Cuando cocinar salva vidas: Pepa Muñoz y Óscar Manresa muestran el lado más humano de la gastronomía

Cuando cocinar salva vidas: Pepa Muñoz y Óscar Manresa muestran el lado más humano de la gastronomía

Pepa Muñoz y Óscar Manresa comparten en Auténtica 2026 cómo la gastronomía puede convertirse en una herramienta de ayuda, inclusión y transformación social.
Pepa Muñoz y Nino Redruello en Auténtica 2026
Pepa Muñoz y Nino Redruello en Auténtica 2026
Tuesday, September 15, 2026 - 09:34

Un plato de comida puede ser mucho más que eso. Puede llegar cuando todo lo demás se ha detenido, convertirse en un gesto de acompañamiento o evitar que alimentos en perfecto estado terminen en la basura. Sobre esa capacidad de la gastronomía para generar un impacto más allá del restaurante giró una de las conversaciones de Auténtica 2026, que reunió a Pepa Muñoz y Óscar Manresa moderada por Nino Redruello para hablar de cocina y compromiso social.

La experiencia de los profesionales participantes mostró distintas formas de entender esa responsabilidad: desde la respuesta inmediata ante una catástrofe hasta el aprovechamiento de excedentes alimentarios o la creación de oportunidades para personas en situación de vulnerabilidad.

Para Pepa Muñoz, chef de El Qüenco de Pepa, el contacto con la ayuda humanitaria adquirió una nueva dimensión durante la pandemia. Su participación en World Central Kitchen, la organización fundada por el chef José Andrés, la llevó a involucrarse en diferentes emergencias y a comprobar que, cuando ocurre una catástrofe, hay una necesidad que no puede esperar.

“La gente tiene que comer hoy, no mañana”, señaló durante el encuentro.

World Central Kitchen trabaja junto a productores, negocios y profesionales locales para organizar el suministro y distribución de alimentos en las zonas afectadas. Un modelo que ha permitido movilizar grandes cantidades de comida en incendios, inundaciones y otras emergencias.

Cocinar también es cuidar

La experiencia sobre el terreno ha dejado en Muñoz recuerdos difíciles de olvidar. Uno de ellos tiene como protagonista a una adolescente que, durante la pandemia, acudía a recoger comida para su familia. Otro, a un niño que llevaba meses sin poder ver el mar debido a un tratamiento contra la leucemia.

Cuando finalmente pudo volver a la playa y sentarse en un restaurante, le preguntaron qué quería comer. Pidió unos macarrones con tomate. “Las mejores macarrones de su vida”, recordó la chef al explicar el impacto que tuvo aquel momento.

Para Muñoz, estas experiencias demuestran que alimentar también significa acompañar. El plato se convierte en una forma de acercarse a alguien que está atravesando una situación límite y hacerle sentir que no está solo.

Esa atención alcanza también a quienes trabajan en las propias emergencias. Bomberos, cuerpos de seguridad y otros profesionales pueden pasar horas en las zonas afectadas sin que nadie repare en sus propias necesidades. Llevarles comida o agua es, en ese contexto, otra forma de cuidar.

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Óscar Manresa: convertir el excedente en alimento

La experiencia de Óscar Manresa parte de otra realidad: qué ocurre con la comida que sobra y todavía puede alimentar.

Durante la pandemia, el chef comenzó a participar en iniciativas para llevar comida a hospitales, asociaciones y personas que no podían salir de sus casas. Aquella experiencia le hizo recuperar además un recuerdo familiar: el esfuerzo de su madre para conseguir que nunca faltara un plato de comida en casa.

De ahí surgió un proyecto que terminaría articulándose a través de la Fundación Catalina, con iniciativas destinadas a personas en situación de vulnerabilidad.

Una de ellas trabaja directamente sobre el desperdicio alimentario. En los centros educativos detectaron que una parte de la comida preparada no llega a consumirse. En lugar de desecharla, los alimentos se envasan, etiquetan y congelan para posteriormente distribuirlos a través de organizaciones sociales.

El proceso es sencillo, pero el resultado tiene un impacto directo: alimentos que iban a terminar en la basura acaban formando parte de la alimentación de familias que los necesitan. El proyecto incorpora además cursos de cocina para personas en situación administrativa irregular, utilizando la gastronomía no solo para alimentar, sino también para abrir puertas.

De pequeñas acciones a proyectos con continuidad

Una de las cuestiones que surgió durante la conversación fue precisamente cómo conseguir que la solidaridad deje de depender de acciones puntuales.

Los participantes defendieron la necesidad de organizar y profesionalizar estos proyectos para que puedan mantenerse en el tiempo. La experiencia de World Central Kitchen vuelve a ser significativa en este sentido: en una emergencia no basta con tener voluntad de ayudar; hay que saber cocinar, trabajar con grandes cantidades, garantizar la seguridad alimentaria y actuar con rapidez.

“Hay que cocinar como si fuera para ti”, afirmó Pepa Muñoz.

También las empresas pueden encontrar fórmulas para implicarse. Entre las iniciativas planteadas aparecen actividades de team building vinculadas a la producción de alimentos para personas necesitadas. La empresa participa en la actividad, genera recursos para la fundación y, al mismo tiempo, contribuye a producir alimentos que tendrán un destino social.

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Una industria capaz de movilizar recursos

La gastronomía cuenta, además, con una ventaja que puede resultar decisiva en situaciones de emergencia: su propia red.

Restaurantes, cocineros, productores, proveedores y empresas mantienen conexiones que permiten localizar rápidamente alimentos y otros recursos. A ello se suma la capacidad de comunicación de determinados profesionales, que pueden utilizar sus redes sociales para poner en contacto a quienes quieren ayudar con quienes necesitan esa ayuda.

«Nosotros no podemos hacer todo, pero sí podemos conectar», se planteó durante la conversación.

En un escenario marcado por incendios, fenómenos meteorológicos extremos y otras situaciones de emergencia, esta capacidad de respuesta adquiere cada vez mayor importancia. La preparación, explicaron, debe comenzar antes de que llegue la crisis.

La cocina como punto de encuentro

Las historias compartidas en Auténtica 2026 ponen de manifiesto una idea que atraviesa todas estas iniciativas: la gastronomía tiene una capacidad de transformación que va mucho más allá de la experiencia en un restaurante.

Puede alimentar a quienes lo han perdido todo, recuperar comida que iba a desperdiciarse, ofrecer formación o simplemente devolver durante unas horas la posibilidad de sentarse a una mesa y disfrutar de una comida.

  • En todos los casos, la cocina mantiene su esencia: trabajar con alimentos para crear algo que se comparte. La diferencia está en quién se sienta al otro lado de la mesa.

Y ahí es donde, para estos profesionales, cocinar adquiere otra dimensión: también puede ser una manera de cuidar.

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