Vinoble 2026 convierte Jerez en la gran capital mundial del vino y la alta cocina
Hay ferias del vino. Y luego están aquellas que funcionan como auténticas declaraciones de identidad. Vinoble pertenece a esa segunda categoría.
Porque no se trata únicamente de un salón profesional dedicado a los vinos nobles, generosos y licorosos. Se trata de una cita que ha conseguido construir un lenguaje propio alrededor de un patrimonio enológico único y que, en su edición de 2026, quiere reforzar más que nunca su conexión con la gastronomía.
Del 30 de mayo al 1 de junio, el Alcázar de Jerez de la Frontera volverá a convertirse en uno de los grandes epicentros internacionales del vino, en una edición especialmente significativa al coincidir con el año en que la ciudad ostenta el título de Capital Española de la Gastronomía.
Y ahí está precisamente una de las claves del nuevo Vinoble: el vino no solo se exhibe, también se cocina, se armoniza y dialoga con la alta gastronomía contemporánea.
Jerez quiere que Vinoble sea mucho más que un salón del vino
La XIII edición de Vinoble llega con una ambición clara: reforzar su papel como escaparate internacional de los grandes vinos nobles mientras amplía su dimensión gastronómica.
La cita reunirá referencias procedentes de ocho países y acreditados de casi 40 estados, con presencia de mercados tan diversos como India, Nigeria, Kazajistán o Canadá, una señal inequívoca de la dimensión global que ha alcanzado el evento.
Además, el salón registra un incremento del 5,2% en el número de inscritos respecto a la edición anterior, un dato especialmente relevante en el actual contexto ferial internacional.
Alta cocina y vinos nobles: la gran apuesta gastronómica de Vinoble 2026
La gran novedad editorialmente hablando está aquí. En plena Capital Española de la Gastronomía, Vinoble refuerza de forma clara su vínculo con la cocina con un programa de maridajes protagonizado por tres nombres fundamentales de Jerez:
- Javier Muñoz (La Carboná)
- Juanlu Fernández (Lu Cocina y Alma)
- Israel Ramos (Mantúa)
Estos encuentros gastronómicos se celebrarán por primera vez en el Patio del Molino y darán forma a diez propuestas de armonía con vinos de Jerez y otras denominaciones andaluzas. La decisión no es menor.
Porque supone reconocer que el futuro de estos vinos también pasa por su capacidad de conversación con la alta cocina actual.
18 catas y grandes nombres internacionales
El programa técnico también crece.
Vinoble 2026 contará con 18 eventos de cata, ampliando la diversidad de contenidos y reforzando su perfil formativo y profesional.
Entre los nombres destacados figuran especialistas de referencia como Juancho Asenjo, que abordará Commandaria, el vino más antiguo del mundo, o Sara Jane Evans, con su propuesta Oro Noble: de la podredumbre a la dulzura pura.
Un programa que consolida a Vinoble no solo como escaparate comercial, sino como foro de conocimiento.
Más internacional, más cómodo y con nuevas dinámicas comerciales
Esta edición incorpora también cambios estratégicos importantes.
Por primera vez, el salón abandona su esquema tradicional de domingo a martes para celebrarse de sábado a lunes, una decisión orientada a facilitar la participación de expositores y visitantes profesionales.
También se han reforzado infraestructuras, accesibilidad y comodidad para participantes, con nuevas carpas exteriores equipadas con tarimas y sistemas de ventilación.
Otra novedad especialmente interesante son las misiones inversas, una herramienta comercial cada vez más relevante que permitirá atraer compradores, distribuidores e importadores internacionales para conocer de primera mano la oferta presente.
Los vinos nobles quieren volver al centro de la conversación
Si algo demuestra Vinoble 2026 es que los vinos generosos, finos, amontillados, olorosos, palos cortados o Pedro Ximénez no están dispuestos a resignarse al nicho.
Jerez quiere volver a colocarlos en el centro del relato gastronómico internacional.
Y hacerlo precisamente desde aquello que mejor domina: hospitalidad, patrimonio, cocina y cultura del vino.
Con el Alcázar como escenario y una ciudad convertida en capital gastronómica, el contexto difícilmente podría ser más favorable.
Porque cuando el vino deja de ser únicamente bebida para convertirse en experiencia cultural, el resultado suele ser mucho más interesante.