El mapa mundial del enoturismo se definirá en Chile: Santiago acogerá The World’s 50 Best Vineyards 2026

El mapa mundial del enoturismo se definirá en Chile: Santiago acogerá The World’s 50 Best Vineyards 2026

Santiago acogerá The World’s 50 Best Vineyards 2026 en noviembre, un año después de que VIK llevara por primera vez a Chile al número uno mundial.
Santiago de Chile al atardecer con la imagen oficial de The World’s 50 Best Vineyards 2026, que se celebrará en noviembre
Santiago de Chile, sede de The World’s 50 Best Vineyards 2026
Thursday, September 3, 2026 - 11:00

Chile volverá a situarse en el centro del mapa mundial del vino. Santiago acogerá durante la semana del 16 de noviembre The World’s 50 Best Vineyards 2026, que llegará por primera vez al país apenas un año después de que VIK, en el Valle de Millahue, conquistara el número uno mundial. La cita reunirá a la comunidad internacional del vino y el enoturismo para descubrir qué viñedos están definiendo hoy una experiencia capaz de convertir el terroir en paisaje, hospitalidad, gastronomía y emoción.

Durante unos días de noviembre, Santiago de Chile se convertirá en uno de los grandes epicentros internacionales del vino. La capital chilena ha sido elegida para celebrar por primera vez en el país The World’s 50 Best Vineyards, la clasificación que reconoce las experiencias en viñedos y bodegas más destacadas del planeta.

La edición de 2026 se desarrollará durante la semana del 16 de noviembre en colaboración con el Gobierno de Santiago, su Corporación Regional y Grupo Liderazgo. El programa incluirá encuentros, intercambio de conocimiento y actividades destinadas a acercar a los invitados al patrimonio vitivinícola, gastronómico y cultural chileno antes de culminar con la esperada presentación del ranking mundial del 1 al 50.

La elección tiene una lógica difícil de ignorar. Santiago es la puerta de entrada al Valle del Maipo y a algunos de los territorios vitivinícolas más importantes de Chile, mientras la propia región cuenta con más de 40 viñedos abiertos al turismo. Pero existe además un antecedente inmediato que coloca a la edición de 2026 bajo una atención especial: hace menos de un año, Chile alcanzó por primera vez la cima de esta clasificación.

VIK llevó a Chile al número uno y cambió el mapa de los mejores viñedos del mundo

El golpe de autoridad llegó en noviembre de 2025 desde Margaret River, Australia Occidental. VIK fue proclamado The World’s Best Vineyard 2025, convirtiéndose en el primer proyecto chileno en ocupar el número uno de la clasificación y confirmando la evolución de Chile desde gran país productor de vino hacia un destino internacional capaz de competir también en arquitectura, hospitalidad y enoturismo.

La finca, situada en el Valle de Millahue, combina viñedo, una arquitectura reconocible, gastronomía, alojamiento, arte, paisaje y diferentes experiencias alrededor del vino. Esa combinación explica bastante bien qué busca actualmente The World’s 50 Best Vineyards: no determinar simplemente dónde se produce la mejor botella, sino identificar aquellos lugares capaces de hacer que viajar hasta un viñedo merezca por sí mismo el desplazamiento.

Y VIK no fue una excepción aislada. En el Top 50 de 2025 aparecieron también Montes, en el número 10; Almaviva, en el 34; Viu Manent, en el 40; Viña Santa Rita, en el 41; y Casas del Bosque, en el 42. Es decir, seis proyectos chilenos quedaron entre los cincuenta primeros. La clasificación ampliada hasta el puesto 100 añadió además a Clos Apalta, en el número 65, elevando a siete la representación chilena entre los cien mejores destinos vitivinícolas.

Ese resultado convierte la elección de Santiago en algo más que una decisión logística. Chile recibirá a la comunidad internacional del vino después de haber demostrado que posee proyectos capaces de liderar el enoturismo mundial. Y lo hará precisamente cuando diferentes regiones del país están ampliando su oferta de visitas, gastronomía y experiencias. El Valle del Biobío, por ejemplo, ha emergido como uno de los nuevos polos del enoturismo chileno, sumándose a territorios ya consolidados como Maipo, Colchagua, Casablanca o Cachapoal.

The World’s 50 Best Vineyards no busca solo grandes vinos: busca lugares capaces de emocionar

Ahí está una de las claves para entender el alcance de estos premios. The World’s 50 Best Vineyards no es una clasificación basada exclusivamente en la calidad del vino. Su academia está integrada por más de 700 especialistas internacionales vinculados al vino, los viajes, la sumillería y el enoturismo, distribuidos en 20 regiones geográficas. Cada votante selecciona siete viñedos basándose en las mejores experiencias que haya vivido.

No existe una ficha cerrada de puntuación que otorgue tantos puntos al vino, tantos a la arquitectura o tantos al restaurante. La experiencia global es la que manda. Paisaje, gastronomía, actividades, servicio, personal, vistas, ambiente, relación calidad-precio y hospitalidad pueden pesar de manera diferente para cada miembro de la academia.

Eso cambia por completo la forma de entender el concepto de terroir.

Durante décadas, el mundo del vino lo explicó fundamentalmente desde el suelo, el clima, la orientación, la altitud y la relación entre una variedad y el lugar donde crece. El gran desafío contemporáneo del enoturismo consiste en traducir ese concepto abstracto en algo que un visitante pueda realmente sentir: caminar por la parcela, comprender el paisaje, entrar en la bodega, probar el vino donde nace, sentarse a una mesa, descubrir la gastronomía local o incluso dormir rodeado de viñedos.

Es una transformación que se aprecia en numerosos destinos internacionales. Los wine hotels han convertido el alojamiento entre viñedos en una de las expresiones más sofisticadas del turismo gastronómico, mientras cada vez más bodegas incorporan restaurantes, arquitectura, arte, sostenibilidad o actividades de naturaleza a la experiencia tradicional de visita y cata.

Santiago tendrá en noviembre la oportunidad de mostrar precisamente eso. La capital está situada entre los Andes y la cordillera de la Costa y funciona como entrada natural al Valle del Maipo, históricamente vinculado al Cabernet Sauvignon y a algunas de las bodegas más conocidas del país. Desde allí, la cita quiere abrir también una ventana hacia la diversidad de los valles chilenos, sus variedades, sus productos y su gastronomía.

Chile tendrá al mundo del vino mirando hacia dentro

La edición de 2026 tendrá además una particularidad importante: VIK ya no podrá volver a competir por el número uno. Después de ganar en 2025, el proyecto chileno entrará oficialmente en el Hall of Fame de The World’s 50 Best Vineyards, formado por los viñedos que han alcanzado la primera posición y que dejan de ser elegibles en futuras ediciones.

Eso significa que el puesto más alto volverá a quedar abierto. En 2025, detrás de VIK terminaron Schloss Johannisberg, en Rheingau, Alemania, como número dos, y Bodegas Ysios, en Rioja, España, como número tres. En Santiago se conocerá quién toma ahora el relevo.

Antes de revelar los cincuenta primeros, la organización dará a conocer también la clasificación ampliada de los puestos 51 al 100 y estrenará el One To Watch Award, destinado a señalar uno de los proyectos con mayor potencial dentro del panorama internacional.

Pero para Chile, probablemente, el verdadero resultado de la cita no se medirá únicamente en cuántas bodegas nacionales consigan aparecer en la clasificación.

El gobernador de Santiago, Claudio Orrego, ha situado la celebración dentro de una aspiración mayor: avanzar hacia el posicionamiento de la región como una de las grandes capitales del vino y el turismo de Sudamérica. Y el reto consiste precisamente en conseguir que quienes lleguen atraídos por los premios descubran que detrás de una etiqueta chilena existe un territorio mucho más amplio.

Maipo, Colchagua, Casablanca, Cachapoal, Biobío y otros valles permiten hablar de Cabernet Sauvignon y Carménère, pero también de costa, montaña, arquitectura, cocina, productores, paisajes y formas distintas de entender el vino. Esa diversidad convierte el evento en una oportunidad para demostrar que el enoturismo chileno no termina cuando acaba una cata.

En 2025, Chile consiguió algo que no había ocurrido antes: colocar uno de sus viñedos en lo más alto del mundo.

En 2026, el desafío será diferente.

Esta vez Chile no tendrá que salir a explicar su terroir al mundo. Será el mundo quien viaje hasta Chile para experimentarlo.

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