La Yegua 2023, el Bierzo que Dana Cárdenas bebería con Frida Kahlo y Estopa de fondo

La Yegua 2023, el Bierzo que Dana Cárdenas bebería con Frida Kahlo y Estopa de fondo

Dana Cárdenas, sumiller de Quinto Elemento y Sexto, elige La Yegua 2023: un blanco del Bierzo de Godello y Doña Blanca, envolvente, cremoso y vibrante.
Dana Cárdenas, sumiller de Quinto Elemento y Sexto, posa ante una selección de vinos en la bodega de Teatro Kapital Madrid.
Dana Cárdenas protagoniza Un Vino, Un Sumiller con La Yegua 2023
Friday, October 16, 2026 - 10:30

Hay vinos que se recuerdan por una cata. Otros, por la historia que cuentan. Y algunos, como La Yegua 2023, se quedan en la memoria por todo a la vez: por su origen, por el mito que inspira su nombre y, en el caso de Dana Cárdenas, también por una botella que nunca llegó a casa.

Dana lleva alrededor de cinco años trabajando en Quinto Elemento, dentro del universo gastronómico de Teatro Kapital. Poco después de incorporarse decidió profundizar en el vino y se formó como sumiller en la Escuela Matritense del Vino, donde tuvo como profesor a Fernando del Río. A esa formación sumó posteriormente los niveles WSET 2 y WSET 3.

Hasta ahora, su trayectoria profesional ha estado estrechamente ligada a Quinto Elemento y Sexto, donde ha ido desarrollando una mirada propia sobre el vino desde la sala: técnica, sí, pero también emocional. Una forma de entender la profesión que conecta con la evolución de la sumillería actual, donde el relato, la escucha y la experiencia del comensal pesan tanto como el conocimiento de la botella.

vino
La Yegua 2023

La Yegua 2023: Godello y Doña Blanca con identidad berciana

Sangarida La Yegua 2023 es un vino blanco elaborado en la D.O. Bierzo con Godello y Doña Blanca, dos variedades muy ligadas a la identidad vitivinícola de la zona.

Según la ficha oficial del vino, el coupage se reparte a partes iguales entre ambas uvas. La Godello procede de parcelas situadas en Campo y San Lorenzo del Bierzo, mientras que la Doña Blanca nace en viñas muy viejas de San Lorenzo, algunas plantadas entre 1901 y 1910.

La elaboración incluye fermentación espontánea y una crianza de 12 meses en barricas de roble francés y acacia sobre lías finas, acompañada de bâtonnages periódicos. Después, el vino permanece un tiempo más en bodega antes de salir al mercado.

Para Dana, esa crianza se traduce en un vino que conserva energía sin perder volumen:

“Es un vino muy vibrante, muy envolvente, cremoso y seductor”.

En nariz encuentra flores blancas y fruta de hueso; en boca, una textura cremosa y envolvente, con suficiente frescura para mantener el equilibrio.

El Bierzo atraviesa además un momento de especial interés enológico. La comarca está mostrando hasta qué punto sus viñas viejas y su diversidad de pequeñas parcelas pueden ofrecer vinos muy distintos entre sí. Excelencias Gourmet lo ha contado recientemente en Ponfevin 2026, una cita con 20 bodegas para descubrir el Bierzo, donde el territorio y sus variedades vuelven a situarse en el centro de la conversación.

Una historia de amor, celos y renacimiento

La Yegua no se entiende del todo sin la historia que rodea al proyecto Sangarida.

La bodega berciana forma parte del universo de la familia Fariña, responsable también de Attis Bodega y Viñedos en Rías Baixas. La familia, vinculada durante generaciones al cultivo de la vid en el Val do Salnés, profesionalizó su proyecto vitivinícola a comienzos de los años 2000 y posteriormente amplió su mirada hacia otras regiones.

En 2019 comenzó a tomar forma Sangarida en el Bierzo, con la intención de trabajar variedades como Godello, Doña Blanca y Mencía desde una filosofía muy centrada en las viñas viejas, el territorio y las crianzas cuidadas.

El nombre conecta con la mitología clásica. Atis, semidiós y conductor del carro de Cibeles, se enamora de Sangarida, una ninfa vinculada a los árboles. Según el relato, los celos de Cibeles desencadenan una historia de pérdida y tragedia que termina con Atis convertido en pino.

Para Dana, esa narrativa encaja perfectamente con la personalidad de La Yegua.

El vino suma así al paisaje berciano una capa más emocional: no habla solo de variedades y barricas, sino también de deseo, intensidad y memoria.

Si fuera una canción, sonaría a Estopa

Una de las preguntas más personales de esta sección es imaginar cómo sonaría el vino convertido en música.

Dana lo tiene claro:

“A mí me lleva a Estopa, a ‘Tu calorro’”.

La elección encaja con ese carácter cálido, directo y energético con el que describe La Yegua. No busca una canción solemne: busca algo vivo, reconocible y con impulso.

El maridaje: zamburiñas o almejas

Para llevarlo a la mesa, Dana apuesta por un acompañamiento muy concreto: zamburiñas o almejas con aceite de oliva, ajo y perejil.

La salinidad del marisco, la grasa del aceite y la intensidad aromática del ajo encuentran un buen contrapunto en la acidez y la textura del vino, mientras que la crianza le aporta suficiente estructura para acompañar el plato sin perder presencia.

La botella que compartiría con Frida Kahlo

Si pudiera elegir a cualquier personaje para compartir una botella, Dana se sentaría con Frida Kahlo.

“Su historia también es un poco trágica y fue una mujer que salió adelante por sí misma. Plasmó en sus obras toda su vida, todo su dolor y todo lo que tuvo que pasar, y nunca se rindió. Me parece una persona súper interesante para tener una conversación larga con ella”.

La elección conecta de forma casi natural con el propio relato del vino: una historia marcada por la pérdida, la intensidad emocional y la capacidad de transformar lo vivido en algo que perdura.

La botella que nunca llegó a casa

El día que Dana conoció la bodega le regalaron una botella de La Yegua. Ya de camino a casa, al salir de la Renfe, ocurrió lo peor.

“Se me cayó la botella y se rompió completa. Fue una pena porque no la pude disfrutar ese día, pero todo se soluciona con otra botella”.

Una tragedia mucho más pequeña que la de Sangarida y Atis, pero suficiente para hacer que el vino quedara asociado para siempre a un recuerdo concreto.

Porque algunas botellas se recuerdan por cómo saben. Otras, por con quién las bebemos. Y otras, simplemente, porque nunca llegamos a abrirlas.

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