Breve historia del whisky, el gran invento de los frailes escoceses
Cada tercer sábado de mayo marca en el calendario el Día Mundial del Whisky, una fecha ineludible para cocteleros, productores y aficionados. Gracias a su profundidad y versatilidad, este destilado ha alcanzado una fama tan excelsa que ha dejado de ser una simple bebida para convertirse en toda una forma de vivir la gastronomía.
El whisky —o whiskey— fue creado por los frailes escoceses en el siglo XV. Su nombre, traducido del gaélico, significa «agua de vida» y tiene su origen en el término latino aqua vitae, con el que los romanos denominaban a los destilados. Al final, el peor enemigo del latín es el tiempo, pero para el whisky es su mejor aliado.
Curiosidad: en Irlanda y Estados Unidos suele escribirse "whiskey", mientras que en Escocia y gran parte del resto del mundo se utiliza la palabra "whisky".
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Whisky con miel, el primer cóctel del mundo
Con el destilado viajando por el mundo dentro de barriles, Estados Unidos desarrolló un estrecho vínculo con este producto, creando sus propias versiones y una manera particular de consumirlo: «a la antigua» o, como decían entonces: Old Fashioned.
Originalmente, se preparaba con bourbon, miel y la piel de algún cítrico, como la naranja. La combinación entre amargo y dulce, junto con los aromas y el cuerpo del destilado, creó una fórmula perfecta que inspiró a generaciones de cocteleros a seguir expandiendo sus recetas alcohólicas.
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¿Qué tipos de whiskies existen?
Un producto tan sublime cuenta con innumerables amantes dispuestos a crear su propia versión del destilado. Con el paso de los años y la aparición de nuevas destilerías, comenzaron a variar los cereales utilizados en la fermentación según la disponibilidad de cada región.
Cebada: Es el cereal rey del whisky tradicional, especialmente en Escocia e Irlanda. Aporta notas de galleta, frutos secos y caramelo.
Entre sus marcas más reconocidas destacan The Macallan, Glenfiddich, Lagavulin, Laphroaig y Redbreast.
Maíz: Es el motor del whiskey americano, aportando dulzor, cuerpo y notas de vainilla y caramelo.
Destaca en marcas como Jack Daniel's, Jim Beam, Mellow Corn y Buffalo Trace.
Trigo: Se utiliza para suavizar el destilado, logrando un perfil sedoso y meloso, similar al pan recién horneado.
Es protagonista en Maker's Mark, Pappy Van Winkle y Bernheim Original.
Centeno: Aporta notas especiadas, secas y herbales, ideales para la coctelería.
Brilla en etiquetas como Bulleit Rye, WhistlePig y Crown Royal.
Avena: Es un cereal poco habitual en la actualidad, pero aporta una textura increíblemente cremosa y aceitosa al destilado.
Lo emplean destilerías modernas como Koval, High West y algunas ediciones especiales de Woodford Reserve.
¿Qué lo diferencia de otros destilados?
La diferencia entre el whisky y otros destilados como el vodka o la ginebra reside tanto en su elaboración como en su intención. Aunque todos parten del cereal, el proceso determina en qué bebida terminarán convirtiéndose.
La ginebra y el vodka, se destilan las veces varias veces hasta obtener un líquido blanco con alta graduación.
En el caso del whisky, se busca el sabor y, por tanto, solo se destila una vez, capturando el sabor del grano y determinando un líquido de un vistoso tono ámbar. El proceso se alarga durante los tres siguientes años que descansa en barriles, obteniendo matices de la barrica donde espere para convertirse en lo que hoy celebramos.