El Mentridano Blanco 2023, el vino que abrió a Lorenzo Rodrigues un mundo nuevo

El Mentridano Blanco 2023, el vino que abrió a Lorenzo Rodrigues un mundo nuevo

Lorenzo Rodrigues elige El Mentridano Blanco 2023, una Garnacha Blanca de Gredos con pieles, 93 Parker y una historia ligada a quien le descubrió el vino.
Lorenzo Rodrigues, jefe de rango en Amazónico Madrid, catando una copa de vino junto a la bodega del restaurante
Lorenzo Rodrigues protagoniza Un vino, Un sumiller con El Mentridano Blanco 2023
Friday, September 18, 2026 - 10:00

Esta semana en Un vino, Un sumiller llegamos hasta Amazónico Madrid para descubrir El Mentridano Blanco 2023 junto a Lorenzo Rodrigues. Una Garnacha Blanca de Vitícola Mentridana con maceración de pieles, apenas 11,5% de alcohol y una personalidad que Lorenzo resume en tres palabras: electricidad, terruño y elegancia. Pero, sobre todo, es una botella unida a Alexis, la persona que le abrió las puertas de un mundo del vino del que ahora ya no quiere salir.

Hay vinos que se recuerdan por una puntuación, una añada o una bodega. Y otros que quedan unidos para siempre a una persona.

Para Lorenzo Rodrigues, jefe de rango en Amazónico Madrid y recién formado como sumiller por la Cámara de Comercio de Madrid, El Mentridano Blanco 2023 pertenece claramente al segundo grupo.

“Este vino significa cercanía con el mundo del vino. Me lo recomendó uno de los encargados, que fue quien me metió en este mundo. Creo que es un vino diferente, especial, y quería sacarlo en Un vino, Un sumiller y también hablar de Alexis, que fue la persona que me metió en el mundo del vino, mi maestro en este mundo”.

La historia de Lorenzo con el vino no comenzó entre viñedos ni dentro de una familia dedicada a la sumillería. Cuando llegó a España empezó en hostelería como camarero. Trabajó principalmente en un hotel en Asturias, aprendió a escanciar sidra en distintos bares, pasó temporadas de verano trabajando en la costa valenciana y finalmente llegó a Madrid.

Fue entonces cuando entró en Grupo Cañadío y empezó a aparecer una curiosidad que todavía no sabía hasta dónde iba a llevarle. Un día le regalaron una entrada para asistir a una cata.

“Me enamoré de muchísimos vinos”.

Sin embargo, fue al llegar a Amazónico Madrid cuando aquella curiosidad empezó realmente a convertirse en conocimiento. Aprendió más sobre hospitalidad, comenzó a catar con mayor frecuencia, a vender vino, a leer sobre él y a preguntar constantemente.

Entre aquellas preguntas había una que repetía: si sería demasiado difícil hacer el curso de sumiller.

Hasta que, apenas una semana antes de comenzar la formación, la head sommelier le preguntó directamente:

“¿Quieres hacerlo?”

Lorenzo no necesitó tiempo para decidir.

Le dije que sí directamente, sin pensarlo. Cuando dicen que el autobús pasa una vez, hay que montarse”.

Hoy ha terminado ya el curso de Sumiller de la Cámara de Comercio de Madrid, aunque tendrá que esperar hasta octubre para recibir oficialmente el título. Mientras tanto continúa trabajando como jefe de rango en Amazónico y aprovechando la sala para hacer una de las cosas que más le interesan ahora: dar visibilidad a los vinos diferentes y especiales que forman parte de la carta y el Mentridano Blanco 2023 es uno de ellos.

vino
El Mentridano Blanco 2023 

Garnacha Blanca con pieles: electricidad, terruño y elegancia

El Mentridano Blanco 2023 es el primer blanco de Vitícola Mentridana y está elaborado exclusivamente con Garnacha Blanca procedente de viñas jóvenes de alrededor de diez años, plantadas sobre los característicos suelos arenosos de granito de Méntrida.

Su graduación es especialmente contenida: 11,5% vol. Esa ligereza alcohólica contribuye a uno de los rasgos que Lorenzo más valora en el vino: su frescura y facilidad de trago.

Pero su elaboración se aleja de la idea más convencional de un vino blanco.

La Garnacha Blanca realiza una maceración con sus pieles, responsables en buena medida de su particular tonalidad dorada, además de aportar textura, estructura y un perfil aromático más complejo. Posteriormente fermenta y se desarrolla entre acero inoxidable y hormigón y completa la fermentación maloláctica.

La añada 2023 fue, además, la primera experiencia de la casa con este blanco y sirvió para experimentar con diferentes tiempos de maceración.

En el vino aparecen notas de mostaza, cítricos y humo, acompañadas por un marcado componente mineral, un punto salino y una frescura que atraviesa el conjunto. Es original, equilibrado y con una personalidad difícil de confundir.

Si tuviera que definirlo únicamente con tres características serían: “Electricidad, terruño y elegancia”.

Por su contacto con los hollejos, Lorenzo considera que puede acercarse al concepto de blanco brisado: un vino elaborado con variedades blancas que permanece en contacto con las pieles, adoptando una lógica similar a la de la elaboración de un tinto.

Ese contacto puede modificar no solamente el color, sino también la textura, los aromas e incluso aportar una discreta sensación tánica.

El Mentridano Blanco 2023 ha despertado además el interés de la crítica internacional: The Wine Advocate le otorgó 93 puntos Parker. No tiene por ahora un premio entendido como trofeo o galardón de concurso, pero esa valoración sitúa a su primera añada entre los vinos más interesantes del proyecto.

La elección conecta además con una denominación que ya ha aparecido anteriormente en esta sección. En Un vino, Un sumiller descubrimos La Viña Escondida 2020 de la mano de Alberto Fernández Bombín, otra interpretación de la Garnacha y del granito de la D.O.P. Méntrida.

Vitícola Mentridana: de Dani Landi a Curro Bareño, el renacimiento de Gredos sur

Para entender El Mentridano Blanco hay que mirar hacia el norte de la provincia de Toledo, muy cerca de los límites con Ávila y la Comunidad de Madrid y bajo la influencia de la Sierra de Gredos.

Vitícola Mentridana es un proyecto relativamente reciente en su configuración actual, pero sus raíces se remontan mucho más atrás.

La historia está estrechamente ligada a Daniel Jiménez-Landi, uno de los grandes pioneros de la reinterpretación contemporánea de la Garnacha de Gredos. Su familia llevaba generaciones cultivando viñedos en Méntrida y buena parte de aquellas uvas terminaban históricamente en las cooperativas de la zona.

A comienzos de los años 2000, Dani Landi decidió recorrer otro camino desde El Real de San Vicente, en el Valle del Alberche. Empezó a recuperar viejas parcelas de Garnacha de entre 40 y más de 60 años, muchas plantadas sobre empinadas laderas y suelos graníticos.

De aquel trabajo surgieron nombres que terminarían convirtiéndose en referencias de culto como Las Uvas de la Ira y Cantos del Diablo.

Aquellos vinos contribuyeron a cambiar la imagen de la zona: frente a una Garnacha potente, madura y concentrada, aparecieron tintos más fluidos, florales, de menor extracción, frescos y elegantes, hasta el punto de que algunos aficionados comenzaron a establecer comparaciones estilísticas con Borgoña.

Con el tiempo, Landi decidió concentrar buena parte de sus esfuerzos en Comando G, el proyecto que comparte con Fernando García. Y para continuar el trabajo de sus viñedos en Méntrida confió en alguien a quien conocía desde mucho antes de convertirse en una figura del vino: Curro Bareño.

Amigo de la infancia de Dani y criado también en el entorno de Gredos, Bareño llegaba con una importante trayectoria detrás gracias a su trabajo en Fedellos do Couto, uno de los proyectos protagonistas de la nueva mirada sobre la Ribeira Sacra.

En 2021 tomó las riendas del día a día de los viñedos de Méntrida y el proyecto quedó configurado como Vitícola Mentridana, junto a Dani Landi y otros socios. El objetivo era dar a aquellas parcelas una identidad propia y separada de Comando G.

Actualmente el proyecto trabaja alrededor de 15 hectáreas de viñedo, principalmente Garnacha tinta, a las que se suman otras variedades y parcelas familiares de Bareño. Muchas de las cepas tienen entre 40 y más de 70 años, aunque las Garnachas Blancas utilizadas para El Mentridano Blanco son mucho más jóvenes.

Los viñedos se sitúan aproximadamente entre 600 y 900 metros de altitud y descansan sobre suelos fundamentalmente arenosos de origen granítico. El clima continental, condicionado por la Sierra de Gredos, y la altitud permiten preservar una frescura que se ha convertido en una de las señas de identidad de esta nueva generación de productores.

La filosofía pasa por una viticultura sostenible, artesanal y de mínima intervención, con una clara sensibilidad hacia prácticas orgánicas y biodinámicas. En bodega se trabaja con levaduras indígenas y recipientes diferentes según las necesidades de cada vino: hormigón, acero inoxidable, grandes foudres o demi-muids de madera usada.

La idea es sencilla: que la elaboración no tape la fruta ni la mineralidad del granito.

La D.O. Méntrida tiene, sin embargo, mucha más historia que esta nueva generación. Su constitución oficial se remonta a 1976, por lo que en 2026 celebra cincuenta años, pero el propio Consejo Regulador conserva referencias al cultivo de viñedos en la comarca desde el siglo XII.

En los últimos años, Méntrida ha vivido una transformación profunda gracias a viticultores empeñados en recuperar parcelas históricas y demostrar que Gredos no es únicamente un territorio de potencia, sino también de frescura, finura y expresión mineral.

La historia de Vitícola Mentridana resume bien ese movimiento: amigos de infancia, viñas antiguas, granito y una generación que decidió que aquellas cepas merecían algo más que desaparecer o terminar diluidas en grandes producciones.

Ese mismo Gredos contemporáneo ha aparecido también en otras entregas de la serie, como La Virgen de Agosto, la Garnacha que Alejandro Leal eligió por su ligereza y frescura.

El vino naranja de Alexis, Calypso y un hamachi en Amazónico

El Mentridano tiene todavía otra historia detrás. Y probablemente sea la que mejor explique por qué Lorenzo ha elegido precisamente esta botella.

Un día estaba trabajando junto a Alexis, maître de servicio de Amazónico y la persona a la que considera su maestro en el mundo del vino.

Alexis sirvió en la barra un blanco con un color que llamó inmediatamente su atención.

Vi que servía un vino blanco con un color peculiar y le pregunté porque parecía como naranja, o eso creía yo. Y me dice tal cual: ‘Te presento a los vinos naranjas’. Y wow, ahí entré en el hueco”.

Alexis le explicó que aquella tonalidad estaba relacionada con el contacto del vino con las pieles y que también podía hablarse de un blanco brisado.

Para alguien que todavía estaba descubriendo el verdadero tamaño del universo vinícola, aquello abrió una puerta.

Me preguntaba a mí mismo cómo había tanta amplitud en el mundo del vino”.

Después llegaron los estudios y también la perspectiva histórica.

Los llamados orange wines no son una tendencia inventada en la última década. La elaboración de vinos blancos fermentados con sus pieles tiene raíces antiquísimas y está especialmente asociada a Georgia, donde la tradición de utilizar recipientes de barro llamados qvevri se remonta a miles de años.

Lo moderno es el nombre. La expresión orange wine comenzó a utilizarse en 2004, cuando el comerciante británico David Harvey acuñó el término para definir de una forma sencilla estos blancos elaborados con las pieles como si fueran tintos.

Desde aquel día con Alexis, Lorenzo no ha podido dejar de mirar hacia ese universo.

Ahora no dejo de pensar en ellos y quiero probarlos todos. Mientras más natural, mejor. Hay gente que les tiene manía, pero a mí me encantan. Mientras más diferentes, mejor”.

El Mentridano Blanco 2023 conecta directamente con aquella curiosidad: no porque tenga que encajarse obligatoriamente en la expresión más extrema de un orange wine, sino porque su contacto con las pieles representa precisamente esa manera diferente de entender un vino blanco que un día hizo que Lorenzo quisiera saber más.

Y entonces llegan las tres preguntas con las que en Un vino, Un sumiller dejamos durante un momento de hablar de técnica.

Si este vino fuera una canción, ¿cómo sonaría?

Lorenzo lo tiene claro: “Sonaría como Calypso, de Guitarricadelafuente. Tiene esa voz rasgada que me lleva al verano. Esa voz es como una montaña rusa y va especialmente bien con este vino”.

La comparación encaja con la propia botella: un vino que parece ligero, pero va cambiando en boca, con acidez, textura, salinidad y pequeños giros aromáticos.

¿Con qué personaje famoso compartiría una botella?

También aquí la respuesta sale rápido; François Chartier.

Es esa persona que me ha inspirado a irme hacia vinos diferentes y hacia esos maridajes. Creo que es la persona ideal para disfrutar de una botella”.

Chartier está estrechamente vinculado al estudio del maridaje molecular, una forma de abordar la armonía entre vino y comida a partir de los compuestos aromáticos que comparten determinados ingredientes y bebidas. Y esa influencia explica perfectamente el último elemento.

Para el maridaje, Lorenzo se queda en Amazónico y elige su usuzukuri de hamachi: un fino corte de pez limón acompañado de calamansi, tomates cherry con salsa de shiso verde y un toque de soja.

Me arriesgo porque me inclino un poco hacia el maridaje molecular. Este vino tiene ciertas moléculas que hacen un maridaje perfecto con las moléculas que también encontramos en ese plato”.

La elección tiene lógica incluso sin entrar en un laboratorio. La salinidad y frescura del vino se encuentran con el carácter marino del hamachi; sus notas cítricas conectan con el calamansi; la parte vegetal encuentra un puente con el shiso y la textura que proporcionan las pieles permite al vino soportar la intensidad de la soja. Electricidad, terruño y elegancia frente a cítricos, pescado, hierbas y umami.

Pero quizá lo más importante de El Mentridano Blanco 2023 no esté en esa combinación ni en sus 93 puntos Parker. Está en una barra, en Alexis sirviendo un vino de un color que Lorenzo no terminaba de comprender. En aquella primera cata que alguien le regaló. En Asturias escanciando sidra, los veranos de la costa valenciana, Cañadío, Amazónico y una pregunta formulada apenas una semana antes de comenzar el curso de sumiller.

“¿Quieres hacerlo?” Dijo que sí. Y hoy una Garnacha Blanca de Méntrida sirve para recordar por qué.

Porque algunas botellas no solo nos enseñan qué vinos nos gustan. Nos enseñan todo lo que todavía nos queda por descubrir.

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