Los hermanos Torres cambian las estrellas Michelin por bravas, torreznos y barra de mercado

Los hermanos Torres cambian las estrellas Michelin por bravas, torreznos y barra de mercado

Los hermanos Torres abren Parada Torres en el Mercado de Santa Caterina, una propuesta de cocina popular con alma de bar de barrio y sabor a Barcelona.
Interior de Parada Torres, el nuevo bar de mercado de los hermanos Javier y Sergio Torres en el Mercado de Santa Caterina de Barcelona, con barra central y zona de comedor.
Parada Torres, el nuevo bar de mercado de los hermanos Torres en Barcelona
Thursday, June 4, 2026 - 13:30

Después de conquistar la alta cocina y convertir su restaurante Cocina Hermanos Torres en uno de los grandes templos gastronómicos de España, Javier y Sergio Torres han decidido volver al origen. Pero no con otro restaurante gastronómico ni con una propuesta de lujo frente al mar. Esta vez lo hacen con un bar de mercado, ruidoso, popular, con barra de mármol, guisos, tapeo clásico y precios mucho más accesibles. Se llama Parada Torres y acaba de abrir en el Mercado de Santa Caterina, en Barcelona.

La apertura tiene algo de movimiento estratégico, pero también bastante de deuda emocional. Porque antes de las estrellas Michelin, antes de la televisión y antes de convertirse en dos de los chefs más reconocibles del país, los hermanos Torres crecieron entre barras, platos populares y el bullicio de un bar familiar en el barrio barcelonés de Horta. Ese recuerdo está en el ADN del proyecto y se nota.

El bar que conecta a los Torres con su infancia

En el relato gastronómico de los hermanos Torres, la figura de su abuela Catalina siempre ha ocupado un lugar central. Fue quien les transmitió el amor por la cocina mientras sus padres trabajaban en el bar familiar, el histórico Bar Plaza, un local del que aprendieron no solo recetas, sino también una forma muy concreta de entender la hospitalidad.

Ahora, décadas después, esa memoria reaparece transformada en un proyecto que no busca replicar aquel bar, pero sí recuperar parte de su espíritu. Parada Torres nace precisamente desde ahí: desde la nostalgia, desde la Barcelona de barrio y desde la voluntad de reconectar con una gastronomía mucho más cotidiana, directa y emocional.

Ubicado en el Mercado de Santa Caterina, en pleno casco antiguo de Barcelona, el nuevo espacio suma 440 metros cuadrados, una espectacular barra circular de mármol con capacidad para unas 40 personas y aforo cercano a los 200 comensales, incluyendo comedor y terraza.

No es un pequeño homenaje íntimo. Es una apuesta ambiciosa.

Qué se come en Parada Torres y cuánto cuesta

Lo interesante es que, más allá del nombre y del impacto mediático, el concepto funciona porque la propuesta gastronómica encaja. Aquí no hay artificios: hay cocina reconocible, tapeo bien ejecutado, producto, guisos y platos de mercado.

La carta apuesta por clásicos que conectan rápidamente con el comensal, como la ensaladilla rusa con lubina en escabeche, la esqueixada de bacalao, la escalivada a la brasa, unas croquetas de jamón de bellota, gambas blancas rebozadas o un torrezno de Soria que ya está dando que hablar.

Cuando el hambre aprieta, la propuesta sube de intensidad con platos como el calamar de anzuelo con ajo y perejil, los pinchos morunos de pollo, el pepito de ternera con patatas fritas, además de recetas profundamente reconocibles como el fricandó de ternera o los macarrones del Cardenal gratinados con chorizo picante.

También hay huevos rotos con jamón, tortilla de patatas con cebolla largamente caramelizada y postres clásicos reinterpretados, desde crema catalana o tarta de queso hasta unos llamativos xuixos mini pasados por la brasa con un toque de anís.

Y aquí llega una de las claves: el ticket medio ronda los 35 euros sin bebidas, una cifra que, tratándose de los hermanos Torres y del contexto gastronómico barcelonés, cambia bastante la conversación.

De Eldelmar a una propuesta realmente popular

Cuando Javier y Sergio Torres inauguraron Eldelmar, su proyecto frente al puerto de Barcelona, se habló también de una propuesta más accesible. Pero el ticket medio, claramente superior, seguía situándolo en otro terreno.

Parada Torres sí entra en una categoría mucho más popular o, al menos, considerablemente más cercana a un público amplio que busca buena cocina sin entrar en territorios gastronómicos premium.

Ese matiz es importante porque la apertura no se percibe como una versión simplificada de la alta cocina. Funciona como otra cosa: como un auténtico bar de mercado con músculo empresarial detrás, desarrollado junto a Pantea Group, pero con un lenguaje culinario mucho más cercano al confort gastronómico y al producto reconocible.

Barcelona recupera el valor del bar de mercado

Hay algo especialmente interesante en esta apertura. Barcelona lleva años debatiéndose entre la autenticidad y la presión turística, especialmente en zonas donde algunos espacios históricos han perdido parte de su esencia.

Que una apertura con tanta visibilidad apueste precisamente por reivindicar el modelo del bar de mercado resulta significativo. Más aún en Santa Caterina, un mercado que ha sabido preservar mejor su identidad frente a otros gigantes mucho más tensionados por el turismo.

Parada Torres no es únicamente una apertura gastronómica. También juega con una idea emocional muy poderosa: la del regreso a una Barcelona reconocible, popular y vivida desde la barra.

El bar que debían a Barcelona

Probablemente ahí esté la clave real del proyecto. No en los metros cuadrados, ni en la espectacularidad del espacio, ni siquiera en el nombre de los chefs, sino en el relato.

Después de conquistar la alta gastronomía, Javier y Sergio Torres han decidido mirar hacia atrás para construir algo nuevo. Un lugar donde la técnica no desaparece, pero se pone al servicio de una cocina más directa, más inmediata y más emocional.

Un bar, al fin y al cabo. El que quizá llevaban toda la vida queriendo abrir.

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