Muy Sibarita, el nuevo sello que quiere reconocer los productos que emocionan más allá de los rankings
En gastronomía abundan las listas, las puntuaciones, los reconocimientos técnicos y las clasificaciones que ordenan qué merece atención y qué no. Pero este miércoles en Madrid se presentó una iniciativa que quiere moverse en otra dirección: poner el foco sobre el producto que emociona, sobre quien lo produce y sobre esa recomendación que no nace de un algoritmo ni de una guía, sino de la experiencia sensorial.
Así nace Muy Sibarita, un nuevo sello gastronómico impulsado por Anne Igartiburu y Sergio M. Crovetto, presentado oficialmente en DSPOT Studio & Events, en Madrid, con una propuesta que se aleja de los modelos tradicionales de certificación gastronómica para abrazar algo mucho más subjetivo, pero también profundamente humano: el entusiasmo por compartir aquello que merece la pena.
El planteamiento es claro. No se trata de distinguir lo más mediático ni de construir un nuevo sistema de jerarquías técnicas. La pregunta aquí es otra: ¿nos ha emocionado?, ¿lo recomendaríamos sin que nos lo pidieran?, ¿hay detrás una historia que merezca ser contada?
Qué es Muy Sibarita y por qué mira al producto antes que al ranking
Lo que se presentó en Madrid no es únicamente un distintivo comercial. Al menos, así se defendió durante el acto. La idea que vertebró buena parte de las intervenciones fue la de reivindicar el trabajo silencioso que existe detrás de cada producto que llega a la mesa.
Porque detrás de un pan, una conserva, una anchoa, una fruta, un aceite o cualquier producto bien hecho no solo hay calidad organoléptica. Hay madrugones, procesos artesanales, conocimiento transmitido, riesgo empresarial y una cadena humana que rara vez ocupa el centro de la conversación gastronómica.
Durante la presentación se recordó una idea clave: la gastronomía y la producción de alimentos son cultura, economía e identidad. Ese quizá sea uno de los elementos más interesantes de Muy Sibarita: su voluntad de desplazar la atención del plato terminado hacia el origen. Del chef al productor. Del reconocimiento visible a quienes sostienen muchas veces desde el anonimato buena parte del prestigio gastronómico de un país.
En un momento en el que el consumidor consulta rankings, recomendaciones digitales y sistemas de valoración para casi cualquier decisión, desde elegir un restaurante hasta decidir qué película ver, el proyecto lanza una pregunta pertinente: ¿por qué no existe un reconocimiento emocional y transversal para los productos?
Un comité evaluador con mirada gastronómica, cultural y humana
Muy Sibarita ha optado además por una fórmula poco habitual. Su comité evaluador no se presenta como un jurado estrictamente técnico, sino como una mesa de perfiles con trayectorias diversas vinculadas a la gastronomía, la cultura, la comunicación y la creatividad.
Entre sus integrantes figuran Anne Igartiburu, Sergio M. Crovetto, Juan Echanove, Poty Castillo, Álvaro Urquijo, Edurne Pasabán, Raúl Pérez, Diego Antoñanzas, Eva Rodrigo, Emilio Folqué, Phil González, Jesús Sánchez, Gabriela Uriarte y Jorge Luengo. La lógica que defienden es sencilla: la capacidad de detectar un producto memorable no pertenece exclusivamente al ámbito técnico. También tiene que ver con la sensibilidad, la experiencia, el contexto y el relato.
Durante el encuentro se insistió en que el proyecto tendrá una vocación viajera y territorial. La idea es que sus miembros actúen como embajadores de sus propias regiones, descubriendo y proponiendo productos que les fascinen desde una relación directa con el territorio y con quienes están detrás de cada elaboración.
Hay en ese enfoque una dimensión casi sentimental: recuperar la lógica del mejor regalo gastronómico. Ese producto que uno descubre viajando, compra con entusiasmo y recomienda al volver porque detrás hay autenticidad, memoria y una persona que merece ser escuchada.
El proyecto también quiso subrayar otro aspecto menos visible pero esencial: la calidad humana. Porque si algo se repitió durante el acto fue que no solo se busca excelencia en el producto, sino también coherencia en quienes lo elaboran.
En esa combinación entre emoción, producto y relato se mueve Muy Sibarita, un sello que nace con la ambición de crecer sin perder ese tono de recomendación cercana, casi íntima, que reivindica frente a los grandes sistemas impersonales de validación.
España, con su diversidad territorial, sus despensas regionales y su potente tejido de pequeños productores, parece terreno fértil para una iniciativa así. Quedará por ver si Muy Sibarita logra consolidarse como una referencia real dentro del ecosistema gastronómico o si se queda en un gesto simbólico. Pero su punto de partida toca una fibra reconocible: la convicción de que algunos productos no solo se prueban; también se recuerdan.