Mecha: vinilos, brasas y una cocina que se escucha en Salesas
Hay restaurantes donde la música acompaña y otros donde forma parte de la arquitectura del lugar. Mecha pertenece al segundo grupo.
Abierto en el número 11 de la calle del Almirante, en pleno barrio de Salesas, el proyecto reúne a Juan D’Onofrio, chef de Chispa Bistró; Lucas Fernández, de Trésde; Álvaro López, antiguo jefe de cocina de Chispa y ahora responsable gastronómico del espacio; y Antonio Chávez, compositor y productor musical al frente de la dirección artística.
La referencia estética y conceptual son los Jazz Kissa japoneses, esos cafés donde escuchar música con atención era casi un ritual. Aquí esa idea se traslada a un restaurante con cocina, coctelería, vino y sonido de alta fidelidad.
Desde el 26 de octubre, Mecha ha dado además un paso más: abre al mediodía y mantiene cocina non-stop, incorporando “Los platos del chef”, una selección de guisos y elaboraciones de cuchara pensadas para ampliar el registro de una carta donde la brasa ya tenía mucho peso.
Una cocina pensada para compartir, aunque no todo se comparte igual de bien
La carta ronda las treinta elaboraciones y se mueve entre pequeños bocados, embutidos, huerta, mar y campo.
En nuestra visita comenzamos con la gilda de pez limón ahumado, una versión, o “no gilda”, como la bautizó nuestro amigo Alberto Lucchini, que funciona bien como punto de partida por frescura y salinidad.
Después llegó el tartar de carabinero curado en mantequilla de cabra Brabander, uno de esos bocados donde la intensidad del producto y la grasa encuentran un equilibrio interesante.
La brocheta de molleja lacada con panur de anchoa mantiene esa línea de sabores intensos, mientras que el salchichón ibérico con hinojo encurtido destacó especialmente por la calidad del embutido, procedente de Salamanca.
Nos gustó mucho el salchichón, aunque esperábamos que el hinojo tuviera una presencia algo más marcada, quizá incluso con semillas, para aportar un golpe aromático más claro.
La girella de pasta fresca rellena de setas con salsa de parmesano resulta sabrosa, aunque su formato no es precisamente el más sencillo cuando la mesa quiere compartirlo todo.
Fuera de carta aparecieron además los primeros boletus de la temporada con yema de huevo en crema y papada, uno de esos platos que recuerdan que la carta de MECHA no está completamente cerrada y que el producto puede introducir cambios sobre la marcha.
La brasa encuentra algunos de los mejores momentos
Uno de los platos que más nos interesaba era el salmonete a la brasa con guiso de rebozuelos.
El pescado llegó con un punto de cocción perfecto: carne jugosa, piel bien trabajada y el sabor profundo que la brasa sabe darle al salmonete cuando se controla bien.
El guiso de rebozuelos, sin embargo, nos convenció menos dentro del conjunto. Estaba bien ejecutado por separado, pero no terminaba de aportar algo necesario al pescado. Dos elementos buenos que juntos no alcanzaban la misma claridad.
Mejor funcionó el steak tartar, con un picante bien medido y ese sabor reconocible de carne madurada. La materia prima procede de Cárnicas Lyo y aquí se nota que el producto no necesita demasiados adornos.
También sorprendieron las carrilleras de jabalí sin guisar con caviar, precisamente por una textura diferente a la que uno espera cuando escucha “carrillera”. Es uno de los platos que mejor resume el juego de Mecha entre producto reconocible y tratamiento menos evidente.
Entre las guarniciones, los pimientos asados y confitados tenían muy buen sabor, aunque llegaron demasiado deshechos. Las patatas fritas y sazonadas, por el contrario, tenían algo que se agradece mucho: ni rastro de exceso de aceite. Les faltaba, eso sí, algo más de sal para terminar de despegar.
Ricardo, el vino y una carta líquida que también quiere tener voz
La parte líquida no funciona aquí como complemento.
Mecha cuenta con una selección que puede alcanzar las 150 referencias, además de una coctelería con 14 cócteles, cuatro de ellos de autor.
Durante nuestra visita, Ricardo, su sumiller, fue construyendo una selección de vinos para acompañar cada uno de los pases.
Y eso es importante en un espacio que quiere jugar a varias cosas a la vez: restaurante, listening bar, barra de cócteles y punto de encuentro musical. La bebida tiene que estar a la altura para que el concepto no se quede únicamente en estética.
El cierre fue el sándwich de barquillo relleno de helado de dulce de leche. Un postre sencillo en apariencia, directo y reconocible, que funciona precisamente porque no intenta complicar el final de la comida.
De la luz del mediodía a los vinilos de la noche
Uno de los puntos fuertes de MECHA es su distribución.
El espacio se divide en tres ambientes: The DJ Room, con unas 20 plazas y la música como protagonista; The Dining Room, con capacidad para unos 25 comensales y una experiencia más centrada en la mesa; y Private Dining, con unas 12 plazas para encuentros más íntimos.
Los tres comparten carta, pero no la misma intensidad sonora.
La apertura al mediodía cambia además la percepción del restaurante. La luz natural suaviza un concepto que por la noche es mucho más envolvente y permite entender Mecha también como restaurante, no solo como bar musical.
El sistema de sonido, desarrollado por Admire Audio, utiliza referencias de equipos cinematográficos históricos y se completa con platos Technics y un mezclador rotatorio VARIA. Aquí la música no está puesta “de fondo”: es parte del proyecto.
Guía Repsol lo ha definido precisamente como algo más que otro hi-fi bar, destacando la unión entre cocina, música y hospitalidad. Puede consultarse aquí su reciente visita a MECHA.
¿Merece la pena Mecha?
Sí, especialmente si se entiende lo que propone.
No es un restaurante convencional al que se le ha añadido una cabina de DJ. La música está pensada desde el principio como parte de la experiencia y la cocina intenta responder a esa misma libertad.
Hay platos que funcionan mejor que otros y combinaciones que todavía podrían encontrar un punto más preciso, pero también hay producto, técnica, una brasa bien manejada y una carta con suficiente personalidad como para querer volver.
El ticket medio se sitúa entre 60 y 70 euros, una cifra coherente con el formato, la propuesta líquida y el tipo de producto.
Las reservas pueden realizarse en la web oficial de Mecha.
En una Madrid llena de conceptos nuevos, Mecha tiene algo que no siempre aparece en las aperturas recientes: una identidad fácil de reconocer. Ahora solo necesita seguir afinando algunos platos para que cocina y música terminen sonando exactamente en la misma tonalidad.