¿Por qué hay quien no prueba una cerveza o vino hasta que no ha pasado el Ángelus?

¿Por qué hay quien no prueba una cerveza o vino hasta que no ha pasado el Ángelus?

Durante generaciones, muchas familias españolas esperaron al toque del Ángelus para tomar la primera cerveza, servir el vino o comenzar el aperitivo. Esta tradición popular, más cultural que religiosa, convirtió las campanas del mediodía en una señal para sentarse a la mesa y compartir la comida.
El Ángelus marca la hora del aperitivo
La tradición de esperar al Ángelus para tomar el primer sorbo
Friday, June 5, 2026 - 20:00

Hasta que no pase el Ángelus, no se da el primer sorbo”, decía mi abuelo. En casa, aquella frase se repetía con una naturalidad absoluta. Las aceitunas podían estar sobre la mesa, la cerveza esperando en frío y la botella de vino preparada para el aperitivo pero no se podía comenzar hasta que sonaban las campanas del mediodía. Nadie parecía cuestionarlo. Era simplemente una tradición arraigada.

Durante mucho tiempo pensé que aquella costumbre pertenecía únicamente a mi familia, una de esas tradiciones heredadas que sobreviven sin que nadie recuerde exactamente cuándo comenzaron. Sin embargo, con los años descubrí que la espera al Ángelus formó parte de la vida cotidiana de muchas generaciones de españoles y que, durante siglos, las campanas marcaron mucho más que los horarios de oración.

Hoy resulta difícil imaginarlo. Vivimos rodeados de relojes, teléfonos móviles y avisos constantes. Sin embargo, hubo un tiempo en el que buena parte de la vida social, laboral e incluso gastronómica se organizaba a través del sonido de las campanas. Entre todos esos toques, pocos tuvieron tanta importancia como el Ángelus del mediodía.

Cuando las campanas marcaban la hora de comer

El Ángelus es una oración católica que recuerda la Anunciación y que tradicionalmente se rezaba tres veces al día: al amanecer (6h), al mediodía (12h) y al anochecer (18h). Sin embargo, en la práctica cotidiana de pueblos y ciudades, el toque de las doce acabó adquiriendo un significado que iba mucho más allá de lo religioso.

Durante siglos, especialmente en una España donde los relojes no estaban al alcance de todos, las campanas actuaban como un auténtico reloj público. Indicaban cuándo comenzaba la jornada, cuándo se producía una emergencia, cuándo había una celebración y también cuándo llegaba la hora de regresar a casa para comer.

Para agricultores, artesanos y trabajadores, escuchar el Ángelus significaba que la mañana había terminado. Era el momento de recoger las herramientas, abandonar temporalmente las tareas y reunirse con la familia alrededor de la mesa.

Por eso no resulta extraño que muchas costumbres gastronómicas terminaran asociándose a ese toque. La comida comenzaba cuando sonaban las campanas y, con ella, llegaban también el vino, la cerveza o el aperitivo.

En muchas zonas de España aquel momento coincidía con la llegada a la mesa de algunos de los productos más ligados a la vida cotidiana y a la celebración: aceitunas aliñadas, embutidos, quesos, pan recién horneado, vino de la casa o la cerveza reservada para los días festivos. En las regiones vitivinícolas, el primer vaso de vino acompañaba el inicio de la comida, mientras que en otras zonas el aperitivo se convirtió con el tiempo en una pequeña ceremonia familiar que comenzaba precisamente cuando sonaban las campanas.

La tradición que convirtió al Ángelus en la señal del aperitivo

Una de las dudas más frecuentes cuando se habla de esta costumbre es si existía alguna prohibición religiosa para beber antes del Ángelus. La respuesta es no. La Iglesia nunca estableció una norma que impidiera tomar vino, cerveza o cualquier otra bebida antes del mediodía. Lo que existía era una tradición popular profundamente arraigada en muchos lugares de España, donde el Ángelus servía como referencia horaria y como símbolo del inicio de la comida.

De alguna manera, las campanas funcionaban como la señal colectiva de que había llegado el momento de sentarse a la mesa. Lo que hoy identificamos con la hora del aperitivo estaba entonces marcado por un sonido que todo el pueblo compartía.

La costumbre era especialmente visible durante fiestas patronales, celebraciones familiares, romerías y domingos festivos. No importaba demasiado qué se fuera a beber. Podía ser una copa de vino, una cerveza o un vermú. Lo importante era respetar ese pequeño ritual que marcaba el paso de la mañana al momento de la comida.

Vista desde la actualidad, la tradición tiene algo casi poético. En una época en la que todo sucede de forma inmediata, esperar a que sonaran las campanas para comenzar el aperitivo era también una forma de reconocer que cada momento tenía su tiempo.

La importancia que tuvo el Ángelus en la vida cotidiana fue tal que incluso inspiró una de las pinturas más conocidas del siglo XIX, El Ángelus, de Jean-François Millet. La obra muestra a dos campesinos interrumpiendo su trabajo al escuchar las campanas, una escena que ayuda a entender hasta qué punto aquel sonido marcaba el ritmo de la jornada en buena parte de Europa.

Una costumbre que todavía sobrevive en muchas familias

Aunque la vida moderna ha cambiado radicalmente la relación con los horarios y las tradiciones, la costumbre no ha desaparecido por completo. Todavía hay familias - y yo misma- que recuerdan aquellas frases transmitidas por abuelos y padres, y que siguen asociando el Ángelus con el comienzo del aperitivo o de las reuniones familiares.

No se trata ya de una práctica religiosa ni de una obligación social. Lo que permanece es algo mucho más sencillo: el valor simbólico de la espera.

Quizá por eso esta tradición vuelve a despertar interés en fechas como el Corpus Christi. Durante siglos, el calendario religioso marcó también buena parte del calendario gastronómico español. Las grandes festividades estaban acompañadas por recetas específicas, dulces de convento, vinos compartidos en familia y costumbres que iban mucho más allá de la propia celebración litúrgica. 

No es de extrañar que muchas de estas tradiciones vuelvan a ponerse en valor en un año marcado por la visita del Papa León XIV a España, donde la gastronomía también formará parte de la bienvenida cultural al Pontífice. Conoce: Cómo recibirá España al Papa León XIV a través de la gastronomía.

Puede que hoy ya no esperemos a escuchar las campanas para levantar la copa. Sin embargo, cada vez que alguien recuerda que “hasta que no pase el Ángelus, no se da el primer sorbo”, está manteniendo viva una pequeña parte de la memoria gastronómica de España. Una tradición nacida mucho antes de los relojes digitales, cuando el tiempo se medía por el sonido de las campanas y las celebraciones comenzaban alrededor de una mesa compartida.

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