarde pasó por Montrachet, donde profundizó en el universo del vino francés.
Durante esos años continuó su formación en vino, avanzó en WSET y se acercó también al recorrido de la Court of Master Sommeliers en Sídney. Al regresar a España, encontró una oportunidad en Saadle, donde empezó como sumiller y terminó asumiendo responsabilidades de mayor peso en la dirección de vinos.
Un Etna Rosso que cambió su forma de mirar Italia
¿Qué significa este vino para ti?
“Este vino significa para mí el acercamiento al vino italiano”, explica Álvaro.
Cuando empezó a trabajar en aquel restaurante italiano en Australia, el Etna apenas formaba parte de su imaginario vinícola.
“El dueño era un loco del Etna Rosso y yo no sabía ni lo que era. No lo había probado nunca. Y ahí me enamoré”.
Hasta ese momento, Álvaro miraba especialmente hacia Borgoña. Pero el descubrimiento de los vinos del Etna cambió esa perspectiva.
“Era un chico que bebía Borgoña y pensaba que era lo mejor. Probé esto y me fascinó”.
Su elección para esta entrega es Tenuta delle Terre Nere Etna Rosso San Lorenzo, un vino nacido en una de las contrade más singulares de la vertiente norte del Etna.
La contrada San Lorenzo pertenece al municipio de Randazzo, en Sicilia, y combina altitud, clima fresco y un suelo profundamente marcado por cenizas, piedra volcánica, piedra pómez y basaltos.
La propia bodega señala que algunas de sus cepas superan los 70 años y que el vino se elabora únicamente con Nerello Mascalese, una variedad capaz de ofrecer finura, tensión, frescura y una marcada expresión del lugar.
Tres palabras: mineralidad, terroir y finura
Si Álvaro Rech tuviera que definir este vino con solo tres conceptos, lo tiene claro:
- Mineralidad, ligada a la piedra pómez y al origen volcánico.
- Terroir, porque para él este es, ante todo, un vino de suelo.
- Finura, una característica que conecta su perfil con algunos de los grandes vinos europeos que más admira.
“Al final es un vino mediterráneo, pero no deja de ser un vino de suelo. Habla también de la tierra y del trabajador”, resume.
El Etna posee además una historia vitivinícola propia. Su Denominazione di Origine Controllata nació en 1968 y fue la primera DOC de Sicilia.
La llegada de nuevos productores y el trabajo de figuras como Marco de Grazia ayudaron posteriormente a situar estos vinos en el mapa internacional, con una mirada muy centrada en el concepto de contrada y en la vinificación separada de parcelas con identidad propia.
Para Reich, esa manera de interpretar el viñedo conecta inevitablemente con Borgoña.
“Esto realmente para mí es la Borgoña de Italia. La gente siempre se va al Piamonte, pero los vinos que más se acercan a ese perfil borgoñón de mineralidad, ligereza, suelos e identidad de parcela están aquí”.
En Excelencias Gourmet ya hemos recorrido el universo de los vinos volcánicos, desde Canarias hasta Santorini, Madeira o Sicilia. El Etna ocupa un lugar especialmente singular dentro de ese mapa por la combinación de altitud, suelos volcánicos y variedades autóctonas como Nerello Mascalese.
Un vino todavía por descubrir en España
Álvaro Rech insiste en que una de las razones por las que ha elegido este vino es precisamente el desconocimiento que todavía existe alrededor del sur de Italia.
“Puedes preguntar por Barolo, Barbaresco, Toscana o Véneto y son referencias conocidas. Pero todavía hay mucho desconocimiento sobre el sur de Italia y me gustaría poner estos vinos en el mapa porque hacen vinos de grandísima calidad”.
El caso de San Lorenzo resulta especialmente llamativo.
Sus viñas viejas, la altitud y el carácter volcánico permiten elaborar un vino que Álvaro compara, en términos de singularidad de parcela, con algunos grandes crus europeos.
La parcela de San Lorenzo se encuentra en una de las zonas más frías de la denominación y sus cepas se sitúan aproximadamente entre los 70 y 100 años, dependiendo de la parcela. La producción es reducida y el vino envejece en roble francés antes del embotellado.
La importancia internacional del vino ha crecido de manera notable: Tenuta delle Terre Nere Etna Rosso San Lorenzo 2023 fue elegido por James Suckling como Vino Italiano del Año 2025, confirmando el creciente reconocimiento internacional de los vinos del Etna.
La canción, el plato y la persona con quien compartirlo
¿Una canción para este vino?
Álvaro elige “Mediterráneo”, de Joan Manuel Serrat.
“Es puro Mediterráneo: trabajo duro, esfuerzo y personalidad”. :
¿El maridaje perfecto?
Un pichón con setas, una combinación capaz de acompañar la finura, la acidez y la estructura del Nerello Mascalese sin ocultar su carácter.
¿Y con quién compartiría una botella?
Álvaro vuelve a mirar hacia el Mediterráneo y escoge a Aníbal Barca, el general cartaginés que convirtió ese mar en escenario de algunas de las grandes historias de la Antigüedad.
Una elección que encaja con el propio vino: Sicilia, Mediterráneo, historia y territorio.
Australia, sus padres y una botella que hizo innecesario hablar inglés
La anécdota que más conecta a Álvaro Rech con Terre Nere ocurrió durante su etapa en Australia.
Sus padres fueron a visitarlo y él quiso llevarlos al restaurante en el que trabajaba para que conocieran de cerca aquel mundo en el que estaba construyendo su carrera.
Había una dificultad evidente: ellos no hablaban inglés.
Pero aquella noche no hizo falta demasiado lenguaje.
“Todo se transmitió a través del vino”.
No era exactamente la botella de San Lorenzo de esta entrega, pero sí un Etna Rosso de Tenuta delle Terre Nere.
Sus padres, acostumbrados sobre todo a vinos de Ribera del Duero y Rioja, entraron casi sin proponérselo en un paisaje completamente diferente: Sicilia, Nerello Mascalese, frescura y suelos volcánicos.
El vino acompañó unos culurgiones, la pasta rellena tradicional de Cerdeña, servidos con una salsa de queso y pimienta. La acidez y frescura del Etna Rosso encontraron un contrapunto perfecto en la grasa y cremosidad del plato.
“A mis padres les gustó muchísimo. Fue un momento muy bonito porque acabaron emborrachándose conmigo en Australia. ¿Quién les iba a decir que terminarían allí, rodeados de italianos, bebiendo un vino que a mí me estaba apasionando?”.
Quizá por eso esta elección funciona especialmente bien para abrir el segundo centenar de Un vino, un sumiller.
Porque después de 100 botellas, seguimos llegando al mismo lugar: un vino importa por lo que cuenta, por dónde nace y por el recuerdo que consigue dejar.
Y el número 101 empieza precisamente ahí, en las laderas negras del Etna.