“Me como un bocadillo en la playa”: el nuevo verano del turista español
Los españoles no parecen dispuestos a renunciar a las vacaciones, pero sí a gastar durante ellas como lo hacían antes. El viaje se mantiene; el presupuesto se vigila. Y una de las primeras partidas que acusa ese cambio es la restauración.
La frase lo resume con crudeza cotidiana: “Me como un bocadillo en la playa en vez de gastar en un restaurante”.
La pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento de los alojamientos y la subida del coste de comer fuera están modificando la forma de viajar de muchas familias. No se trata tanto de quedarse en casa como de ajustar la escapada: menos noches, menos hoteles de categoría superior, menos ocio de pago y más comidas preparadas en el apartamento, en la playa o para llevar.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el gasto de los residentes españoles en sus viajes durante el verano de 2025 se situó en 16.298 millones de euros, un 0,1% menos que el año anterior. La cifra apunta a un fenómeno muy concreto: el turismo nacional no desaparece, pero cambia de hábitos. Se viaja, aunque se mide mucho más cada euro.
Vacaciones como prioridad, pero con gasto más controlado
Para Daniel Lacalle, doctor en Economía y profesor de Economía Global y Finanzas, la explicación está en la jerarquía de prioridades. Las vacaciones siguen ocupando un lugar importante en el presupuesto emocional de los hogares españoles. Después de meses de trabajo, muchas familias prefieren ajustar la forma de viajar antes que renunciar por completo al descanso.
El recorte, por tanto, se concentra en las partidas más flexibles. Comer fuera todos los días, elegir hoteles de mayor categoría o prolongar la estancia son decisiones que pasan a revisarse con más cuidado. La escapada se mantiene, pero deja de entenderse como un cheque en blanco.
Los últimos datos de la Encuesta de Turismo de Residentes del INE ayudan a entender esa tensión. En el primer trimestre de 2026, los residentes en España realizaron 33,2 millones de viajes, un 4,4% menos que un año antes. Sin embargo, el gasto medio diario se situó en torno a 95 euros. Es decir: viajar cuesta más, incluso cuando se viaja menos.
Desde el sector hotelero también perciben ese comportamiento. Mayte García, secretaria general de Hosbec, apunta a una demanda nacional todavía sólida, pero más prudente en noches contratadas y en gasto medio durante la estancia. El turista español no abandona los destinos, aunque llega con una calculadora mental mucho más activa.
Restaurantes, hoteles y ocio: dónde se nota el ajuste
El alojamiento es una de las partidas que más pesan en el presupuesto de las vacaciones. Jorge Marichal, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos, considera que muchos viajeros están sustituyendo hoteles de mayor categoría por opciones más económicas o reduciendo directamente la duración de sus vacaciones.
Los precios tampoco ayudan. Según el INE, en mayo de 2026 el Índice de Precios Hoteleros subió un 5% interanual, mientras que los hoteles facturaron 123,7 euros de media por habitación ocupada, un 4,2% más que en el mismo mes del año anterior.
La hostelería nota especialmente el cambio de patrón. Cuando el presupuesto del viaje se estrecha, comer fuera suele ser una de las primeras partidas que se reduce. No significa que el visitante desaparezca de bares y restaurantes, pero sí que mide más: una comida en restaurante, otra en el apartamento; un día de menú, otro de bocadillo; menos sobremesa y más compra en supermercado.
El caso de Daniel García, asesor hipotecario de 26 años citado por El Mundo, funciona como ejemplo de ese nuevo turista nacional. Este verano viajará a Chipiona y Sanxenxo, pero ha descartado alojarse en hotel por considerarlo demasiado caro. Su intención es limitar el presupuesto de restauración a unos 200 euros durante nueve días, sustituyendo parte de las comidas fuera por bocadillos preparados en el apartamento o para llevar a la playa.
La decisión no es anecdótica. Representa una forma de viajar cada vez más extendida: mantener el plan, pero reducir los consumos asociados. El gasto ya no se elimina en bloque; se redistribuye.
El turismo crece, pero el viajero nacional cambia
La paradoja es que el sector turístico español sigue mostrando fortaleza. El turismo internacional continúa ganando peso en muchos destinos y ayuda a compensar la contención del viajero nacional. Para restaurantes, hoteles y destinos, eso significa que la afluencia puede mantenerse alta, aunque el comportamiento de gasto no sea igual en todos los perfiles de visitante.
Exceltur mantiene previsiones positivas para el conjunto del año y sitúa en el 2,5% el crecimiento esperado del PIB turístico en 2026, impulsado en buena medida por la fortaleza de España como destino internacional. Pero esa buena fotografía macroeconómica convive con una realidad más ajustada en muchos hogares.
Ese es el punto central: el turismo puede crecer mientras una parte del viajero nacional ajusta su comportamiento. Más demanda internacional, más precios y más gasto total no significan necesariamente que todas las familias viajen con mayor comodidad. Para muchos hogares, la solución pasa por una economía vacacional de precisión.
La consecuencia para restaurantes, bares, hoteles y destinos es clara. Ya no basta con contar visitantes. Hay que entender cómo gastan, cuánto tiempo se quedan, qué consumen y qué partidas sacrifican primero. El nuevo turista español quiere seguir viajando, pero ha aprendido a proteger su bolsillo. Y cuando toca elegir, muchas veces la renuncia no es la playa, sino la mesa del restaurante.
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