Red Panda: una carta llena de buenas ideas y más cilantro del necesario
Madrid vive un momento gastronómico extraordinario. Cada semana aparecen nuevas aperturas, conceptos personales y restaurantes que buscan encontrar su lugar en una ciudad cada vez más exigente. Entre ellos está Red Panda, un pequeño restaurante del barrio de Salamanca que abrió sus puertas el 26 de febrero de 2025 y que rápidamente despertó la curiosidad de muchos aficionados a la cocina asiática gracias a una propuesta completamente libre de gluten.
Detrás del proyecto no hay chefs con largas trayectorias en Asia ni grandes grupos de restauración. Tampoco una historia de formación en escuelas de Bangkok o Hanói. Lo que hay es algo quizá más interesante: dos jóvenes madrileños, pasión por la cocina y una capacidad admirable para construir un proyecto propio desde cero.
De una dark kitchen a un pequeño restaurante en el barrio de Salamanca
Al frente de Red Panda están Alfonso de Borbón y María Padura, pareja tanto en lo profesional como en lo personal.
Alfonso, de 25 años, estudió Dirección Hotelera, pero gran parte de su aprendizaje culinario ha sido autodidacta. Su relación con el wok, según cuenta, nació en casa, a base de vídeos en idiomas que no siempre entendía, pruebas, errores y muchas horas de ensayo.
María, de 24 años, formada en diseño de moda y con ADN hostelero, aporta una mirada muy ligada al servicio, al detalle y a la construcción de una experiencia completa. Durante nuestra visita no se encontraba en sala, pero su papel resulta esencial en la identidad del proyecto.
La aventura comenzó en enero de 2024 como un servicio de take away desde una dark kitchen situada en Tetuán. Aquella cocina funcionó como laboratorio para desarrollar recetas, ajustar elaboraciones y testar platos de ida y vuelta entre currys, arroces fritos y baos sin gluten.
El salto al restaurante físico llegó el año pasado. El local es pequeño, íntimo y ajustado: apenas una veintena de comensales pueden disfrutar simultáneamente de una propuesta que mira al sudeste asiático desde una perspectiva propia.
Una carta sin gluten que mira a Vietnam, Tailandia y Malasia
Uno de los elementos más diferenciales de Red Panda es que toda la carta está concebida sin gluten.
La razón es personal: María es intolerante desde hace años y esa circunstancia condicionó desde el principio la filosofía del proyecto. La consecuencia es una propuesta inclusiva donde las personas celíacas pueden comer con tranquilidad platos que, en otros restaurantes asiáticos, suelen exigir preguntas, adaptaciones o renuncias.
La carta recorre distintos territorios gastronómicos del sudeste asiático sin pretender reproducir recetas tradicionales de forma estricta. Aquí se interpretan sabores de Vietnam, Tailandia y Malasia desde una mirada libre, con guiños propios y alguna influencia inesperada.
Sobre el papel, las propuestas resultan atractivas: Panda Nems, Mejillones Fire & Lime, Alitas Korean BBQ, currys, noodles y bocados pensados para compartir.
Nuestra experiencia en Red Panda
Comenzamos con los Panda Nems, rollitos crujientes de cerdo, vermicelli y verduras servidos con cogollos e hierbabuena fresca. Fueron correctos para abrir la comida.
Continuamos con la Vieira al horno con salsa Jeow Som, una elaboración que no terminó de destacar dentro del conjunto y que nos dejó una sensación más discreta de lo esperado.
Los Torreznos de Soria terminados con mermelada de chiles y albahaca funcionaron mejor, con un contraste interesante entre la potencia del producto y el punto dulce y picante del acompañamiento.
También probamos los Mejillones Fire & Lime, salteados al wok con chiles tailandeses, lemongrass y lima. Fuera de carta nos recomendaron un Ceviche de Cigalas, una de las elaboraciones que más expectativas generó por la calidad del producto principal, aunque no fue así.
Posteriormente llegaron los Flaming Noodles, noodles de arroz con cerdo picado y salsa especiada, antes de terminar con el plato que más nos convenció de toda la comida: el curry rojo de gambón salteado al wok.
El cilantro, protagonista inesperado de la comida
Nos gusta el cilantro. Mucho. Pero incluso los ingredientes que más disfrutamos pueden convertirse en un arma de doble filo cuando aparecen de forma reiterada.
"Cuando un ingrediente, aparece en casi todos los platos corre el riesgo de convertirse en protagonista de una carta que debería hablar muchos más idiomas gastronómicos."
En Red Panda tuvimos la sensación de que su presencia constante acababa diluyendo la personalidad de varios platos, hasta el punto de que algunas elaboraciones compartían un perfil aromático demasiado parecido entre sí.
En una carta que mira a Vietnam, Tailandia y Malasia esperábamos encontrar contrastes más marcados entre currys, salsas, marinados y elaboraciones. Sin embargo, el protagonismo recurrente de esta hierba aromática terminó unificando parte de la experiencia gastronómica y eclipsando matices que habrían permitido apreciar mejor el carácter propio de cada receta.
La sensación se hizo especialmente evidente en platos como los Mejillones Fire & Lime, el ceviche de cigalas o los Flaming Noodles, donde el cilantro acababa imponiéndose sobre otros ingredientes que, por producto o elaboración, merecían un papel más destacado.
Una bodega mejor de lo esperado
Uno de los aspectos más interesantes de Red Panda es su selección de vinos.
La carta se aleja de referencias excesivamente comerciales y apuesta por etiquetas con personalidad, muchas de ellas poco habituales en restaurantes de este tamaño. Durante nuestra visita optamos por dos botellas de champagne y encontramos una propuesta líquida cuidada, bien pensada y con precios razonables dentro del mercado madrileño actual.
Es, sin duda, uno de los puntos fuertes del proyecto y demuestra que detrás de Red Panda hay una reflexión más amplia que la puramente gastronómica.
Una experiencia con luces y sombras
Según nos explicaron, al realizar la reserva se informa de que las mesas tienen una duración aproximada de una hora y media. En nuestro caso, la cuenta llegó antes incluso de haber terminado la segunda botella de champagne, una circunstancia que contribuyó a generar cierta sensación de prisa en una comida que invitaba precisamente a lo contrario.
Red Panda tiene detrás una historia admirable, una propuesta inclusiva muy bien pensada para quienes buscan una cocina asiática sin gluten y una bodega más interesante de lo habitual para un local de estas dimensiones.
Sin embargo, en nuestra visita la ejecución no terminó de estar a la altura de las expectativas que nos habían generado las críticas positivas leídas previamente.
Salimos con la sensación de haber conocido un proyecto con personalidad, mérito y mucho trabajo detrás, pero también con la impresión de que algunos ajustes en el equilibrio de sabores permitirían que la cocina brillara con más fuerza.
Porque cuando el cilantro deja espacio al resto de ingredientes, Red Panda demuestra que tiene argumentos suficientes para destacar por méritos propios.