Los efectos secundarios de la comida
Durante años hemos hablado de calorías, técnicas, producto, sostenibilidad, tendencias. Hemos analizado la gastronomía desde la ciencia, la economía y la cultura. Pero hay algo que, a mi juicio, merece más atención: los efectos secundarios de la comida.
Sí, efectos secundarios.
Porque comer no solo nutre. Comer provoca. Despierta. Conmueve. Activa emociones profundas que van mucho más allá de la saciedad. Y en ese terreno intangible, la gastronomía se convierte en una de las experiencias humanas más poderosas.
Felicidad
La felicidad que produce un plato bien ejecutado no es una metáfora romántica; es una respuesta fisiológica real. Cuando algo nos gusta, nuestro cerebro libera dopamina. El placer gastronómico activa circuitos neuronales asociados a la recompensa, al bienestar, incluso a la motivación.
Pero no se trata solo del sabor. La felicidad también surge del contexto: la mesa compartida, la conversación, la memoria que se reactiva con un aroma. Un guiso puede transportarnos a la infancia; un postre puede convertirse en celebración. La comida tiene la capacidad única de conectar emoción y recuerdo en una fracción de segundo.
Como dice Brillat Savarin “Cuando invitas a alguien a comer, te haces cargo de su felicidad desde que llega hasta que se va” .
No solo de que coma bien, sobre todo de que sea feliz.
Placer
El placer gastronómico es democrático. No depende necesariamente del lujo, sino de la experiencia. Un producto excepcional tratado con respeto puede generar una satisfacción profunda, casi íntima.
El placer es textura, temperatura, contraste. Es el crujido inesperado, la acidez que equilibra, la untuosidad que envuelve. Es un lenguaje sensorial completo que involucra vista, olfato, gusto, tacto e incluso oído. Comer es, probablemente, el acto cultural más sensorial que existe.
Y ese placer no es banal: es una forma de bienestar. En una sociedad acelerada, detenerse a disfrutar un plato es casi un acto de resistencia.
El placer genera equilibrio.
Curiosidad
La gastronomía también despierta curiosidad. Un ingrediente desconocido, una técnica nueva, una combinación inesperada nos obliga a salir de nuestra zona de confort. La curiosidad es lo que impulsa al comensal a probar y al cocinero a innovar.
En Iberoamérica, donde la biodiversidad es extraordinaria, la curiosidad ha sido clave para revalorizar productos olvidados, rescatar semillas ancestrales y reinterpretar tradiciones.
Cada plato puede ser una pregunta: ¿de dónde viene esto?, ¿quién lo produce?, ¿qué historia hay detrás?
Sorpresa
La sorpresa es uno de los grandes aliados de la alta gastronomía contemporánea. Cuando un plato rompe nuestras expectativas —por textura, temperatura o presentación— se produce un instante de asombro que queda grabado en la memoria.
Pero la sorpresa no tiene que ser artificio. Puede ser también descubrir que algo aparentemente sencillo está ejecutado con una perfección extraordinaria. A veces, la mayor sorpresa es la honestidad.
Ahora cuando la gente va a un restaurante tiene curiosidad, quiere sorprenderse y sobre todo emocionarse. No solo comer bien.
Gratitud
Si tuviera que elegir el efecto secundario más transformador de la comida, diría que es la gratitud.
Gratitud hacia quien cultiva, pesca o cría. Gratitud hacia quien cocina. Gratitud hacia quien comparte la mesa. Comer con conciencia nos recuerda que detrás de cada plato hay una cadena humana invisible que hace posible ese momento.
La gastronomía bien entendida nos reconecta con la tierra y con las personas. Nos devuelve al origen.
Una campaña para recordarlo
Precisamente, la Academia Iberoamericana de Gastronomía gracias a la creatividad de la Agencia de Medios Burns y el soporte de JCDecaux, quiere poner en valor estos efectos secundarios—felicidad, placer, curiosidad, sorpresa y gratitud— girará una próxima campaña de la (AIBG), que podrá verse en diferentes mupis de Madrid.
Porque sí, la comida tiene efectos secundarios.
Y en un mundo que a menudo parece fragmentado, sentarse a la mesa sigue siendo uno de los actos más sencillos —y más poderosos— para volver a unirnos.